EMPRESAS CON HISTORIA

Emigró de Grecia, trabajó en el puerto y creó dos golosinas clásicas: la historia del Mantecol y del turrón Namur

Miguel Georgalos llegó al país en plena Segunda Guerra Mundial y creó los dulces más clásicos de Argentina. Flynn Paff y Mantecol, entre los más conocidos
ACTUALIDAD - 21 de Octubre, 2022

En cada partido entre gol y gol los hinchas de fútbol le daban un mordisco. También fue el elegido por los chicos para saborear en los recreos. Los que peinan canas lo vieron nacer, desaparecer y en 2019 renacer. Ahora es uno de los alimentos más recomendados por los nutricionistas como colación. Si está pensando en el turrón Namur, está en lo correcto.

Ésta famosa oblea rellena de turrón con pedacitos de maní junto al Mantecol son las golosinas emblema de la firma Georgalos; productos que sufrieron los embates del mercado y de la economía, pero que hoy están nuevamente en manos de sus creadores y en cada kiosco o supermercado del país, incluso en el exterior.

Hasta que la guerra y el hambre azotaron a Europa, Miguel Georgalos, nacido en Grecia, nunca imaginó que tendría que emigrar en 1939 y mucho menos que poco tiempo después se convertiría en el fundador de una fábrica creadora de clásicos argentinos: el turrón Namur, el Mantecol y, más acá en el tiempo, también de los caramelos Flynn Paff, entre otros.

Llegó a la Argentina por la Segunda Guerra Mundial: la historia de Georgalos 

Recién llegado a la Argentina, Miguel Georgalos trabajó levantando bolsas en el puerto, pero éste joven de 21 años, que había alcanzado a estudiar pastelería en Polonia, tenía entre sus harapos una receta con la que lograría en 1941 dejar Dock Sud para fundar en el barrio porteño de Floresta, La Greco Argentina, empresa que luego con la incorporación de sus hermanos que hizo venir de Europa pasó a denominarse Georgalos Hermanos.

Aquella receta que lo haría prosperar y triunfar era una adaptación del Halvá, un postre elaborado con pasta de sésamos que conoció en Turquía, pero que adaptó cambiando el sésamo por el maní, un grano más fácil de conseguir en Argentina. "Fue en un modesto cuarto de una casa que consiguió para vivir en Floresta donde con cinco kilos de pasta de maní elaborada artesanalmente y un gran espíritu emprendedor, inició la historia industrial de la empresa y un producto que fue y es sinónimo de calidad Georgalos; el Mantecol", remarca Katia Gounaridis, gerente de Relaciones Institucionales de la empresa que desde fines de los 50 funciona en Río Segundo, Córdoba.

En la década del ‘60 con la fábrica en apogeo, Georgalos lanzó el Turrón Namur y con él la segunda marca emblema de la empresa que supo conquistar el paladar de niños y adultos por igual.  Aunque el turrón tiene su origen en Europa, Don Miguel, como lo llaman hoy en Georgalos, volvió a darle su impronta: le puso maní en vez de frutos secos, logró una contextura más blanda y le agregó dos capas de oblea tostadas. Por sus ingredientes, el turrón de nougat Namur fue una de las golosinas más económicas de la época y un golazo para Miguel, Simoleón, Sófocles, Constantino y Odysseas, los cinco hermanos Georgalos.

Namur era recomendado por nutricionistas y para los niños era una gran opción.

El término futbolístico no es casual. Miguel Georgalos compró para montar una planta de producción un predio que tenía frente a la que tenía en sus inicios; ese predio era nada más ni nada menos que la vieja cancha de All Boys de la calle Segurola.

Según la web del Club Atlético All Boys, Georgalos les donó "una importante cifra de dinero" para mudar la cancha y, durante décadas, Mantecol fue auspiciante del club. El éxito de éstas golosinas fue también resultado de campañas publicitarias que realizaron con Manuel García Ferré, el creador de los famosos personajes infantiles Anteojito, Hijitus, Larguirucho y el profesor Neurus; en su mayoría estaban dirigidas a los hinchas de fútbol. Así fue que Namur se convirtió por muchos años en "el turrón de cancha", recuerda Gounaridis.

