¿Cómo es un vino Malbec que pasó 20 años en una botella?

La bodega ofreció en el Museo Nacional de Bellas Artes un recorrido por vinos de diferentes cosechas de sus tres fincas más emblemáticas
27/05/2024 - 18:19hs
¿Cómo es un vino Malbec que pasó 20 años en una botella?

"El vino es arte" es una de las frases más transitadas de la industria. Sin embargo, la bodega Achaval Ferrer llevó ese eslogan al terreno de lo concreto: organizó una degustación en uno de los salones del Museo Nacional de Bellas Artes, tras un recorrido guiado por algunas de las salas donde se exhiben sus principales obras.

El motivo fue el lanzamiento de la cosecha 2020 de su línea Fincas, una familia de vinos conformada por tres etiquetas con tres orígenes diferentes: Finca Altamira (que nace en esa zona del Valle de Uco), Finca Mirador (en Medrano) y Finca Bella Vista (en Perdriel, Luján de Cuyo). Sin embargo, la degustación permitió trazar una mirada hacia el pasado, ya que Gustavo Rearte, director de Enología de la bodega, presentó tres flights en los cuales se pudieron degustar tres cosechas diferentes de cada etiqueta: 2003, 2015 y 2020.

Antes de continuar, es clave marcar algo: la línea Fincas está elaborada con uvas 100% Malbec. La razón es que esta variedad es plástica y transparente. Es decir que el Malbec es una de las cepas que permite mostrar de manera fiel las características de los terroirs en los que está presente.

En palabras del propio Rearte, "con estos vinos, que provienen de viñedos que forman parte del capital centenario que tenemos como bodega y como industria, buscamos mostrarle al mundo que el Malbec va más allá del Malbec".

Gustavo Rearte, enólogo de bodega Achaval Ferrer

Con este hilo conductor, el enólogo presentó las nuevas añadas 2020 de sus tres etiquetas emblemáticas que muestran el carácter del lugar, pero siempre manteniendo el estilo de la casa, marcado por la elegancia y la complejidad. Y lo hizo con un viaje en el que también analizó la historia de la bodega.

En cuanto a la elección de las añadas, Rearte explicó que hubo una razón concreta: la cosecha 2020 fue una de las más cálidas de las últimas dos décadas y por eso decidieron compararla con la 2003, que también se caracterizó por registros de temperaturas por encima del promedio -si bien no tan elevadas-; mientras que la 2015 fue más fresca y húmeda, permitiendo así analizar el contraste.

Achaval Ferrer Finca Altamira

 

La añada 2003 de este Malbec del viñedo de Altamira, Valle de Uco -plantado en 1950- tiene mucho todavía por ofrecer: se perciben frutas rojas y negras bien definidas, sobre un colchón bien especiado, junto a aromas terciarios y un fondo ligeramente licoroso. Hay madurez, claro, por las particularidades de esa vendimia y también por los cánones que regían en esa época. Pero es un vino que aprueba el test del tiempo: no hay concentración excesiva, fruta quemada ni recuerdos a mermeladas. En boca, esta cosecha fluye en un recorrido largo y graso. Incluso, hay una frescura conservada que demuestra que un vino bien elaborado y a partir de una gran materia prima, tiene todas las variables para sobreponerse a las modas.

"La evolución de la cosecha 2003 está en un lugar increíble", resumió Rearte.

La cosecha 2015, como contrapartida, muestra otra faceta muy diferente; y aquí juega un papel fundamental la añada más fría y lluviosa. Para el equipo de ingenieros agrónomos fue todo un desafío: hubo que realizar una cosecha más temprana y eso hoy se traduce en buena frescura y un carácter herbáceo, casi balsámico. En boca, en tanto, ofrece menos redondez y más tensión, con taninos que dejan una sensación granulosa. Buen volumen y estructura y un final prolongado dominado por ese perfil herbáceo.

