Honda Transalp E-Clutch: cómo anda la trail de 92 CV que cambia la forma de manejar
Ideal para el asfalto y algo de tierra, se maneja muy fácil sin accionar el embrague. La probamos y te contamos cómo anda frente a los rivales
El segmento de las motos trail de media-alta cilindrada es uno de los más competitivos del mercado. Son modelos pensados para quienes buscan viajar largas distancias, moverse por la ciudad y, al mismo tiempo, tener la posibilidad de salir del asfalto para explorar nuevos caminos.
En ese escenario, la nueva generación de la Honda Transalp conserva el espíritu aventurero de un modelo histórico de la marca japonesa, pero incorpora una mecánica moderna, ayudas electrónicas y una tecnología que busca simplificar la conducción sin quitarle protagonismo al motociclista gracias a la novedad de la versión 2026, el sistema E-Clutch.
Con esta incorporación, la moto automatiza el accionamiento del embrague, permitiendo arrancar, detenerse y cambiar de marcha sin utilizar la maneta. Esto no quiere decir que la Transalp se convierta en una moto automática, sino que el conductor sigue seleccionando las velocidades mediante el pedal, pero la electrónica se ocupa de gestionar el embrague.
La manejamos por varios kilómetros para sentir en primera persona cómo anda y evaluarla frente a los rivales. Con un valor de u$s18.000 con este sistema (u$s17.500 sin E-Clutch) es una moto equilibrada y rutera, pero con capacidad para la aventura. Apunta directamente a ese motociclista fanático de la historia del modelo y de la marca del ala dorada que busca una herramienta confiable, moderna y potente para viajar sin fronteras, sin resignar agilidad en el uso diario.
Cómo es el diseño la Honda Transalp 2026
Lo primero que percibimos al tomar el contacto con una moto es cómo es su estética y posición de manejo, clave para el control de la misma. En este sentido, la Transalp es una moto imponente pero contenida. Con una altura de asiento accesible y una cintura estrecha, un piloto de 1,80 m llega con los dos pies prácticamente por completo al suelo, logrando una postura de manejo cómoda y natural para la ruta.
La moto mide 2.325 mm de largo, 838 mm de ancho y 1.455 mm de alto, con una distancia entre ejes de 1.560 mm. La altura del asiento es de 850 mm, una medida que conviene considerar al momento de elegirla, especialmente para quienes no tienen demasiada experiencia con motos de este tamaño.
Durante la prueba, la ergonomía se destacó por la comodidad. Es importante la altura del piloto, pero la facilidad para llegar al suelo depende de la contextura física de cada persona y de la agilidad.
La triangulación entre manillar, asiento y estriberas está bien lograda. La postura no obliga a flexionar demasiado las rodillas ni a cargar excesivamente el peso sobre las manos, algo que se agradece cuando se acumulan kilómetros.
La protección aerodinámica cumple con el planteo del modelo, aunque los motociclistas más altos pueden percibir turbulencias en viajes prolongados a velocidades elevadas. Es un aspecto que depende de la altura del conductor y que puede evaluarse con accesorios específicos si el uso principal será rutero.
Motor de 755 cc y 92 CV, cómo responde la Honda Transalp
Uno de los puntos fuertes de la XL750 Transalp es su motor bicilíndrico en paralelo de 755 cc, cuatro tiempos, ocho válvulas y refrigeración líquida. Cuenta con inyección electrónica programada PGM-FI y una caja de cambios de seis velocidades.
Los 92 CV y 75 Nm le permiten desenvolverse con soltura tanto en el uso cotidiano como en viajes por ruta.
En ciudad, el motor muestra una respuesta progresiva y permite dosificar el acelerador con facilidad. Esa característica resulta importante en una moto de este porte, especialmente al circular entre autos, realizar maniobras a baja velocidad o en medio del tránsito cuando está muy cargado.
Cuando se puede acelerar en ruta, aparece el carácter más enérgico del bicilíndrico. La entrega de potencia gana contundencia a medida que suben las revoluciones y permite realizar sobrepasos con solvencia, sin que la moto pierda su perfil turístico.
También cuenta con modos de conducción bien diferenciados que ayudan al desempeño de la moto. Son Sport, Standard, Rain, Gravel y un modo User totalmente personalizable que modifican la entrega de potencia, el freno motor, el control de tracción y el nivel de anti-wheelie. La posibilidad de regular la dureza del tacto de la palanca de cambios e incorporar el sistema de embrague asistido o E-Clutch según versión, aporta un plus de funcionalidad y confort inigualable.
En cuanto a las suspensiones y frenos, brinda mucha solidez.
La suspensión delantera utiliza una horquilla invertida Showa con 200 mm de recorrido, mientras que atrás incorpora un monoshock Showa con sistema Pro-Link y 190 mm de recorrido, de acuerdo con la ficha técnica argentina.
La combinación busca absorber las irregularidades del terreno y conservar estabilidad sobre el asfalto. En la prueba, el conjunto transmitió una sensación de confianza, con un comportamiento ágil en curvas pese a tratarse de una moto de dimensiones generosas y un peso de 216 kg.
