Pinamar lanza un inédito plan que cambiará para siempre este clásico destino de la Costa Atlántica
Puntos importantes
El Municipio de Pinamar avanza con "Pinamar 2050", un plan que tiene como objetivo el ordenamiento territorial y urbano de la zona y que, en el aspecto inmobiliario, busca dejar atrás la dependencia exclusiva de la renta turística de temporada para convertirse en una ciudad de residencia permanente.
Pinamar 2050 abarca la totalidad del partido, incluyendo las localidades de Pinamar, Cariló, Valeria del Mar y Ostende, plantea una visión a largo plazo y, como todo cambio profundo, ya está despertando interrogantes y debates en distintos sectores sobre el impacto que podría tener en la movilidad, la capacidad de los servicios públicos y la preservación de los ecosistemas costeros.
El proyecto está en las dos últimas fases que definen cómo crecerá y se organizará el territorio en las próximas décadas; establece el modelo de ciudad que se busca alcanzar, delimitando áreas, zonas y distritos, junto con los objetivos, lineamientos y acciones necesarias para acompañar ese crecimiento y avanza sobre el marco normativo mediante un nuevo Código de Ordenamiento Urbano y Territorial, que determinará: cómo podrá utilizarse el suelo, qué actividades estarán permitidas en cada sector, qué criterios de protección ambiental se aplicarán y qué herramientas tendrá el municipio para gestionar un desarrollo más equilibrado y sostenible.
Según los especialistas consultados por iProfesional, el cambio más importante es que el nuevo código va a actualizar una norma vieja para una realidad completamente distinta, cuando Pinamar tenía otra escala, otro perfil turístico, otra presión sobre el suelo y otra dinámica de crecimiento.
Hoy todo eso cambió: la demanda es otra, la movilidad es otra, la infraestructura está mucho más exigida y la ciudad ya no funciona igual que hace cuarenta años.
El presidente del Centro Profesional de Martilleros de Pinamar, Mariano Damiani, sostuvo que el crecimiento de la ciudad es un proceso natural que debe estar acompañado por una planificación adecuada.
"Pinamar está creciendo y es importante que ese crecimiento venga de la mano de una planificación. Es el principal destino de la Costa Atlántica y considero muy valioso que la gente quiera invertir acá. El crecimiento no responde únicamente a un negocio inmobiliario, sino a personas e inversores que eligen apostar por el mejor destino de la costa", afirmó.
Cariló proyecta su desarrollo con foco en el paisaje y la calidad de vida
El Plan Director de Cariló, que fue aprobado en 2020, sentó las bases para ordenar el crecimiento de la localidad. Hoy, el proyecto Pinamar 2050 retoma esos lineamientos, pero los amplía a todo el partido para integrar el desarrollo urbano dentro de una planificación territorial más amplia y coordinada.
En ese sentido, Joaquín Bustillo de Celtis Propiedades, señala que, en Cariló, los alcances positivos del nuevo código son muy claros: "se reordena la relación entre lo hotelero, lo comercial y lo residencial, se fortalecen áreas pensadas para equipamientos y servicios, y aparecen categorías nuevas o reformuladas dentro de una discusión mucho más fina sobre cómo deberían crecer el norte y el sur de la localidad".
En el caso de Cariló, esto resulta especialmente importante, porque no se trata solo de sumar metros construidos, sino de preservar un carácter muy particular: el bosque, la playa, la baja densidad y una calidad paisajística que forma parte de su identidad.
Barrios, hoteles y proyectos mixtos: hacia un nuevo modelo urbano
Uno de los puntos más sensibles del debate es que el nuevo código permitiría habilitar edificios de mayor altura -sólo en Pinamar, no en Cariló, dónde los desarrollos de propiedad horizontal son de baja densidad y por ende de baja altura-.
Sin embargo, la identidad histórica de Pinamar está muy ligada a la relación entre construcción, bosque y playa. Si esa escala se rompiera sin criterio, el daño podría ser importante.
En defensa de ese cambio, Bustillo señala que, "no es lo mismo concentrar edificios de mayor altura en sectores puntuales, como el eje de Bunge, que permitir altura indiscriminada en cualquier parte del partido o directamente sobre la costa".
En ese sentido, considera que, si la mayor intensidad se concentra en áreas específicas, más urbanas, bien separadas y lejos del frente costero pinamarense, "puede ser una forma razonable de absorber crecimiento sin desparramarse por todos lados".
Todo indica que, una vez que el plan esté en marcha, habrá en Pinamar, un desarrollo combinado de edificios premium, barrios cerrados y proyectos mixtos.
En Cariló, por su parte, "el perfil más fuerte parece orientarse hacia proyectos mixtos de alta calidad, con una impronta marcada de vivienda de baja densidad, hotelería y servicios, una apuesta por algo más refinado: no tanto volumen, sino más calidad y un producto inmobiliario más adaptado a las nuevas formas de vacacionar y habitar", destaca Bustillo.
Entre uno de los principales objetivos del plan se destaca abandonar la dependencia exclusiva de la renta turística de temporada, "incorporando también condiciones para una vida más estable, especialmente en los sectores donde la infraestructura lo permita", asegura el titular de Celtis.
En Cariló Norte, sobre todo en la zona más cercana a la ruta, aparece con más claridad una lógica vinculada a vivienda permanente, servicios y equipamientos. Eso tiene bastante sentido: si crece la actividad turística, también hace falta más mano de obra, más servicios y más población estable que sostenga esa dinámica todo el año.
