Tenía dos empresas exitosas, pero lo dejó todo para hacer vinos de alta gama en Mendoza
Durante años, Alberto Budetta hizo lo que muchos empresarios argentinos de su generación aprendieron casi como un mandato: trabajar, crecer, sostenerse y volver a crecer, incluso cuando el país parecía no dar tregua. Hijo de inmigrantes italianos, levantó desde cero dos empresas exitosas vinculadas a la industria automotriz. Sin embargo, cuando llegó a los 50, en lugar de consolidarse en lo que ya había construido, eligió un camino más riesgoso y, al mismo tiempo, más íntimo: fundar Magia de Uco, una bodega especializada en vinos de alta gama.
Ese giro fue, en realidad, un regreso. En 2003, junto a su esposa, Graciela Casalnuovo, comenzó a buscar una tierra en Mendoza para retomar una historia familiar que había quedado interrumpida por la guerra, la migración y el desarraigo. Así nació Magia De Uco, una bodega ubicada en Los Chacayes, en pleno Valle de Uco (Mendoza), que en 2025 inició la comercialización de sus vinos de alta gama llegando al canal Horeca (hoteles, restaurantes y catering), al consumidor final de manera directa a través de su tienda online y con exportaciones a Perú y Brasil.
"Mi desarrollo como empresario es similar al de muchos otros de mi generación: hijo de inmigrantes, educado con una idea férrea del trabajo y el esfuerzo, armé desde muy joven una pyme y luego otra, y pude avanzar a pesar de las dificultades del país con un grupo increíble de personas que hoy son parte de nuestro equipo", cuenta Budetta, hoy dueño y fundador de Magia De Uco.
Sin embargo, la historia que lo trajo al vino no empezó en Mendoza ni en 2003. Empezó mucho antes. Muchísimo antes.
Su punto de origen está a más de 10.000 kilómetros, en Bellosguardo, un pequeño pueblo del sur de Italia. Allí, desde 1558, los ancestros de Budetta cultivaron vid y olivos generación tras generación. La tradición atravesó generaciones enteras y sobrevivió a guerras, hambre y pobreza. Hasta que la Segunda Guerra Mundial lo cambió todo obligando a los padres de Budetta a emigrar a la Argentina a fines de los años 40 y dejar atrás ese mundo rural y esa continuidad productiva que parecía escrita.
Budetta es hijo de Giovanni Budetta y Francesca Tucci. Y aunque creció en Argentina, la memoria de esos viñedos nunca desapareció del todo. "Crecí escuchando las historias de mis padres sobre los viñedos de Bellosguardo. Esos paisajes se fueron grabando en mi memoria y luego en la de mi esposa, compañera de aventuras y de vida", cuenta.
En esa reconstrucción de identidad hay un dato que define la magnitud simbólica del proyecto: Budetta se reconoce como la decimosexta línea de la familia Tucci que continúa un camino ancestral, con 16 generaciones ininterrumpidas dedicadas al cultivo de la uva y el olivo.
Cuando Budetta y Casalnuovo iniciaron la búsqueda, el objetivo era ambicioso: no querían "hacer vino", querían hacerlo desde un lugar con condiciones excepcionales y regidos por la excelencia.
La finca de Magia De Uco tiene 42 hectáreas plantadas. En 2005 se implantaron las primeras 30 hectáreas y, dos años después, llegó la primera cosecha. Más tarde se completó el resto del viñedo, pero con una particularidad: el campo se organizó como un sistema de precisión, dividido en 13 cuarteles, 6 células y 74 microparcelas de aproximadamente media hectárea cada una.
Durante los primeros años, el proyecto fue creciendo como proveedor de uvas para algunas de las bodegas más reconocidas del país. Esa etapa funcionó como un entrenamiento y también como validación: el terroir respondía y la calidad se sostenía. Pero en 2010, impulsados por el objetivo de alcanzar la máxima expresión del viñedo, tomaron la decisión de comenzar a elaborar en su propia bodega.
Ese paso fue el verdadero punto de inflexión.
Tecnología 4.0 y trabajo manual: la fórmula que define a Magia De Uco
Magia De Uco se apoya en un modelo que mezcla dos mundos: tecnología de última generación y trabajo artesanal riguroso. En bodega, Budetta invirtió fuerte para instalar un sistema de elaboración que, según define, no tiene comparación regional.
"La tecnología 4.0 que instalamos al construir la bodega es única en toda Latinoamérica, está manejada por especialistas y controlada por nuestro enólogo. Tenemos tanques de acero inoxidable auto fermentables y vasijas de concreto conectadas a una central de control donde se carga el protocolo de elaboración. Este sistema nos asegura la precisión en la ejecución de las tareas con una mínima intervención. Es decir, nosotros acompañamos la vinificación, no la alteramos. El resultado es realmente la máxima expresión del terroir", explica.
