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El escenario político de cara al 2023: cómo se distribuyen los votos y cuál es el perfil del votante desencantado

En una sociedad que desconfía de la política y en donde "la grieta" se profundiza, surgen nuevas propuestas. ¿A quién beneficia el "voto bronca"?
20/12/2022 - 16:29hs
El escenario político de cara al 2023: cómo se distribuyen los votos y cuál es el perfil del votante desencantado

A pocos meses de las elecciones que definirán el gobierno de la Argentina hasta 2027, el país vive un delicado clima social, político y económico. Crisis cambiarias, inflacionarias, de deuda y hasta de salud -pandemia mediante- azotaron en los últimos diez años. Se ve no solo en indicadores de pobreza o de crecimiento económico. También en los de opinión pública, que son los peores en los últimos 20 años, sólo superados por el humor social previo al estallido de la crisis de 2001.

Es angosto el sendero por el que conduce el ministro de Economía, Sergio Massa, que encontró al interior del Frente de Todos el respaldo que no tuvo su predecesor, Martín Guzmán, para ejecutar un programa de fuerte ajuste del gasto público que busca evitar la crisis. Aún así, nada garantiza llegar a las elecciones sin turbulencias.

Para entender qué puede esperarse el año que viene a nivel político, el director de Poliarquía, Alejandro Catterberg, analizó las claves de las elecciones del 2023: la centralidad de Cristina Kirchner y Mauricio Macri; la fractura del electorado y el "voto bronca" que capta Javier Milei; y la posibilidad que se abre para el Gobierno si logra "aterrizar el avión" sin ubna crisis previa.

Elecciones 2023: la salida del laberinto y la chance del oficialismo

La falta de confianza en clase dirigente en general, desde políticos y jueces hasta sindicalistas y empresarios, y las bajas expectativas a futuro son las sensaciones que dominan a la mayoría de los argentinos. "La sociedad está cansada, desilusionada, apesadumbrada y con bronca. Tenemos los peores indicadores de opinión pública desde octubre de 2001. Es el clima previo a las elecciones de 2001, previo al estallido de la crisis", aseguró Catterberg.

"La gente no confía en los políticos, no existen casi dirigentes políticos con buena imagen. Lo mismo pasa con las elites, los empresarios, los sindicalistas o la justicia. Se están rompiendo los lazos de confianza personales e institucionales", señaló el director de Poliarquía.

Es un escenario que definió como "el laberinto", en el que el sistema político parece trabado, sin diálogos, caminos ni consensos.

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Milei encontró una oportunidad en los ciudadanos que desconfían de los dirigentes políticos de los últimos años.

"Ese es el plano general: un laberinto que con Cristina, con Macri o con Alberto no ha salido y la pregunta es cómo se sale, independientemente de quién gane la elección".

Desde el punto de vista económico, el dato de inflación de 4,9% en noviembre (el más bajo desde marzo) prende una luz de esperanza para la estrategia del Gobierno, de llevar al índice de precios a menos del 4% para abril, sin saltos cambiarios y con acuerdos de precios sector por sector.

"Si el Gobierno logra evitar un desbarajuste grande, la sociedad se mantiene relativamente tranquila, no hay problemas sociales severos y la política no se desbanda, el Gobierno tiene una mínima chance de ser competitivo, dependiendo de quiénes terminan en un balotaje", dijo Catterberg en un encuentro virtual organizado por Adcap Grupo Financiero.

La grieta, la fractura y las tres dimensiones

Hace 10 años que en la Argentina se habla con la lógica de la grieta, una sociedad como lucha de extremos: polos se dividen entre un 20 a 25% de "kirchneristas" y de 15 a 20 por ciento de "macristas", según Poliarquá. Sin embargo, en los últimos años surgió "un escenario de tres dimensiones".

"A la grieta se le sumó la fractura: un porcentaje cada vez más grande de la sociedad, hoy casi un tercio de los argentinos, que mira a la política y piensa que son todo lo mismo. Esa fractura es la que está alimentando a un emergente político nuevo que se llama Javier Milei", señaló Qatterberg.

Separó sin embargo a MIlei de Juntos por el Cambio y aseguró que la mayoría de sus votantes no vienen de sectores identificados como de derecha, sino que es un voto sustentado en la bronca, la desilusión y la rabia de un grupo sobre todo de hombres jóvenes y de clase baja.

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Aunque no se muestran como candidatos, Mauricio Macri y Cristina Kirchner puden modificar internas en sus espacios.

"La suma de todas las partes de Cambiemos tiene, masomenos, el 40 por ciento. El Gobierno tiene alrededor de 30 y Milei 20. El Gobierno sacó, hace 3 años, el 48 por ciento de los votos y Cambiemos el 40 por ciento. Hoy mantiene esos 40, pero el Gobierno perdió 15 por ciento", analizó. De allí que los 20 puntos de Milei están alimentados por lo que definió como un votante "filoperonista, de clase baja, que se desilusionó y se vuelca a alguien que expresa algo nuevo y un castigo a la clase política".

El Milei de este año, aseguró, no corre por la derecha y el liberalismo, sino por ser antisistema y sacar votos entre los votantes más despolitizados.

"Si solo votaran hoy en argentina los menores 30 años, Milei ganaría la lección. Y si sólo lo hicieran los votantes hombres de esa edad, ganaría en primera vuelta", aseguró. La posibilidad de un escenario en el que Milei pudiera ganar las elecciones, aseguró, depende de si el Gobierno "aterriza o no el avión".

Estén o no en la boleta, Cristina Kirchner y Mauricio Macri van al centro

La decisión de la vicepresidenta Cristina Kirchner de no participar de las elecciones abrió el espacio para una reconfiguración del Frente de Todos. Aún así, pese a no ser candidata, la idea de que se retire de la política o de la toma de decisiones y deje la centralidad es una alternativa que no está bajo análisis.

Para Catterberg, la figura de Cristina Kirchner sigue siendo determinante y la de más peso en la provincia de Buenos Aires. "Ella no va a legar el liderazgo en la toma de decisiones. No creo mucho en estos renunciamientos", aseguró.

Del lado de Juntos por el Cambio, la expectativa de volver al Gobierno une a un espacio signado por las diferencias internas, donde Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich compiten por una conducción que Mauricio Macri no quiere entregar.

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En la oposición, Larreta y Bullrich se pelean por un liderazgo que Macri no parece entregar fácilmente.

"Macri sigue siendo un dirigente muy desprestigiado, más que el promedio de la política", analizó Catterberg. "Sus chances electorales son muy limitadas, como las de Cristina Kirchner. Pero más allá de los votos que tienen, ambos tienen el poder político y la capacidad de alterar la dinámica interna de sus espacios".

"Estamos viendo un conflicto político entre Larreta, que dice que le corresponde a él el liderazgo, y Macri, que dice que no está dispuesto a entregar tan fácilmente la llave del liderazgo. Aunque para marzo o abril puede haber una negociación. A Cambiemos no le conviene una PASO salvaje en agosto", afirmó.