8 propuestas para comer al aire libre en Buenos Aires entre patios, jardines y terrazas

Patios escondidos, jardines y terrazas para comer al aire libre en Buenos Aires: ocho propuestas con platos y precios para organizar la salida
Patio soleado generado con IA. Tiene vegetación y personas almorzando en mesas de madera en un entorno elegante

La primavera ya está en el calendario, aunque algunos días cueste reconocerla. Entre lluvias, nubes y algún abrigo que todavía no vuelve al placard, el plan de salir a comer sigue esperando su momento. Pero el fenómeno de El Niño va a pasar, los días lindos van a llegar y conviene tener algunas direcciones agendadas para cuando el sol se digne a aparecer sobre Buenos Aires.

Buenos Aires tiene jardines detrás de casonas centenarias, patios de museos y terrazas donde aprovechar los días largos. También hay mesas sobre veredas amplias y rincones a cielo abierto que, desde la calle, pasan inadvertidos. El espacio puede ser parte de la elección tanto como la comida: un almuerzo bajo los árboles, una merienda entre plantas o una cena para pasar la noche bajo las estrellas.

Esta selección reúne ocho propuestas de distintos barrios, desde pastas amasadas a mano hasta charcutería artesanal, cocina mediterránea y platos a las brasas. Qué pedir, cuánto cuesta y dónde encontrarlas para tener la salida organizada cuando acompañe el tiempo.

Abreboca, charcutería artesanal y un patio andaluz en Chacarita

Detrás de su propuesta de "neopulpería", Abreboca recupera sabores de la cocina campera y técnicas de conservación como la elaboración de embutidos. Tiene cava de charcutería propia y un patio de inspiración andaluza, con plantas, flores y venecitas en las paredes.

La jefa de cocina, Agustina Leiva, arma una carta que permite combinar varias raciones o elegir un principal. Entre las opciones frías y calientes aparecen el carpaccio de remolachas con queso de oveja, las croquetas de pollo y la morcilla con huevo frito y reviro. Para quienes prefieren un plato individual, hay ojo de bife con manteca de chimichurri y carrilleras braseadas.

La cocina criolla también llega al postre: el flan de maíz se sirve con mascarpone y toffee de dulce de leche. Los platitos parten de los $12.000 y los principales, de los $44.000. El formato de raciones permite pedir al centro y compartir distintas preparaciones.

Dónde: Fraga 541, Chacarita.

Patio soleado con mesas de madera, sillas y plantas en macetas en Abreboca
Abreboca combina charcutería artesanal y cocina criolla en un patio andaluz del barrio de Chacarita (Gentileza Abreboca)

Casa Palanti, una mesa en la Casa Redonda de Barrio Parque

Construida en 1922 por Mario Palanti, el arquitecto del Palacio Barolo, la Casa Redonda fue restaurada para convertirse en restaurante. La intervención estuvo a cargo de Eme Carranza Studio y la ambientación interior toma referencias de La divina comedia, de Dante Alighieri. Afuera, un amplio patio rodea el edificio, a una cuadra del Malba.

La propuesta gastronómica está dirigida por Juan Ventureyra, al frente de Riccitelli Bistró, el restaurante mendocino distinguido con una estrella Michelin. En Casa Palanti, el chef residente es Federico Astorgano. La guía incluye al establecimiento porteño entre sus restaurantes recomendados y describe una cocina contemporánea con productos argentinos y referencias italianas.

La carta está pensada para compartir y acompañar con vinos o coctelería. Las opciones de tapeo promedian los $25.000 y los cócteles rondan los $17.000. El brunch de fin de semana cuesta $80.000 por persona.

La arquitectura tiene un peso propio en esta salida: permite sentarse al aire libre junto a una de las construcciones más reconocibles de esa esquina de Barrio Parque.

Dónde: Ortiz de Ocampo 2901, Barrio Parque.

Terraza elegante con mesas puestas, sombrillas y sillas blancas al aire libre en Casa Palanti
Casa Palanti propone cocina de estación en una casona de 1922 con un extenso patio en Barrio Parque (Gentileza Casa Palanti)

Los Jardines de las Barquín, un almuerzo entre el verde del Palacio Noel

El Palacio Noel, sede del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, guarda uno de los jardines de esta selección. Allí funciona Los Jardines de las Barquín, la propuesta gastronómica de Germán Sitz y Pedro Peña, que permite sumar una parada para comer a una salida por Retiro.

