Zeta Bosio o cómo es el costado gourmet de un ciudadano del mundo

Detrás de las bandejas o con su bajo a cuestas, acumuló millas y pudo recorrer gran parte del mundo. Vivencias y anécdotas de un tipo inquieto
Por Juan Diego Wasilevsky
VINOS & BODEGAS - 24 de Octubre, 2013

"Había perdido mi costumbre de cocinar y sorprender a los demás. Tal vez por el ritmo que siempre tuvo mi vida, por vivir de gira en gira. No necesitaba tener mucho espacio y no siempre tenía algo en la heladera", resume Zeta Bosio, quien de un tiempo a esta parte, asegura haber recuperado su pasión por la cocina y los sabores que lo marcaron de chico. 

Y parte de este cambio está muy vinculado con su decisión de instalarse en Escobar, rodeado por un gran jardín, pero también por pequeños productores que le vuelven a dar sentido a esos sabores de la infancia.

"Toda esta zona tiene una particularidad y es que me estoy reencontrando con cosas que hacía muchos años había perdido. Acá los tomates, por ejemplo, tienen ese sabor único e inconfundible a tomate que uno en general ya no encuentra. La verdura, la fruta... todo tiene el sabor de los años sesenta, es como un regreso a las fuentes", recalca con entusiasmo uno de los músicos del rock más reconocidos y respetados del ambiente.

Como parte de este proceso introspectivo, de esa nueva atmósfera que logró tejer en la zona norte de la provincia de Buenos Aires, Zeta también le dedica varias horas al día a su bajo, instrumento gracias al cual pudo recorrer gran parte del mundo y que le imprimió el ritmo y los graves a Soda Stereo, la banda que a su vez le marcó el pulso pop a las décadas del ´80 y ´90.

"Estoy tocando mucho el bajo y también cocinando", resume, para luego trazar un paralelismo entre su rol como dj y su pericia tras los fuegos: "Pienso que los dj´s en general pueden ser muy buenos cocineros. Además de la técnica, mucho pasa por la sensibilidad, por combinar ingredientes, saber interpretar al otro y hacer todo para sorprenderlo".

Y en su rol de dj, Zeta volvió a ser convocado por la reconocida marca de whisky escocés Ballantine´s para lanzar una novedosa aplicación que combina imágenes y sonidos: Loud Blue.

La misma permite convertir fotos en música mediante un algoritmo que "interpreta" el sentido musical de las imágenes que cargan los usuarios. Así, escenas luminosas derivarán en sonidos más agudos, en tanto que fotos más oscuras generán tonos más graves, entre otros parámetros.

A partir de todos los sonidos cargados en Loud Blue, Zeta será el responsable de seleccionar los mejores sonidos y crear un track que se transformará en una suerte de single de la marca.

"Esta movida que estamos promocionando en estos momentos me resulta muy interesante. El año pasado lanzamos una acción pero más pensada para productores. En esta oportunidad tratamos de que sea abierto a todo el mundo", destaca el músico, quien asegura que no es casual su vinculación con el mundo del whisky.

"Esta bebida la fui descubriendo con los años. Y siempre participé de catas guiadas con maestros que te van guiando y mostrándote distintos estilos y de diferentes partes del mundo", explica Zeta, quien agrega que algunas de las mejores experiencias las tuvo cuando viajó a Escocia, de la mano de su programa Rock Road, el cual se emitió a lo largo de tres temporadas y que lo llevó a presenciar algunos de los mejores conciertos de Europa.

En el mundo de las bebidas, su gran pasión también es el vino, un sello indeleble de su sangre italiana.

"Considero que tengo una suerte de master en enología, porque mis padres son italianos y el vino siempre formó parte de la cultura familiar. De hecho, los vinos que se consumían en mi casa durante décadas fueron los que elaborábamos nosotros mismos", relata Zeta, quien recuerda los momentos en que, de chicos, "a mi hermano y a mí nos hacían meter en las bordelesas para lavarlas y enjuagarlas y poder volver a llenarlas".

Por aquellos años, compraban uvas de Mendoza y elaboraban el vino en su casa de San Fernando, donde contaban con máquinas y toneles que les permitían tener una buena producción para abastecer a la familia.

"Con la práctica aprendí muchísimo sobre métodos de elaboración, conocí a fondo todo el proceso de fermentación, siempre probábamos muestras de tanque, que estaban en plena elaboración. Fue una experiencia increíble", se entusiasma el músico.

Los efectos de su herencia italiana no termina ahí: en ese país europeo actualmente vive su hermana y todavía tiene algunos familiares.

"Viajé mucho y cada tanto visito Italia y sigo disfrutando mucho de los vinos blancos que se hacen en el pueblo de la familia, en el valle del Río Po", acota.

Consultado por Vinos & Bodegas iProfesional sobre sus variedades o estilos de vinos predilectos, Zeta destaca que "si bien la cepa que más marketing tiene es el Malbec, me gustan mucho los Pinot Noir, que los fui descubriendo por Estefanía -su mujer-, ya que a ella le gustan los vinos suaves y bien frutados".

Zeta recuerda sus tiempos con Soda Stereo y asegura que fue en Chile, durante algunas de las largas giras, donde descubrió algunos vinos blancos de alta gama. Incluso, asegura que en el país trasandino "han logrado una calidad en blancos difícil de igualar en la Argentina".

"Chile tuvo un despertar temprano en el negocio internacional del vino y contrataron asesores externos desde hace muchos años. Lograron una muy buena calidad en un período muy corto de tiempo", reflexiona el músico. 

En este redescubrimiento de sabores de la infancia y en un entorno más natural, lejos de la urgencia que la ciudad le imprime al ritmo de vida, Zeta asegura estar planeando reflotar la bodega familiar: "Nos quedaron todas las máquinas... con mi hermano estamos viendo si compramos uvas y hacemos una producción para disfrutarla nosotros". 

Respecto a su costado foodie, Bosio destaca el hecho de haber tenido la suerte de haber probado y seguir conociendo la gastronomía de gran parte del mundo. Sin embargo, a la hora de elegir, uno de sus destinos culinarios favoritos es México.

"Me gusta mucho ese país. Me manejo muy bien por sus calles y lo disfruto", destaca, para luego asegurar que "un lugar que no puedo dejar de visitar cada vez que voy es Guadalajara, por su gente y su muy buena gastronomía".

En la tranquilidad de Escobar, Zeta asegura estar recuperando algo de ese tiempo y esos sabores que a veces no se llevan tan bien con las giras y la vida agitada de un músico y artista de proyección internacional.

"Los tanos tienen una cultura gastronómica interesante. Pero lo mejor es fusionar eso con la cultura propia de la Argentina. En esa fusión está la clave", reflexiona.

Entre las últimas comidas que preparó destaca una pizza de tres pimientos que le hizo a su hijo Jaime, así como también el asado, "¡pero bien hecho, eh! Sellándolo perfectamente, dándole su tiempo", aclara, como reivindicándose de años de giras en las que, si bien hubo espacio para la buena gastronomía, también hubo mucho fast food, por una cuestión de velocidad y practicidad.

"Hoy si hay algo que no puedo comer son las hamburguesas de los festivales. Esa es una de las pocas comidas que no disfruto y que rechazo. Sin dudas prefiero quedarme con hambre antes de volver a comer eso", concluye. 

Por Juan Diego Wasilevsky - Editor Vinos & Bodegas iProfesional - vinosybodegas@iprofesional.com 

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