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Furor por el billete verde: ¿Cómo y cuándo comenzó la obsesión argentina por el dólar?

Furor por el billete verde: ¿Cómo y cuándo comenzó la obsesión argentina por el dólar?
Desde la década del ‘30, pero fundamentalmente desde los ‘50, se desarrolló el progresivo proceso de popularización de la moneda en el país
14.09.2019 10.11hs Economía

¿A qué precio cotizaba el dólar oficial para la venta el 26 de febrero de 2015? La pregunta brilla sobre la pantalla de la tevé. El conductor Santiago del Moro se la lee en voz alta a una concursante de Quién quiere ser millonario, por Telefe.

Las opciones en pantalla son: A) 4,45; B) 14,55; C) 8,73; D) 18,98. Esta edición salió al aire el 8 de abril de 2019, cuando el dólar cotizaba a $44,6 el tipo vendedor.

En otros países, sólo profesionales de la economía o personas vinculadas al comercio exterior tienen presente la información sobre la cotización del dólar; en la Argentina, forma parte de la cultura general del gran público. Cada mañana, se necesita saber la temperatura, estado del tránsito y cotización del dólar. Datos esenciales para la vida cotidiana en la gran ciudad.

En este contexto, los sociólogos Mariana Luzzi y Ariel Wilkis, autores del libro "El dólar: historia de una moneda argentina", explican por qué y desde cuándo la divisa norteamericana es un termómetro social y político del país.

Desde la década del ‘30, pero fundamentalmente desde los años ‘50, se desarrolló el lento pero progresivo proceso de la popularización del dólar en la Argentina. A lo largo de este extenso período, la información sobre la moneda estadounidense pasó de ser un asunto de interés exclusivo para el mercado financiero o el comercio exterior, a convertirse poco a poco en un tema y problema de relevancia pública y política para sectores sociales cada vez más amplios.

"Dicen algunos traficantes que existen dentro del país que no tenemos dólares. Yo les pregunto a ustedes, ¿han visto alguna vez un dólar?". Dos años y medio después de asumir por primera vez la presidencia de la Nación, en agosto de 1948, Juan Domingo Perón dirigía a los obreros ladrilleros la pregunta que se volvería célebre décadas más tarde. Eran los años de posguerra y de la definición de una política industrialista en la cual el control de las importaciones desempeñaba un papel central.

La acción monetaria, fiscal y comercial del Estado estaba en discusión. El dólar, sin embargo, sólo aparecía esporádicamente en escena con nombre propio. En general, la preocupación eran las divisas y las referencias eran básicamente técnicas.

Una década más tarde, ese panorama empezaría a cambiar. Cuando, a mediados de 1958, Arturo Frondizi asumió la Presidencia de la Nación, las expectativas económicas se cifraban en buena medida en el valor que alcanzara el tipo de cambio tras el largamente esperado Plan de Estabilización. Así lo mostró en enero de 1959 la enorme afluencia de porteños hacia la calle San Martín, una vez reabierto el mercado de cambios tras las medidas anunciadas por el gobierno.

Si en 1948 Perón había podido sostener que la preocupación por el dólar no era sino la de aquellos que negociaban clandestinamente con divisas, en 1959 y a lo largo de toda la década de 1960 la City porteña se iría llenando progresivamente de pequeños especuladores y simples curiosos, atraídos por la suerte de la moneda norteamericana. En ella encontrarían una fuente de pequeñas (o grandes) ganancias, como aquellas sobre las que ya ironizaba Tato Bores en un monólogo de 1962, en el que los laburantes llegaban a jactarse de haber "ganado 14 mangos" sin "hacer nada".

La cotización del dólar se convierte en esos años en una cifra que comprenden no sólo los profesionales que operan con divisas sino también los curiosos que cogotean delante de las vidrieras de las casas de cambio, aprendiendo a la vez a descifrar las informaciones de las pizarras y a descubrir posibles negocios.

En la historia de cómo el dólar devino una moneda central en el pulso del país, los años ‘60 son el momento en que la divisa norteamericana comienza a convertirse en una opción de inversión y ahorro para franjas crecientes de sectores de clase media. En una década marcada por devaluaciones regulares y la preocupación creciente por la inflación en aumento, el dólar va instalándose así como guía para moverse en diferentes universos de transacciones.

Qué pasaba en los ‘80

La popularización del dólar en la sociedad argentina siguió ritmos e intensidades variables afectando a mercados y transacciones de forma dispar. La dolarización del mercado inmobiliario fue una inflexión profunda de este proceso. El gobierno militar iniciado en 1976 impulsó leyes que desregularon los precios de los alquileres y disminuyeron los gravámenes de las construcciones destinadas a ese fin, buscando así impulsar activamente la inversión inmobiliaria.

