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Laura Fernández es la nueva presidenta de Costa Rica: por qué la comparan con Bukele

Uno de los ejes principales del programa de gobierno de Fernández es la seguridad, luego del fuerte incremento de la violencia que atraviesa su país
Por iProfesional
ACTUALIDAD - 02 de Febrero, 2026

Laura Fernández Delgado se convirtió este domingo en la nueva presidenta electa de Costa Rica tras imponerse con amplitud en las elecciones presidenciales y evitar una segunda vuelta. La candidata de Pueblo Soberano, fuerza de centroderecha vinculada al presidente saliente Rodrigo Chaves, logró más del 48% de los votos, superando a otros 19 postulantes.

Según datos del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), con más del 88% de las mesas escrutadas, Fernández se impuso sobre Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional, quien quedó en segundo lugar con el 32%. El oficialismo también obtuvo una victoria clave en el Congreso, al quedarse con 30 de los 57 diputados de la Asamblea Legislativa.

En su primer discurso tras conocerse los resultados, la presidenta electa prometió encabezar un gobierno de "diálogo y concordia nacional, respetuoso y firme del Estado de derecho", aunque adoptó un tono inusualmente duro hacia sectores opositores, a los que calificó como "obstruccionistas y saboteadores".

Un liderazgo alineado con Rodrigo Chaves

Durante su mensaje de victoria, Fernández expresó reiteradamente su agradecimiento a Rodrigo Chaves, quien respaldó abiertamente su candidatura como continuidad de su proyecto político para el período 2026-2030. En línea con ese posicionamiento, defendió valores asociados a la "vida", la familia y el libre mercado, e insistió en la necesidad de profundizar las reformas iniciadas por el actual gobierno.

Con 39 años, Fernández asumirá el próximo 8 de mayo y se convertirá en la segunda mujer en llegar a la presidencia de Costa Rica, después de Laura Chinchilla (2010-2014).

Perfil técnico y sin experiencia electoral previa

Laura Fernández llegó a la presidencia sin haber competido antes en elecciones. Es licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Costa Rica y cuenta con una especialización en Políticas Públicas. Su trayectoria se desarrolló principalmente en el ámbito técnico y de gestión estatal, lo que le permitió consolidarse como una figura de confianza dentro del actual oficialismo.

Fue ministra de Planificación y luego ministra de la Presidencia durante el gobierno de Chaves, cargos a los que renunció para lanzar su candidatura. "A mí nadie me tiene que explicar cómo funcionan las instituciones ni decir dónde hay problemas. Yo conozco muy bien cómo ser gerente en el sector público", declaró en una entrevista durante la campaña.

Aunque comparte buena parte de la agenda política del presidente saliente, analistas destacan que su principal diferencia con Chaves radica en el estilo. Mientras el mandatario se caracterizó por un discurso confrontativo y personalista, Fernández intentó mostrarse como una dirigente más técnica, aunque en sus intervenciones públicas no evitó un tono duro frente a sus adversarios.

La continuidad como eje de campaña

La presidenta electa construyó su candidatura desde la idea de continuidad. Se presentó explícitamente como la "heredera" de Chaves, quien finaliza su mandato con niveles de aprobación superiores al 50%, según encuestas citadas durante la campaña. Sus seguidores se identifican como "rodriguistas" y destacan el liderazgo fuerte del mandatario.

Para el politólogo Ronald Alfaro-Redondo, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Pittsburgh, el desafío de Fernández fue posicionarse bajo la sombra de un presidente con alta popularidad. "El presidente ha hecho esfuerzos para transferir su respaldo, basado más en su personalidad y estilo que en el desempeño del gobierno", explicó.

Los logros económicos del actual gobierno fueron uno de los pilares del mensaje oficialista: crecimiento económico cercano al 5%, reducción del desempleo del 13% al 7%, inflación negativa y una baja de la pobreza al 15,5% en 2025, según cifras oficiales.

La seguridad, en el centro de la agenda

Uno de los ejes principales del programa de gobierno de Fernández es la seguridad. Costa Rica atraviesa un fuerte incremento de la violencia: en 2025 registró la tercera tasa de homicidios más alta de su historia, con 16,7 asesinatos cada 100.000 habitantes, y casi el 70% de los casos vinculados al narcotráfico, de acuerdo con el Organismo de Investigación Judicial.

Durante la campaña, Fernández afirmó que no descarta declarar estados de excepción en zonas críticas, una medida que implicaría la suspensión temporal de garantías constitucionales. Para avanzar con ese tipo de reformas, reclamó una mayoría legislativa de al menos 40 diputados, cifra que finalmente no alcanzó.

"En casos estrictamente necesarios, y si viéramos una escalada del sicariato, solicitaría a la Asamblea Legislativa la suspensión de garantías individuales", sostuvo. La propuesta fue una de las más cuestionadas por la oposición, que advirtió sobre posibles vulneraciones a los derechos fundamentales.

El modelo Bukele y la nueva megacárcel

En línea con la política de mano dura, Fernández aseguró que avanzará con la construcción del Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado, una megacárcel para 5.000 detenidos, inspirada en el modelo del Cecot de El Salvador. El proyecto fue anunciado por Chaves tras una visita del presidente salvadoreño Nayib Bukele.

Desde la oposición, sin embargo, cuestionaron la eficacia y el simbolismo de la iniciativa. Dirigentes políticos señalaron que las obras aún no comenzaron y calificaron el anuncio como un "show mediático". Además, advirtieron que replicar el modelo salvadoreño no resuelve de fondo las causas estructurales de la inseguridad.

Continuidad política y tensiones institucionales

Otro de los desafíos del próximo gobierno será la relación con el Poder Judicial. Fernández propone continuar con la reforma judicial impulsada por Chaves, una iniciativa que generó fuertes críticas por considerarse una posible intromisión en la división de poderes.

El propio presidente enfrentó un pedido del Tribunal Supremo de Elecciones para levantar su inmunidad constitucional por presunta injerencia en la campaña, solicitud que fue rechazada dos veces por el Congreso.

En el plano económico, aunque los indicadores macroeconómicos muestran estabilidad, sectores opositores sostienen que el orden fiscal se logró a costa de un ajuste en la inversión social. "No se puede alcanzar un superávit primario sacrificando programas sociales", advirtió el candidato de izquierda Ariel Robles durante la campaña.

Gobernar a la sombra del expresidente

Una de las incógnitas centrales del nuevo ciclo político es qué rol ocupará Rodrigo Chaves una vez finalizado su mandato. Fernández declaró que le gustaría que el expresidente asuma como ministro de la Presidencia o de Hacienda, una posibilidad inédita en la política costarricense.

"En Costa Rica, cuando un expresidente termina su mandato, deja la cancha despejada. Habrá que ver cómo ella gestiona esa convivencia política", señaló Alfaro-Redondo.

Con una victoria contundente y una fuerte identificación con el gobierno saliente, Laura Fernández inicia una etapa marcada por la continuidad, pero también por el desafío de construir un liderazgo propio en un contexto de alta polarización y demandas sociales crecientes.

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