TENÍA 61 AÑOS

Murió Darío Lopérfido, exfuncionario de De la Rúa y extitular del Teatro Colón

El exsecretario de Cultura durante el gobierno de la Alianza atravesaba un cuadro de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Falleció en Madrid
Por iProfesional
ACTUALIDAD - 27 de Febrero, 2026

Darío Lopérfido, exsecretario de Cultura durante la presidencia de Fernando de la Rúa, murió este viernes a los 61 años en Madrid. El exdirector del Teatro Colón atravesaba un cuadro de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad que le había sido diagnosticada poco más de un año atrás.

A lo largo de su trayectoria pública, se desempeñó como secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante el gobierno de De la Rúa. También fue director artístico del Teatro Colón, presidente de Ópera Latinoamérica y ocupó los cargos de secretario y ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.

En este último aspecto, cuando analizaba lanzarse como candidato a jefe de Gobierno, años después declaró: "Ser ministro de Larreta fue una de las peores experiencias de mi vida política’, y acusaba a su anterior jefe de haberse convertido en un "dirigente peronista".

En 2025 grabó una serie de cinco episodios en Madrid en los que entrevistó a distintas figuras del ámbito cultural y político. Entre ellas estuvieron el escritor Martín Caparrós, también diagnosticado con ELA y residente en la capital española; Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del Partido Popular; el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes y exvicepresidente de su país; el dirigente opositor venezolano Leopoldo López; y el dramaturgo cubano Yunior García, exiliado tras las protestas en la isla.

Una columna que revela la crudeza de la enfermedad

El exfuncionario también había publicado una columna en la revista Seúl, titulada "Tener ELA es una mierda". En ella relató sin filtros el impacto de la enfermedad en su cuerpo: "La ELA no te deja nada de glamour. Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba".

Y agregó: "Chau NOBU, chau pizzería del barrio, fue un gusto conocerlos: ya no querés que te vean comiendo y bebiendo. La ELA te embrutece (...) A menos que seas Stephen Hawking, que siempre fue una desgracia estética pero tuvo una cabeza privilegiada".

Lopérfido relató que, tras el avance de la enfermedad, solo le funcionaban una mano y una pierna, suficientes para continuar trabajando, aunque limitado a su hogar y de manera discreta: "Trabajar, pero en casa, escondido".

Lopérfido no se limitó a relatar su experiencia con la ELA, sino que también compartió su postura frente a la religión y las terapias alternativas: "No creo en Dios y ni siquiera soy agnóstico: soy ateo. No creo en la medicina alternativa ni en los laboratorios que se hacen ricos vendiendo ibuprofeno, y ningún dueño de ningún laboratorio va a vender su yate para investigar la cura de una enfermedad que afecta a poquísimas personas".

Y agregó que comprende la falta de popularidad de la ELA, pero dejó claro su escepticismo hacia cualquier práctica que considere sin base científica: "No creo en nada: ni vírgenes milagrosas, ni reiki, ni constelaciones familiares, ni homeopatía. En nada. Todo me da risa y si pruebo algo de eso me tiento al minuto".

Y cerró: "Estoy muy atento a mi deterioro y sigo pensando en eso a diario. De todas las torturas que me depara la enfermedad, ser un padre limitado es la peor y la que no tiene solución. Escribir me calma porque pienso que cuando crezca y yo esté muerto, él podrá leerme".

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