Triunfaba en una agencia de publicidad, dejó Argentina y hoy es feliz vendiendo helados en Mallorca

Carla Beltramini es comunicadora y dejó Argentina para conocer el mundo, ver qué otras oportunidades había, y elegir luego dónde y cómo seguir su vida
Por Rocío Bravo
06/08/2022 - 07,18hs
Triunfaba en una agencia de publicidad, dejó Argentina y hoy es feliz vendiendo helados en Mallorca

En Argentina, Carla trabajaba en una agencia de publicidad full time como planificadora de medios regional Sr, vivía con su marido en un departamento en Belgrano -alquilado-, y tenían un velero en el cual salían todos los fines de semana a navegar por el Rio de La Plata. Su marido es Ingeniero industrial y era jefe de una planta del rubro alimenticio. "Tenía una vida genial", según ella misma describe. Sin embargo, un año y tres meses se mudaron a Barcelona, España, y hoy viven en Mallorca.

"Al principio queríamos irnos a Australia, pero en pandemia pensamos y dijimos de cambiar a España, Barcelona puntualmente", cuenta a iProfesional. "Lo que pensamos fue que, ya que íbamos a emigrar, dejar todo, empezar de nuevo, al menos manejar el mismo idioma y que sea ciudad con mar ya que nos gusta mucho navegar".

Mudarse a España: ¿cómo es el "choque" cultural?

En cuanto a lo personal, al principio se encontraron con una ciudad muy similar a Buenos Aires. "Nosotros no somos de Capital; yo de Gualeguaychú, Entre Ríos, y mi marido de Chivilcoy, y algunas cosas no nos gustaban mucho, como la cantidad de gente, el tráfico, pero el paso del tiempo hizo que nos guste más. Lo que pensábamos que íbamos a compartir era el idioma, pero en Barcelona los locales, supermercados, hablan 100% en catalán así que al principio fue algo ‘chocante’ también, pero nos acostumbramos y nos divertimos escuchando y tratando de aprender", narra.

De a poco, Carla y su marido se fueron haciendo amigos nuevos. "A través de Instagram primero y luego nos vimos en persona", dice. "Después empezó a pesar un poco no tener al médico de confianza, al portero del edificio de confianza, a tu amigo o amiga que sabés que te puede ayudar para esto o aquello. Te vas dando cuenta que te faltan esas cosas y que tenés que buscar todo desde cero, pero es así, con paciencia, algunas veces bien otras no tanto, empezar de nuevo".

La joven tiene ciudadanía italiana y llegó a España con trabajo en la misma empresa en la que trabajaba en Argentina y con el mismo puesto. "Fue por casualidad, no un pase interno ni nada", dice. "Así que ni bien llegué tuve que tramitar el NIE, que es el número que nos identifica a los extranjeros, y empecé a trabajar enseguida. Laboralmente el ritmo es idéntico al que llevaba en Argentina, a lo que me tuve que acostumbrar es a la publicidad en euros y no en pesos argentinos. Cuando acá se habla de céntimos, se toma en serio la cantidad, porque tiene valor. Pero la rutina era exactamente igual".

Para ella, lo que cambió, "y que me costó mucho acostumbrarme y extrañé, fueron las personas, las relaciones. En Argentina la gente era de poner música, acercarte a tu mesa a hablar, traer cosas para comer, salir a tomar algo de after, y en Barcelona me tocaron compañeros que por suerte te saludaban, pero en los almuerzos se iban y olvídate de organizar un after, por ejemplo. Todo eso fue en mi primer trabajo. Fue diferente cuando me cambié de trabajo y fui a otra agencia de publicidad, pero por eso el principio al ser mi primera experiencia me había costado".