La inversión total en tecnología para la bodega alcanzó los u$s1,8 millones. Y esa inversión se pensó como una herramienta para lograr consistencia, precisión y repetibilidad, tres palabras que Budetta trae con naturalidad desde su historia industrial.
Pero el otro eje del modelo no está en las máquinas. Está en la gente.
El viñedo se divide en células de trabajo, y desde su génesis cada una tiene un viticultor responsable. Ese referente no solo ejecuta tareas: se convierte en guardián de la calidad de las uvas que luego se transformarán en vino. "Hace más de 20 años se encuentran las mismas personas en cada célula, conociendo a la perfección los detalles y particularidades de las plantas, trabajándolas con sus manos y cuidándolas día a día", sostiene. En un sector donde la rotación laboral suele ser alta, esa continuidad se volvió un activo estratégico, porque el conocimiento acumulado no se reemplaza fácilmente.
En la bodega hay otra decisión que el fundador considera determinante y que resume la obsesión por la calidad: la vendimia de madrugada. "También hacemos vendimia de madrugada, en esos escasos 40 minutos que tardamos en procesar las uvas hacen definitivamente la diferencia en el resultado de los vinos", asegura. La lógica detrás de esa práctica es técnica: cosechar en las horas más frescas permite preservar la calidad del fruto, mantener la actividad enzimática más estable, prevenir oxidación y conservar frescura y aromas.
La sustentabilidad es otro pilar que la bodega trabaja como parte de su identidad, no como un discurso de marketing. La finca cuenta con una napa de agua mineral natural de manantial libre de sodio, reconocida y autorizada por la provincia de Mendoza. En una región donde el agua define el negocio, esa característica se transforma en una ventaja competitiva. "Esa calidad hídrica, rara en la región, nos permite asegurar pureza y sustentabilidad desde el origen", dice Budetta.
A eso se suma un recorrido sostenido de certificaciones. Magia De Uco cuenta con Global Gap en Buenas Prácticas Agrícolas desde su primera cosecha, sin interrupciones. También participa en iniciativas como COINCE, enfocada en la gestión adecuada de residuos y agentes contaminantes, y Campo Limpio, destinada a la correcta gestión de envases de productos fitosanitarios. Pero Budetta insiste en que el punto no son los sellos. "Más allá de las certificaciones, hay coherencia: el respeto por la tierra no es un discurso. Es una práctica diaria", afirma.
El cuidado del suelo sencillamente se ve, cualquiera que visite sus campos podrá observar que Magia De Uco conserva 5,6 hectáreas en estado natural, para proteger flora y fauna autóctonas, y forma parte de la Asociación de Viticultura Regenerativa.
El lanzamiento comercial, concretado en 2025, llegó con una propuesta de vinos organizada en tres líneas. Magia De Uco Celebración incluye dos espumantes y un rosado, todos de Malbec; una línea de vinos tintos jóvenes, y una colección más ambiciosa llamada Magia De Uco Notable, que propone vinos de más cuerpo y carácter. Allí aparece un Cabernet Franc que Budetta describe como "excepcional, una expresión única de este varietal en Los Chacayes".
Para el consumidor final, los vinos se comercializan desde la tienda oficial con envíos a todo el país y envío gratuito en compras superiores a $110.000. En términos de precios, la bodega se posiciona claramente en el segmento premium: la colección de entrada arranca en $22.000, mientras que la línea más alta llega a 56.000 pesos.
En la historia de Budetta, Magia De Uco no aparece como un hobby tardío, es más bien, la síntesis de dos caminos. Por un lado, el recorrido de un empresario que sabe construir compañías desde cero y sostenerlas con método. Por el otro, la decisión personal de retomar una historia familiar que llevaba más de cuatro siglos y medio, y que había quedado suspendida por un acontecimiento global como la guerra.
"Por eso, cuando Graciela quedó embarazada de nuestra tercera hija nos fuimos a buscar una tierra que le diera un vuelco a mi carrera pero que también retomara un legado familiar que hoy le estoy pasando a mis hijos: Gianfranco, Luciana y Chiara", dice emocionado.
Magia De Uco es, en definitiva, una bodega nacida de una paradoja: un proyecto que mira 450 años hacia atrás para construir algo nuevo, con tecnología de precisión, con un equipo que trabaja planta por planta y con una ambición que no se limita a vender botellas. En el corazón de Los Chacayes, Budetta no solo volvió a los vinos de alta gama; volvió a una historia y la transformó en negocio.