La carta de temporada da espacio a vegetales, cereales y frutas. Entre las entradas hay empanadas de mozzarella y espinaca, tarta de choclo, hummus de arvejas con pickles y crudo de trucha con puré de durazno y boniato.

Las opciones más frescas incluyen una ensalada de zucchini, palta y uvas con quinoa, y burratina con tomates asados y frutas de carozo. Para un almuerzo con un plato principal, aparecen la milanesa de pollo con ensalada rusa rústica, la pesca del día con salsa bearnesa, los tortellini de mozzarella y morrón rojo, y la salchicha parrillera con puré de coliflor.

El gasto promedio para comer y tomar algo ronda los $40.000 por persona. También ofrece un menú ejecutivo de $36.000, una alternativa para quienes buscan resolver el almuerzo con un precio definido.

Dónde: Suipacha 1424, en el Palacio Noel, Retiro.

Jardín señorial con fuente central, esculturas y arboleda junto a un edificio clásico en Las Barquín
Los Jardines De las Barquín sirve platos de estación en el jardín del Palacio Noel, en pleno Retiro (Gentileza Los Jardines De Las Barquin)

Bis Bistró, mesas en el Pasaje del Correo y cocina de Gonzalo Aramburu

En Recoleta, Bis Bistró cambia el jardín por las mesas de un pasaje. Está en el Pasaje del Correo, frente a Aramburu, y ambos restaurantes tienen al chef Gonzalo Aramburu al frente.

Puertas adentro conserva una estética de bistró de los años 50: techos altos, lámparas de globo, sillones corridos, espejos y una cocina acristalada. Afuera, las mesas permiten comer en el entorno del callejón y sus locales.

La propuesta combina recetas clásicas con preparaciones contemporáneas. Entre los platos que destaca la Guía Michelin figuran la tortilla de papas con alcaparras y boquerones, el rack de cordero patagónico y la pavlova con frutas de estación. El restaurante tiene el distintivo Bib Gourmand, que reconoce una buena relación entre calidad y precio.

Al mediodía ofrece dos alternativas de menú, de $42.000 y $48.000, con copa de vino y café. Es una opción para tener en cuenta al comparar el costo de un menú con el de pedir distintos platos a la carta.

Dónde: Vicente López 1661, local 12, Pasaje del Correo, Recoleta.

Fachada de Bis en un pasaje clásico, con mesas preparadas en la vereda y cartel distintivo
Bis Bistró sirve cocina de Gonzalo Aramburu y mesas al aire libre en Pasaje del Correo, en Recoleta (Gentileza Bis Bistró)

Allenby, cocina mediterránea y una terraza en Recoleta

En Allenby, la propuesta recorre sabores mediterráneos con vegetales, especias, panes, fermentaciones y preparaciones al fuego. Para comer afuera tiene una terraza, mientras que la carta permite pasar de un hummus para compartir a un sándwich de pastrami o una preparación con huevos y queso.

La elaboración artesanal ocupa un lugar concreto: el yogur griego, los falafels, los encurtidos, los panes y las salsas se hacen en el restaurante. En la cocina están Gastón Caretti y Martín Bologovitz, con Alejo Waisman como chef ejecutivo.

Entre las opciones aparecen el hummus con pickles y laffa, un pan plano, a $22.400, y la shakshuka con feta, también a $22.400. El sándwich de pastrami cuesta $31.500 y lleva pan de molde casero con kümmel, queso fontina fundido, cebolla caramelizada y encurtidos de la casa.

El formato permite elegir entre compartir varias preparaciones o resolver la comida con un plato individual, con cafetería y coctelería para completar la salida.

Dónde: Vicente López 2056, Recoleta.

Mesa verde servida con variedad de platos, sándwiches, bebidas y sillón a rayas en Allenby
Allenby combina cocina mediterránea, pan casero y una terraza para comer al aire libre en Recoleta (Gentileza Allenby)

Quotidiano, pastas y mesas afuera para distintos momentos del día

Quotidiano ofrece una alternativa más informal, con servicio desde el desayuno hasta la cena y brunch los domingos. La cadena tiene locales en distintos barrios porteños y mesas al aire libre en varias de sus sucursales. Una de las opciones es Ugarteche 3208, en Palermo, que cuenta con espacio exterior. También tiene un local en avenida Callao 1299, en Recoleta, con mesas afuera.