Las ruedas tienen una configuración típica de trail: neumático delantero 90/90-21 y trasero 150/70-18. La rueda delantera de 21 pulgadas favorece el desempeño sobre superficies irregulares, mientras que en conjunto mantiene el buen desempeño entre el uso rutero y las incursiones fuera del asfalto.
El tanque de combustible tiene una capacidad de 17 litros, un dato relevante para quienes planean hacer viajes largos. La autonomía real, de todos modos, depende del ritmo de conducción, la carga, el tipo de camino y las condiciones de uso.
Honda E-Clutch, qué cambia al manejar
La principal diferencia de esta Transalp está en la forma de gestionar los cambios. En una moto convencional, el conductor debe coordinar la maneta del embrague, el acelerador y el pedal de cambios para arrancar, detenerse y seleccionar una nueva marcha. Con el Honda E-Clutch, esa tarea se simplifica porque el sistema administra electrónicamente el embrague.
En la práctica, el motociclista puede arrancar desde detenido, cambiar de marcha hacia arriba o hacia abajo y frenar hasta detenerse sin accionar la maneta. La selección de las velocidades sigue siendo manual, mediante el pedal, por lo que no se trata de una transmisión automática.
El sistema también permite utilizar la maneta de manera convencional cuando el conductor lo prefiere. Esta posibilidad es importante porque conserva la sensación de control propia de una moto tradicional y permite adaptar su uso a las preferencias de cada usuario.
En el tránsito urbano, la ventaja aparece en las detenciones frecuentes, las arrancadas y las maniobras lentas. En caminos sinuosos, la tecnología ayuda a simplificar las transiciones entre marchas y a mantener una conducción más fluida.
La tecnología no elimina la necesidad de aprender a conducir una moto de esta cilindrada, pero sí reduce una parte del trabajo que debe realizar el motociclista. Para quienes utilizan la moto todos los días y también salen a viajar los fines de semana, puede representar una diferencia concreta en comodidad.
Competidores de la Honda Transalp
Dentro del segmento trail de cilindrada media, la Honda se enfrenta a modelos como Yamaha Ténéré 700, Suzuki V-Strom 800DE y las propuestas de BMW. Evaluamos algunos puntos a tener en cuenta si estás pensando en comprar algún modelo de este segmento:
Frente a la Yamaha Ténéré 700:
Ventajas de la Transalp: Ofrece más potencia (92 CV frente a los aprox. 73 CV de la Yamaha), un paquete electrónico más evolucionado (modos de conducción, pantalla TFT a color de 5" con conectividad Honda RoadSync y control de tracción avanzado), y una comodidad superior para viajes largos en ruta y asfalto.
Desventajas: La Ténéré 700 sigue siendo la referencia indiscutida para los más puristas del off-road extremo debido a su ligereza estructural pura y un despeje pensado para castigo severo en tierra, terreno donde la japonesa de los diapasones se siente más minimalista y enfocada al enduro.
El precio es de u$s19.950.
Frente a la Suzuki V-Strom 800DE
Ventajas de la Transalp: La Transalp logra disimular mejor su peso en parado y baja velocidad, ofreciendo una agilidad sobresaliente en curvas cerradas. Su estética está mejor integrada con la tradición rutera de la marca y su pantalla TFT con gestión automática de brillo nocturno/diurno está un escalón arriba en visibilidad y refinamiento tecnológico.
Desventajas: La V-Strom 800DE cuenta con suspensiones de recorrido ligeramente más generoso y un carácter de ciclo puramente campero que, para un uso intensivo fuera de ruta, puede sentirse un ápice más robusta en el tren delantero.
El precio es de u$s18.900
Frente a la BMW F 900 GS
Ventajas de la Transalp: La relación precio-calidad-tecnología de Honda es de las más competitivas del mercado. Mientras que el mantenimiento y los opcionales en el mundo alemán suelen escalar rápidamente en costos, la Transalp ofrece una propuesta mecánica noble, con intervalos de servicio lógicos cada 10.000 km y una entrega de potencia sumamente divertida y lineal.
Desventajas: BMW gana terreno en el mercado en cuanto a la oferta de accesorios de fábrica enfocados en el gran turismo (maletas de aluminio integradas, soportes específicos y opciones de ergonomía ajustable de serie más amplias).
El precio va desde u$s22.900 a u$s31.000
Para qué tipo de viajes y conductor se recomienda la Transalp
La Honda XL750 Transalp 2026 mantiene el espíritu de una moto preparada para viajar, con una mecánica, una posición de conducción cómoda y recursos para alternar entre rutas y caminos de tierra.
La novedad del E-Clutch no está en convertirla en una automática, sino en simplificar una de las operaciones más frecuentes durante la conducción. Poder arrancar, detenerse y cambiar de marcha sin accionar la maneta reduce el trabajo del piloto y aporta comodidad en distintas situaciones.
Por su equilibrio entre prestaciones, ergonomía y tecnología, la Transalp es una alternativa para quienes buscan una trail mediana para el uso diario, las escapadas de fin de semana y los viajes largos. La versión E-Clutch agrega una innovación que puede marcar la diferencia en la experiencia cotidiana, sin quitarle al conductor la posibilidad de elegir cómo quiere manejar.