Este pueblo de San Luis es considerado uno de los más lindos del país y atrae cada vez más turistas
Hay lugares que parecen detenidos en el tiempo, pero no por falta de progreso, sino por una decisión política y estética que hoy los pone en primera línea del turismo mundial. Olvidate de las playas de Brasil o las montañas de Perú porque, La Carolina, un rincón que hasta hace poco era el secreto mejor guardado de San Luis, fue coronado por la Organización Mundial del Turismo (OMT) como uno de los pueblos más lindos de Sudamérica.
Este pueblo mantuvo sus calles de piedra y su mística minera, logrando un equilibrio entre el turismo masivo y la preservación ambiental que dejó con la boca abierta a los inspectores internacionales en Uzbekistán.
¿Por qué La Carolina es el pueblo de turismo más premiado de Argentina?
En el concurso Best Tourism Villages, donde compitieron más de 60 países, La Carolina se plantó frente a destinos consolidados como Villa Traful o Gaiman y les ganó de mano. El criterio de la OMT dejó en claro que no alcanza con tener un paisaje lindo, tenés que demostrar que tu comunidad vive del turismo sin destruir el lugar.
Ubicado a 1600 metros sobre el nivel del mar, este enclave puntano se quedó con el puesto 12° a nivel regional, siendo el número uno de Argentina en esta edición. Lo que valoraron los expertos fue la capacidad de integrar la historia —esa que arrancó en 1792 con el virrey Marqués de Sobremonte— con un presente sustentable. Es un pueblo que entendió que su mayor activo no es el oro que quedó en las minas, sino el silencio, el aire puro y esa arquitectura colonial que te hace sentir en una película de época.
¿Qué secretos esconde este pueblo para atraer tanto turismo internacional?
Entrar a La Carolina es como cruzar un portal. Las calles son angostas, empedradas, y están custodiadas por casas de piedra con tejados que aguantaron décadas de inviernos serranos. Pero el verdadero imán para el turismo es su pasado febril. A fines del siglo XVIII, la zona vivió una "fiebre del oro" que marcó su ADN para siempre.
Hoy, aunque la minería a gran escala es cosa del pasado, la actividad sigue viva de forma artesanal. Los visitantes no vienen solo a mirar, vienen a meter los pies en el Río Amarillo. Es una experiencia casi mística, podés intentar extraer oro de la misma forma que lo hacían hace doscientos años. El pueblo ofrece esa autenticidad que no se compra con marketing.
¿Cómo llegar al pueblo que revolucionó el turismo en las sierras puntanas?
Si ya estás armando el bolso, tenés que saber que llegar no es un trámite, pero el camino es parte de la aventura. Desde la Ciudad de Buenos Aires son unos 800 kilómetros por la Ruta Nacional 7. Una vez que llegás a la capital de San Luis, la aventura empieza en serio por la Ruta Provincial 9.
El trayecto hacia el norte te lleva por localidades como El Volcán y El Trapiche, subiendo por el Valle de Pancanta. A medida que ascendés, el paisaje se vuelve más rústico y el aire más fino. Es un viaje ideal para los que disfrutan de manejar con la ventanilla baja y la cámara de fotos a mano. La Carolina aparece a los pies del cerro Tomolasta, como un oasis de piedra en medio de la inmensidad de las sierras. Para el turismo que llega desde Mendoza, la distancia es mucho menor, apenas 330 kilómetros, lo que lo convierte en la escapada perfecta de fin de semana largo.
¿Qué actividades ofrece este pueblo de turismo para los amantes de la aventura?
No todo es caminar despacio y sacar fotos a las fachadas. La Carolina es un parque de diversiones natural. Los recorridos guiados por las antiguas minas de oro son el plato fuerte. Entrar a los socavones, sentir el frío de la roca y escuchar las historias de los mineros es algo que te pone la piel de gallina.
Pero si lo tuyo es la superficie, el pueblo tiene opciones para todos los gustos:
- Senderismo y Rappel: las paredes de las sierras puntanas son el escenario ideal para los que buscan adrenalina;
- Gruta Inti Huasi: a pocos kilómetros se encuentra esta joya arqueológica, una caverna natural que fue refugio de pueblos originarios hace miles de años. Es, sin dudas, uno de los sitios prehistóricos más importantes del país;
- Cultura y Letras: para los que prefieren un plan más intelectual, el Museo de la Poesía —ubicado en la casa natal de Juan Crisóstomo Lafinur— es una parada obligatoria. Lafinur era el tatarabuelo de Jorge Luis Borges.