Crecida del Paraná en Corrientes: playas tapadas, familias evacuadas y alerta por turismo

El río amenaza con alcanzar el nivel de evacuación en los próximos días. Vecinos ya retiran sus pertenencias ante el ingreso del agua a sus viviendas
vacas inundacion el niño

La crecida del río Paraná comienza a mostrar dos caras en Corrientes. Mientras en la capital provincial parte de la población intenta mantener su rutina cotidiana, la pérdida de playas y espacios recreativos genera preocupación por el impacto económico y turístico. En las zonas más bajas, en cambio, el avance del agua ya obliga a familias a abandonar sus viviendas y buscar refugio en sectores más elevados.

Según los últimos reportes de la Prefectura Naval Argentina (PNA), el nivel del Paraná en la capital correntina se ubicaba en 6,28 metros, todavía por debajo de los 7 metros establecidos como nivel de evacuación. Sin embargo, el río continúa creciendo y las previsiones indican que podría alcanzar esa marca entre el 20 y el 21 de octubre.

El escenario ya se refleja en distintos puntos de la costanera. Una parte importante de la playa del Club de Regatas Corrientes quedó bajo el agua, mientras que otros sectores turísticos también comenzaron a perder superficie disponible. La playa Arazaty, una de las últimas que todavía conserva espacios de arena sin cubrir, permanece junto a Malvinas I y II, que ya dejaron de ser transitables.

Las playas pierden terreno ante la crecida del río Paraná

Aldana Salas y Laura Sartori aprovecharon la superficie de playa que todavía queda disponible en Arazaty. Mientras permanecían en la arena, recordaron cómo el agua fue avanzando sobre otros sectores durante las últimas semanas.

"Esta era la más grande, pero no veníamos nunca a esta. Malvinas 1 fue la primera que se tapó hará hace un mes. Y Malvinas 2 se tapó ahora nomás, en la última lluvia, en el último temporal. En Malvinas 2 habían hecho como una represa chiquitita para que no bordee tanto el agua, e igual no sirvió", contó Aldana durante una recorrida de Clarín.

La escena se repite en distintos puntos de la costa: personas que levantan sus pertenencias a medida que el agua rodea los espacios donde estaban instaladas. Aunque el nivel del río todavía no alcanzó la marca de evacuación en la capital, la tendencia ascendente mantiene en alerta a los vecinos.

La preocupación también alcanza a la actividad económica. El turismo asociado a las playas representa un movimiento importante para la ciudad, especialmente en los sectores comerciales y gastronómicos vinculados con la costanera.

"A la parte del centro esto le va a re afectar en el tema de la economía, el turismo de la playa mueve muchísimo. Ya hay gente que está levantando todas sus cosas. El barrio Caridi seguro es el más perjudicado porque hay mucha zona baja", advirtió Silvina, una vecina de Corrientes que vive lejos de la costa.

Sin embargo, el impacto de la crecida va mucho más allá de la pérdida de espacios de recreación. En algunos barrios, el avance del Paraná amenaza directamente las viviendas y deja a familias sin una alternativa habitacional permanente.

Barrio Caridi, entre el avance del agua y la falta de recursos

En el bajo Caridi, en la periferia de la capital correntina, cuatro viviendas precarias quedaron arrinconadas por la crecida. El agua marrón del Paraná ya ingresó al patio de la casa de Roberto Alcaraz, donde se mezcla con los juguetes de los chicos.

Desde temprano, el vecino comenzó a sacar los muebles y las pertenencias que todavía podía rescatar. La vivienda es la segunda más cercana a la orilla. La familia que ocupa la casa contigua, integrada por una mujer y su hijo, ya había tenido que trasladar sus cosas a la casa de un vecino.

Para quienes viven en ese sector, la alternativa inmediata es abandonar temporalmente sus hogares y trasladarse a una parte más alta del barrio. No quieren dejar sus casas, pero el avance del agua reduce las posibilidades de permanecer allí.

La mudanza se organiza contrarreloj. Un referente barrial consiguió chapas y tirantes donados para improvisar un refugio, mientras los vecinos reúnen dinero para contratar un flete y trasladar los muebles que todavía no fueron alcanzados por la inundación.

"Ya hace unos años pasamos por algo así. Se inundó todo y no queríamos irnos. Volvimos para acá, porque es donde vivimos. Tenemos que estar rompiendo todo, sacando todas las cosas de nosotros para ir a instalarnos allá. En la calle. Necesitamos un flete porque no tenemos movilidad, no tenemos ni plata. Para comer hoy tuvimos que poner un poquito para cada uno y comer en la casa de un vecino", relató Roberto.

La falta de recursos condiciona cada decisión. El caballo con el que trabaja es su principal herramienta para generar ingresos, pero, según explicó, lo que gana apenas le alcanza para alimentarlo.

La noche del jueves, las familias habían organizado una olla popular para compartir la comida. Horas después, al amanecer, encontraron que el agua ya había alcanzado dos de las viviendas de la zona.

El riesgo para los chicos y la incertidumbre por los próximos días

La presencia de numerosos chicos en el barrio vuelve todavía más urgente la necesidad de encontrar una salida. Mientras los adultos intentan rescatar muebles y organizar el traslado, los más pequeños observan el movimiento entre las pertenencias deterioradas y la suciedad acumulada en las inmediaciones del riacho.

"Nos avisaron que nos van a cortar toda la luz. Pero hay que salir de acá cuanto antes, imaginate lo que es esto, en una noche ya llegó a la segunda casa. Es un peligro para los chicos, el agua trae hasta víboras ya. Acá cuando llueve esto es una odisea. Un peligro", advirtió Roberto.

El vecino también aseguró que no reconoce haber recibido asistencia del municipio de Corrientes y remarcó las dificultades que enfrentan para conseguir transporte y alimentos.

Mientras las previsiones mantienen la atención puesta en la evolución del Paraná durante los próximos días, la situación expone las diferencias entre los efectos de la crecida en la capital provincial. En algunos sectores, el agua reduce las playas y amenaza con afectar al turismo; en otros, obliga a familias vulnerables a abandonar sus hogares sin contar con los recursos necesarios para afrontar una emergencia.

Con el río en ascenso y la posibilidad de alcanzar el nivel de evacuación entre el 20 y el 21 de octubre, la incertidumbre se concentra ahora en cuánto avanzará el agua y qué capacidad tendrán los vecinos para proteger sus pertenencias y encontrar un lugar seguro donde permanecer.

Temas relacionados