La cosecha 2020, en tanto, muestra un concepto algo diferente: la paleta es más sutil, más austera, con capas aromáticas más finas. En boca es largo y jugoso, con una delicada y constante tensión y esa hermosa textura granulosa de la zona. Hay un gran acierto en este vino: tiene una energía ácida equilibrada pero continua, que lo empuja y lo extiende, un punto a remarcar considerando lo difícil que fue la cosecha.

Achaval Ferrer Finca Mirador

 

Rearte resume este viñedo de manera muy precisa: "Son 103 años de historia para contar". Medrano está, como dice el enólogo, "donde el este de Mendoza recién comienza".

El viñedo, plantado en 1921, crece sobre suelos arenosos, con un poco de piedras y, según Rearte, "nos permite salir de los Malbec a los que estamos acostumbrados, con otro estilo en nariz y en boca, logrando una evolución demasiado gentil e interesante. Es una zona que tiene muchísimo potencial para hacer vinos de alta gama".

En los últimos años, la bodega viene trabajando fuerte en el viñedo, con un buen manejo de canopia, para proteger más los racimos del sol y diferentes puntos de cosecha para garantizar frescura y verticalidad.

En la copa, la cosecha 2003 es, realmente, impactante: el color se muestra bastante vivo, con una paleta elegante, sin rastros demasiado evidentes de evolución. La fruta hasta se siente fresca, con un fondo floral. Es un vino que estuvo más de 20 años en botella pero que habla otro idioma: aquí hay austeridad y elegancia. En el paladar muestra una ligereza atrapante (¿estamos en serio ante una cosecha 2023?). Un vino de sed concebido hace dos décadas, cuando nadie hablaba de eso.

En la cosecha 2015, este Malbec de Medrano muestra una fruta exuberante junto a una punta mentolada. En boca se percibe más la barrica, con notas que recuerdan al café. Sin embargo, en boca mantiene la jugosidad, el largo y una linda frescura.

Cuando toca el turno de la añada 2020, la fruta y ese carácter floral se adueñan de la copa, con una madera muy bien ensamblada. Fluye largo, jugoso, con algo de urgencia y cierta verticalidad, sin esa "adrenalina" tal vez de los vinos de Gualtallary, pero está. La fruta se siente apenas madura, roja, crujiente. En más de diez años será un lujo: pura sutileza y austeridad.

Achaval Ferrer Finca Bella Vista

 

Este viñedo emplazado en Perdriel, de menos de 8 hectáreas, se plantó en 1910 y fue adquirido por la bodega en 2002. Según el enólogo, "es un viñedo que refleja mucho lo que consideramos la primera zona. Para nosotros, la descripción clásica del Malbec, ese primer libro que uno leyó en la facultad, habla de un Malbec sedoso y eso es Luján de Cuyo". ¿Cómo llegó hasta nuestros días la cosecha 2003? Se luce con buena fruta roja y un toque apenas especiado. Muestra buen volumen y, sin ser carnoso, conserva esa voluptuosidad propia de Luján. La acidez se conserva y lo hace un poco vibrante. Punto para ese perfil de fruta roja perfectamente conservada.

La cosecha 2015, de la mano de una vendimia más fresca, troca esa clásica fruta roja por un color más negro, con una madera más a flor de piel. En una segunda capa, aparece un trazo herbáceo. En el paladar, en tanto, se percibe más graso, con taninos de pulso bien dulzón y una fruta roja bien lujanina. Cierra con una linda textura.

La añada 2020, que fue todo un desafío para el equipo enológico por las temperaturas muy por encima del promedio, sorprende: se podría esperar, por esas condiciones climáticas, una bomba de fruta roja tipo mermelada, pero no: hay profundidad, pero también sutilezas, junto a una capa bien especiada. Paso preciso, largo y fluido, con un centro de boca donde manda la fruta roja y taninos maduros y dulces.

Un viaje de casi 20 años en nueve vinos que no hizo más que confirmar esa frase que dejó picando Rearte al inicio: "el Malbec va más allá del Malbec".

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