En Cariló Sur, más cerca de la playa, el perfil es claramente más turístico y vacacional. Y eso también puede leerse como una fortaleza: entender que no todo el territorio cumple la misma función.
Los jugadores del rubro imaginan un mercado más segmentado, más sofisticado y menos uniforme. Un Pinamar más urbano y central, sectores más mixtos, áreas costeras más reguladas y que Cariló siga apostando fuerte por la calidad ambiental, el diseño y productos más ligados a nuevas formas de habitar y vacacionar.
Algunas voces advierten sobre una ciudad sin planificación suficiente
Sin embargo, en medio del optimismo que genera la iniciativa, algunos sectores expresan preocupación por el impacto que podría tener el proyecto en el futuro de Pinamar.
El dirigente vecinalista pinamarense Martín Porretti aseguró a este medio que la propuesta "está hecha a medida de determinados desarrolladores" y que pone en riesgo la identidad de la ciudad.
"Cuando uno lee el proyecto, la sustentabilidad aparece como un concepto, pero en ningún momento se explica cómo se va a garantizar mientras se habilita la construcción de miles de metros cuadrados sobre el frente marítimo. Lo mismo ocurre con el ingreso a Pinamar, donde se proyecta la construcción de torres", sostuvo.
Según Martín Porretti, el nuevo ordenamiento urbano plantea una ciudad preparada para albergar hasta 700.000 habitantes, "más que algunas ciudades del conurbano bonaerense".
A partir de esa proyección, el dirigente plantea una serie de interrogantes vinculados a la calidad de vida y a la infraestructura necesaria para sostener ese crecimiento:
- ¿Cuántos adolescentes habrá? ¿El proyecto contempla un corredor educativo? ¿Cómo se van a trasladar?
- Hoy Pinamar tiene el boleto de colectivo más caro del país y las unidades siguen siendo las mismas
- Las dudas también alcanzan a la capacidad de la planta depuradora, el sistema de cloacas y el estado de las calles asfaltadas
- La infraestructura sanitaria que demandaría una expansión de esa magnitud
"No se trata solamente de construir más. Se trata de saber qué ciudad queremos para nuestros hijos y nietos, y si estamos preparados para acompañar ese crecimiento con servicios, educación, salud, transporte e infraestructura", plantean quienes observan con preocupación el alcance del proyecto.
Dejar atrás la estacionalidad y consolidarse como ciudad permanente
"Pinamar hace tiempo que empezó a dejar de ser solo un destino de verano", afirma Joaquín Bustillo. Cada vez más personas la eligen para vivir, trabajar, estudiar o pasar buena parte del año en el partido, una transformación que, sostiene, ahora debe ser acompañada por una planificación acorde.
En ese escenario, Cariló también podría desempeñar un papel clave. "No necesariamente como una ciudad masiva, sino como una pieza más diversa dentro del partido, con una mayor vida permanente y no exclusivamente ligada al turismo", explica.
A su entender, si el crecimiento se ordena de manera adecuada, podrá sumar actividad económica y población estable sin perder el perfil ambiental y residencial que la caracteriza.
El bosque, los médanos y el negocio inmobiliario: la pelea por el futuro de Cariló
Una vez que el plan esté en marcha, uno de los desafíos será ordenar el frente marítimo para lograr un equilibrio entre el uso turístico y la preservación ambiental, con más calidad en el espacio público y un mejor acceso al mar, pero sin afectar el sistema dunar.
"En Cariló esto es especialmente delicado. La playa es el gran atractivo, pero también el recurso más frágil. La clave es que siga siendo accesible sin convertirse en un borde costero saturado de intervenciones que dañen el paisaje", explica Bustillo.
El desafío, sostienen los especialistas, es entender que crecer no implica destruir si existen reglas claras y controles adecuados. En destinos como Pinamar y Cariló, el bosque, los médanos y el acuífero no son solo valores ambientales, sino también activos económicos que sostienen el turismo y el desarrollo inmobiliario.
En ese sentido, el Plan 2050 busca combinar crecimiento y preservación mediante herramientas como mayores retiros, criterios de baja densidad, protección forestal y planificación previa de infraestructura como cloacas, agua y drenaje.
Además, el desarrollo de nuevas áreas podría permitir la creación de más espacios verdes públicos de calidad, sumando valor urbano sin perder la identidad que distingue a Cariló.
La clave, concluyen, no es frenar el crecimiento, sino ordenarlo con inteligencia.
Pinamar 2050: la oportunidad de convertirse en un modelo para la Costa Atlántica
El futuro de Pinamar dependerá, en gran medida, de cómo se lleve adelante esta transformación. Más allá de la aprobación del plan, el verdadero desafío será su implementación: lograr que el crecimiento urbano avance de la mano de la infraestructura, la preservación ambiental y una mejor calidad de vida para quienes viven y visitan el partido.
La iniciativa abre una discusión que excede los límites de Pinamar y pone sobre la mesa una pregunta clave para toda la Costa Atlántica: cómo crecer sin perder aquello que hace único a cada destino.
Con su valor paisajístico, su identidad vinculada al bosque y la playa, y una creciente demanda de vivienda permanente, Pinamar tiene la posibilidad de convertirse en un caso de referencia. Pero para eso será fundamental que el desarrollo no quede solo en los planos, sino que se traduzca en una planificación sostenida, con controles, inversión y una mirada de largo plazo.