El centro de la propuesta son las pastas amasadas a mano, aunque la carta también incluye ensaladas, pizzas, desayunos y postres. Según los valores del relevamiento, hay platos de fideos con salsa desde $19.000, ensaladas desde $19.500 y pizzas a $21.300.

La oferta se completa con postres por menos de $20.000 y vinos por copa por debajo de los $5.000. Conviene consultar la carta de la sucursal elegida, porque los precios y la disponibilidad pueden variar entre locales.

Dónde: Ugarteche 3208, Palermo; avenida Callao 1299, Recoleta, y otras sucursales.

Fachada elegante de esquina de Quotidiano, iluminada cálidamente con ventanales y mesas afuera
Quotidiano ofrece pastas amasadas a mano y mesas al aire libre en distintos barrios de Buenos Aires (Gentileza Quotidiano)

Asadero, una casa centenaria con jardín y cocina a las brasas

Asadero funciona en una casa de principios del siglo XX restaurada para el proyecto, con un jardín que amplía el espacio para comer al aire libre. Forma parte del universo gastronómico desarrollado por Guadalupe García Mosqueda, creadora de Casa Cavia, Orno y El Abierto.

Al frente está Juan Pedro Rastellino, cocinero con más de veinte años de experiencia en Argentina y Europa. Su propuesta parte de la cocina de fuegos, pero incluye pescados, conejo y vegetales, además de cortes vacunos.

"Antes del fuego está el producto y es la mismísima naturaleza la que nos guía y nos dice qué llevar a nuestra cocina", resume Rastellino. Define la carta como un menú directo, con pocas categorías y un lugar importante para la estacionalidad.

"En definitiva, es una cocina construida alrededor de cosas familiares, platos que pueden tener trabajo y técnica detrás, pero que buscan sentirse cercanos, entendibles y generosos", afirma el cocinero.

Los principales incluyen pescados, conejo y cortes como asado de tira o entraña, con precios entre $38.000 y $78.000. Las porciones de vegetales rondan los $15.000 y los postres, los $20.000.

Dónde: Fitz Roy 1041, Chacarita.

Patio nocturno iluminado con pérgola, vegetación y personas cenando en Asadero
Asadero propone cocina a las brasas y un jardín para comer al aire libre en una casona de Chacarita ( Gentileza Asadero)

Horta, un patio con plantas nativas y una mesa comunal en Villa Crespo

La fachada de Horta es sobria, de color marfil y con un cartel pequeño. Adentro, el salón de 28 lugares combina ladrillos expuestos, microcemento y madera de petiribí, con una cocina visible detrás de un cerramiento vidriado. El espacio exterior aparece al fondo: un patio con plantas nativas, una pequeña huerta y una mesa comunal en forma de aro, con cañas de bambú en el centro y lugar para catorce comensales.

El restaurante está a cargo de Lucas Díaz, en la cocina, y Clara Chavarría, en la sala. Antes de abrir su proyecto trabajaron en el Algarve portugués: de esa experiencia proviene el nombre, que significa "huerta" en portugués. Horta está recomendado por la Guía Michelin, que destaca su cocina vinculada a productos de microtemporada.

Entre las entradas de $20.000 aparecen el crudo de pesca con cremoso de palta y mango; los chipirones rellenos con salsa de calamar y cebolla crocante; y los espárragos con queso de cabra, huevo a baja temperatura y miel picante.

Entre los principales, el pulpo cuesta $65.000 y el magret de pato, $52.000. Para el postre, la crema de chocolate picante sale $16.000.

Su página de reservas anuncia cenas de martes a sábados y almuerzos los domingos.

Dónde: Aguirre 1080, Villa Crespo.

Patio moderno y luminoso con una mesa circular que rodea un frondoso bambú central y sillas oscuras
Horta ofrece cocina de estación y un patio con plantas nativas en el barrio porteño de Villa Crespo (Gentileza Horta)

Las direcciones quedan agendadas; la fecha puede esperar a que acompañe el pronóstico. Antes de salir, conviene consultar los horarios y preguntar si se puede reservar específicamente una mesa afuera: tener lugar en el restaurante no siempre asegura un rincón en el jardín o la terraza. Cuando el sol se digne a aparecer, esa será la parte del plan que valdrá la pena tener resuelta.