Argentina y México acercaron posiciones y ya se habla de la firma de un nuevo acuerdo de Libre Comercio
Puntos importantes
Durante el último encuentro que se realizó hace tres semanas, se acercaron posiciones de manera efectiva por primera vez. Por un lado, México puso sobre la mesa condiciones para habilitar exportaciones agropecuarias argentinas -carne vacuna y bovina, aceite de soja, vinos- como compensación parcial al fuerte desequilibrio del comercio automotor; y por el otro, la delegación argentina aceptó esos planteos al considerar que representan una apertura real, aunque acotada, para sus productos.
Ahora, la situación es de espera. Argentina dio el visto bueno a los cambios propuestos y aguarda que el gobierno mexicano confirme oficialmente su aprobación para fijar una fecha de firma.
Persisten detalles menores por resolver, como la duración del acuerdo: mientras históricamente se renovó cada año, las empresas argentinas impulsan que pase a ser indefinido para evitar discusiones anuales. La inquietud radica en que México vuelva a introducir modificaciones y reabra la negociación, algo que -según admiten quienes participan del proceso- suele ocurrir.
Ese avance llega después de cinco meses de parálisis. El acuerdo de libre comercio automotor entre ambos países está caído desde el 18 de marzo y el impacto sobre el mercado argentino se volvió cada vez más visible.
Cómo está el stock de las automotrices
La demora que se había generado en el cierre del acuero afectó el stock de las automotrices e importadores que traen autos de México. Si bien aseguraban contar con inventarios suficientes para sostener algunos meses de demanda, el tiempo demostró que esas reservas no eran ilimitadas y varias compañías comenzaron a restringir la comercialización de modelos mexicanos, primero mediante recortes en la suscripción de planes de ahorro.
El convenio bilateral establece un régimen de libre importación hasta un cupo determinado y sin pago de aranceles, un beneficio clave para un país extrazona que, de otro modo, debería afrontar un arancel del 35%. Mientras el límite no se supera, los vehículos ingresan sin recargo; una vez excedido, cada unidad paga la tarifa plena. Ese esquema forma parte del Acuerdo de Complementación Económica N.º 55 del Mercosur, renovado anualmente y actualizado por última vez en abril de 2025. Allí se fijó un cupo de u$s 773 millones sobre el valor FOB de los vehículos, equivalente a unas 27.000 unidades considerando un promedio de u$s 20.000 por unidad.
La renovación del acuerdo se trabó por las diferencias entre los gobiernos. México rechazó durante meses los pedidos argentinos de ampliar el comercio de productos agropecuarios en el marco del ACE 6, y Argentina respondió que no avanzaría con la actualización del ACE 55 sin destrabar previamente esos rubros. El trasfondo es un desequilibrio estructural: Argentina no exporta vehículos a México y todo el flujo comercial proviene del país norteamericano. El objetivo argentino era lograr algún grado de compensación.
A esa tensión bilateral se sumaron factores internos. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, evitó abrir el mercado agropecuario para no generar fricciones con productores locales, y además concentró su agenda en el conflicto arancelario automotor con Estados Unidos, de magnitud mucho mayor que el intercambio con Argentina. La falta de afinidad política con el gobierno de Javier Milei agregó otro obstáculo.
Qué modelos de autos fueron afectados por las trabas en el acuerdo
El listado de modelos afectados por la caída del acuerdo es amplio.
Desde México llega el Volkswagen Taos —que dejó de producirse en Argentina a mediados de año y pasó a importarse—, además de Tiguan y Vento.
Nissan enfrenta un escenario similar: discontinuó en Córdoba la producción de la pick-up Frontier y planeaba abastecerse desde México; también importa Sentra y Versa.
Ford trae la pick-up Maverick y el SUV Bronco Sport; Stellantis, la RAM 2500; Honda, el ZR-V; BMW, el Serie 3; Kia, los K3 y K4; y Chevrolet, la pick-up Silverado. Si cualquiera de estos modelos ingresara hoy al país, debería pagar el arancel del 35%, lo que encarecería su precio final. El impacto no es lineal -el arancel se aplica sobre el valor FOB y no sobre el precio de venta-, pero aun así podría rondar el 20%, un ajuste significativo para vehículos que dependen de este régimen para sostener su competitividad.
En este contexto, el avance logrado en las últimas semanas representa un alivio parcial para las automotrices, aunque todavía sin garantías. Todo depende de que México confirme lo conversado y no introduzca nuevas exigencias que vuelvan a demorar la firma. Según admiten quienes siguen de cerca la negociación, las sorpresas mexicanas son una posibilidad que nunca puede descartarse