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El precio de una hectárea en Gualtallary ya triplica al de otras zonas de Mendoza

El precio de una hectárea en Gualtallary ya triplica al de otras zonas de Mendoza
Es una microrregión que hace tiempo permite alumbrar vinos de clase mundial y que conquista cada vez a más enólogos. Comparativo de precios
Por Juan Diego Wasilevsky
06.02.2019 19.53hs Vinos & Bodegas

"Los vinos de Gualtallary son más impetuosos, tiene una personalidad como la de un volcán", reflexiona el gran enólogo italiano Alberto Antonini, uno de los artífices del despegue de los vinos de Valle de Uco en el plano internacional.

Si algo está claro es que Gualtallary cautiva y apasiona a los enólogos que elaboran vinos en ese terroir. Y las características que en general allí se logran, muy diferentes de las de otras zonas tradicionales de Mendoza, trazan una línea divisoria.

Y esa línea también divide a los consumidores. De un lado, están quienes aman el filo, la "electricidad", la textura rugosa y la acidez. Todas estas, características que conforman una suerte de marca indeleble del terruño, especialmente en las zonas de Gualtallary más altas y con más contenido de calcáreo. 

En la vereda de enfrente están quienes prefieren vinos más golosos y jugosos, así como los taninos más amables y redondos, patrones que responden a otras zonas, como Luján de Cuyo o Maipú. 

Más allá de esta pulseada, está claro que Gualtallary se ha convertido en el gran hotspot de la vitivinicultura nacional.

De hecho, en la actualidad, la hectárea plantada con viñedos en esa microrregión ostenta el precio promedio más elevado de toda la provincia de Mendoza y de la Argentina, según un reporte de la División Vinos del Banco Supervielle.

En concreto, una hectárea emplazada en una buena finca puede valer entre u$s70.000 y u$s90.000.

Este valor posiciona la posiciona muy por encima de los precios que ostenta la región en la que se emplaza, Tupungato, donde la hectárea no supera los u$s60.000. Lo mismo sucede en el comparativo con otra microrregión en pleno ascenso y también ubicada en Valle de Uco, como es Altamira.

Una hectárea de viñedo en Gualtallary, en tanto, puede costar más del doble que en otras zonas reconocidas del mismo valle, como es el caso de Tunuyán, por ejemplo, donde cotiza a u$s40.000.

 

Incluso, los valores llegan a ubicarse casi 160% por encima de los de San Carlos, donde la misma superficie con viñedos puede costar u$s35.000.

El halo de prestigio que rodea a los vinos de Gualtallary, un terroir asociado con ejemplares "modernos", cargados de tensión y frescura, también se refleja en la diferencia de valores respecto de otras zonas más tradicionales, como Luján de Cuyo, vinculada más con vinos de estilo más jugoso. Allí, una hectárea con viñedos de calidad difícilmente supere los u$s50.000.

En tanto, si el comparativo se realiza contra zonas que entregan vinos nobles pero con menor reconocimiento internacional, las diferencias son mucho más notables. De hecho, la hectárea en Gualtallary puede llegar a costar el triple o más que en lugares como Maipú o San Rafael.

"Gualtallary es la zona más cotizada del país en la actualidad y que alcanza, en promedio, los puntajes de vinos más elevados", señala el reporte.

Vinos que atrapan

¿Qué tiene esta microrregión que conquistó tanto a los enólogos?

En diálogo con iProfesional, Manuel González, enólogo de bodega Andeluna, señala que "Gualtallary se caracteriza por su altitud, gran amplitud térmica -noches frías, extrema luminosidad diaria-, suelos pedregosos y aluvionales; un excelente drenaje subterráneo y escasez de lluvias, características que convierte a la zona en ecológicamente ideal para el desarrollo de una vid sana, sin enfermedades.

"Esto permite cosechar las uvas en el momento perfecto de maduración", remarca.

Sobre las características de los vinos que allí se obtienen, González destaca especialmente los Malbec, que "logran reflejar la máxima expresión del terruño de montaña de Gualtallary".

"Es típico encontrar colores intensos y profundos debido a que la marcada amplitud térmica influye en el engrosamiento de la piel en la baya.  Son vinos texturados, intensos y complejos, con una destacada mineralidad y una marcada acidez natural", afirma.  

Y, en momentos en que la palabra "mineralidad" está en boca de todos, ¿qué significa este concepto, bajo la óptica de un referente como Antonini?

El enólogo se encarga de aclarar, antes que nada, que "el tema de la mineralidad no es una moda".

"Cuando se elaboran vinos de suelos calcáreos, como es el caso de Gualtallary, lo que se notan son varios descriptores: se siente mucha energía, mucha vitalidad, mucha tensión. No son vinos anchos ni horizontales, son más verticales; persistentes sí, pero no anchos", apunta.

"Tienen electricidad, que es una cualidad muy interesante. Y, algo muy característico, es la tiza, una sensación de que raspa un poco la lengua, pero no como la de un tanino verde", completa Antonini.

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