A fines de la década de los ‘50 la fábrica se trasladó a Río Segundo (Córdoba) donde incursionaron en el agro para autoabastecerse de su principal insumo, el maní. Allí, exactamente en las instalaciones donde antiguamente se producía la cerveza Río Segundo, los Georgalos mudaron su planta y, a pocos kilómetros, en la misma localidad, fundaron una planta procesadora de maní. Cómo era de esperarse, también crearon la Cámara Argentina del Maní con Miguel Georgalos a la cabeza. Ya por aquella época, la empresa llegó a tener más de 1.500 empleados; hoy son 1800.

Con los años la Georgalos siguió ampliándose sumando un Centro de Distribución en Villa Martelli (Provincia de Buenos Aires); una fábrica de envases flexibles en Villa Mercedes (San Luis) y otra planta para la línea cereales para el desayuno en Luján (provincia de Buenos Aires).

Turrón Namur: una salida a tiempo y volver recargado

Aunque habiendo sido Miguel Georgalos fundador y presidente de la Cámara Argentina del Maní y aun teniendo su propia planta procesadora de maní, la empresa que apostaba a darle larga vida a sus productos, no pudo conseguir que Namur sobreviva cuando a fines de los ‘80 Arcor sacó su propia marca de turrones. "El turrón Namur se producía de manera artesanal y competir en precio con un producto de producción automatizada no fue posible en ese momento de la empresa", explica la gerente de Relaciones Institucionales de Georgalos a iProfesional.

Para seguir en carrera, la empresa intentó diferentes alternativas del producto, pero ni con las versiones bañadas en chocolate o con sabor de frutillas lograron impedir su salida del mercado a fines de los 80. Fue a Juan Miguel, el hijo del fundador, que le tocó la difícil decisión de discontinuar a Namur. "Fue complicado, pero la realidad es que Juan Miguel fue un gran líder para la continuidad de la empresa y el bienestar de sus trabajadores", reflexiona la ejecutiva.

Con una bolsa de pasta de maní y en un cuarto de Dock Sud nació Turrón Namur.

Sin embargo, Namur nunca dejó de ser parte de la empresa, la marca persistió en otros productos como turrones y confituras navideñas (diferente fue con Mantecol, que sí tuvieron que vender la marca con la crisis de 2001 al Grupo Cadbury Schweppes, actual propiedad de Mondelez). Por lo tanto, para el empresario, aquella salida iba a ser transitoria; tarde o temprano volvería a lanzar el turrón con oblea.

Juan Miguel Georgalos falleció en 2016 luego de dar pelear durante un año y medio contra una enfermedad, pero previsor dejó todo planificado para el relanzamiento de su querido Turrón Namur. Para estar a la atura de sus competidor, el empresario invirtió u$s2.500.000 y adaptó una nave de la planta de producción de Río Segundo y empleó a 25 personas  para trabajar en una nueva línea de producción exclusiva para Namur.

En 2019, en el marco de su 80º aniversario y en honor a la familia fundadora, Guillermo Rimoldi, actual CEO del Grupo Georgalos, relanzó el Turrón Namur al mercado manteniendo su receta original. "La proyección para el lanzamiento fue de unas 750 toneladas, y luego de haber pasado por la pandemia, lo cual afectó mucho al consumo ya que es un producto que se consigue mayormente en los kioscos, hoy estamos muy contentos con su progreso;  cada vez más gente lo incorpora en su dieta. Por sus 92 kcal es muy recomendado por los nutricionistas como colación", sostiene la ejecutiva.

Namur, que no tiene otras versiones de turrón ni en sabor ni en gramajes, frente a las otras categorías que se fabrican en Georgalos – como caramelos, chocolates, cereales y productos de repostería entre otros-, ocupa "la mitad de la tabla" del negocio con una producción promedio de 100.000 unidades por mes. Si bien no hay registros que confirmen si el Turrón Namur llegó a exportarse en épocas de Miguel Georgalos hoy sí se exportan a Bolivia, Paraguay y Chile.

Cabe aclarar, que este año Mantecol volvió, después de tres años de negociaciones con Mondelez, a ser de Georgalos.

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