En 1977 aparecieron los primeros avisos clasificados que nominaron en dólares los precios de los inmuebles a la venta. La inflación creciente y el estímulo a la inversión inmobiliaria habían llevado a los operadores del sector a promover la publicación de precios en dólares para evitar las renegociaciones frecuentes de precios en pesos.

Para esa época, también se dolarizó el mercado de la compra y venta de jugadores de fútbol. Cuando en septiembre de 1975 Leopoldo Luque pasó de Unión de Santa Fe a River, el acuerdo se estableció en 7.500.000 pesos ley. En cambio, cuando en febrero de 1981 el goleador volvió a Unión, se pagaron por él 122.000 dólares. En ese contexto, el pase de Maradona de Argentinos a Boca sacudió no sólo al ambiente futbolístico. El 12 de febrero de 1981, Clarín tituló: "Boca paga 9 millones de dólares por Maradona".

Las crisis hiperinflacionarias de 1989 y 1990 llevaron la popularización del dólar a niveles nunca vistos: la moneda norteamericana gobernaba la vida cotidiana en un sinnúmero de transacciones corrientes y también ocupaba la atención casi total en el espacio público. Los ideólogos del Plan de Convertibilidad implementado en 1991 (con Domingo Cavallo a la cabeza) supieron defenderla con referencias fácticas: "el dólar ya estaba en la cabeza de la gente".

La Convertibilidad se proponía menos transformar las prácticas económicas de los argentinos que contenerlas en un orden nuevo. Cinco años después de su lanzamiento, había cumplido el objetivo de legalizar la instalación del dólar entre los argentinos.

Pocas semanas antes de las elecciones presidenciales de 1995, un chiste de Roberto Fontanarrosa da cuenta del peso político de la expansión del sistema financiero y su enlazamiento con la recuperación del consumo interno posterior a la hiperinflación. En la viñeta, en un segundo plano se encuentra un orador delante de un estrado; mano en alto y mirada aguerrida, que afirma frente a un público que no se ve: "¡Y nuestro movimiento se guía y se conduce por la imagen, siempre viva, de Jorge Washington!". En primer plano, un hombre explica a otro de quién se trata: "Es del Partido de los Endeudados en Dólares".

Deberán pasar seis años para que la crisis acerque el chiste de Fontanarrosa a la realidad, convirtiendo a los endeudados en dólares en un grupo movilizado en las calles tras la salida de la Convertibilidad.

2019: La democracia verde

Antes de que concluyera el primer trimestre de 2019, las interpretaciones y apuestas a futuro del gobierno y de la oposición ya giraban en torno a lo que sucediera con el mercado cambiario.

A mediados de marzo, en un contexto de fuerte alza de la inflación (que ese mes fue del 4,7%, cuando en febrero había sido de 3,8%), el equipo económico logró comprometer un nuevo desembolso del FMI, y la autorización para utilizarlo para "calmar" al mercado cambiario. El objetivo: aquietar el dólar hasta octubre.

La meta parecía ser suficiente para garantizar competitividad electoral a la fórmula presidencial de Mauricio Macri y Miguel Angel Pichetto, anunciada en el mes de junio. Las encuestas mostraban un acercamiento entre los competidores y algunas indicaban incluso una paridad técnica entre los candidatos oficialistas y la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, los resultados del 11 de agosto golpearon duro las aspiraciones de reelección de la alianza Cambiemos. La noche de las primarias se cerró con una ventaja de 15 puntos para el candidato del Frente de Todos. Mientras en un búnker se festejaba, en otro se guardaban prolijamente los globos.

La verdadera tormenta, sin embargo, tuvo lugar al día siguiente, lejos de las concentraciones de las respectivas militancias. Tras una jornada intensa en el mercado de cambios, el dólar cerraba a 58 pesos, 12 más caro que el último día de operaciones antes de las elecciones.

Desde 1983 y a medida que pasaron los años, el mercado cambiario fue consolidándose en una verdadera institución política de la democracia realmente existente en nuestro país.

Los actores políticos (oficialistas y opositores) miden sus chances de éxito o fracaso a través del escurridizo valor de la moneda norteamericana. Más se escapa el dólar, más se aleja para el gobierno la posibilidad de un triunfo electoral. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie no pueden dejar de prestar atención a las oscilaciones del billete verde.

En ellas leen el rumbo de la economía, y también las alternativas de la política. Ignorar esa cifra que los medios de comunicación informan a diario equivale a quedar excluidos de la vida política. Unos y otros atan su suerte al dólar, una moneda argentina y popular.

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