Carla se mudó a España y hoy vive en Mallorca

Como beneficios, "hoy en día puedo decir que el hecho de que me hayan tocado compañeros así hizo que crezca, que aprenda, que haga más fuertes diferentes aspectos de mi personalidad", rescata. "En mi caso soy muy sociable, me gusta hablar, salir, y eso no lo estaba encontrando con mis primeros compañeros, pero tenía que seguir trabajando. Luego, cuando cambié de trabajo que sí tuve un excelente grupo, tuve el beneficio de aprender de sus culturas -catalanes, italianos, otros argentinos y de otras regiones de España también-, probar sus comidas, aprender aún más sus idiomas".

Beneficios y contras de murdarse a España

Hace dos meses, Carla y su marido decidieron renunciar a sus trabajos. "Dejamos atrás la misma rutina que llevaba en Barcelona y Buenos Aires para trabajar en trabajos de temporada en una ciudad que se llama Puerto de Soller, en Mallorca, en España también", cuenta.

"Siempre dentro mío había algo de esto de probar otro tipo de trabajo, el hecho de pensar que toda la vida iba a estar en una oficina atrás de una computadora me ponía la piel de gallina. Y como acá es dentro de todo más fácil probar y ver con qué quedarse, apostamos a eso. Así que actualmente trabajo en una heladería sirviendo helados, cafés, smoothies, a los turistas que vienen de vacaciones".

Desde su visión, es cierto que ser argentino en términos de talento, resiliencia, te da una ventaja para desarrollarte en otro país, pero "obviamente depende de muchas cosas, entre ellas de la personalidad que se tenga", sostiene.

"Es clave tener paciencia, respirar hondo, en general con todo. Mi personalidad es de seguir, de ir por más, de abrirme. Cuando llegué pensé que era super abierta y extrovertida a conocer gente de todo el mundo y al principio me costaba mucho, me cerraba, sin motivo, ya que claro, no me había tocado antes conocer gente de tantos lados del mundo, lo que tenía en mi cabeza era un imaginario de que yo iba a ser abierta, pero me costó e igual seguí conociendo gente. Así me fui dando cuenta también cómo soy, de no tener problemas en general por nada, de sumarme a los planes que se organicen".

Para ella y su marido han habido meses muy difíciles y otros muy buenos. "El escenario desde que llegamos es de crecimiento constante y, me animo a decir, diario. Siempre en mi IG y en general hablo de esto de no idealizar Europa, ni España, ni la nueva vida desde lejos. Uno pasa por muchos momentos", dice.

De a poco, Carla y su marido se fueron haciendo amigos nuevos

"Emigrar implica dejar prejuicios que pensabas que no tenías, dejar atrás cosas que pensabas no eran importantes, desde afectos que creías que eran para siempre hasta la ropa, olores, comidas. Hacerte red de contención y amigos nuevos; estar abierto a aprender, a escuchar, a probar;  poder viajar y conocer otros lugares; autoconocerse, no reconocerse, volverse a reconocer", describe. "Implica emociones que ni sabías que te podían tocar. No sé si sacrificar sería la palabra, pero sí dejé atrás amistades que extraño mucho. Gané autoconocimiento, mucho; gané desarrollar más mi personalidad en aspectos impensados y fortalecer aún más el vínculo con mi marido con casi ya 10 años de estar juntos. Gano libertad, posibilidades de viajar, de probar, de intentar a prueba y error".

De Argentina, Carla extraña a sus amigos, su familia, la comida, las juntadas sin tanta organización, la calidez que tenía con su gente y la rapidez que tienen los argentinos de hacer chistes, improvisar, la ironía. Pero no extraña tener que volverse más temprano de los lugares por miedo a la noche y a los robos, no poder proyectar un viaje por no poder ahorrar, escuchar gente amargada o a las puteadas por la calle, las bocinas por apurados, las injusticias casi diarias. No extraña estar horas en un colectivo para ir a trabajar "y no saber si era un piquete o simplemente que el colectivero no quería frenar".

Por ahora, no volverían a Argentina, sí de vacaciones, pero quieren seguir nuevos rumbos. "Estando desde este lado, nos dimos cuenta que el mundo está lleno de posibilidades y queremos ir por más".

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