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Un plan de estabilización que a Cristina ya le salió mal: ¿hay condiciones para que esta vez no termine en una devaluación?

Un plan de estabilización que a Cristina ya le salió mal: ¿hay condiciones para que esta vez no termine en una devaluación?
Las primeras reacciones al anuncio de medidas económicas fueron de escepticismo. Se repiten instrumentos que en el pasado no terminaron bien
Por Fernando Gutiérrez
04.10.2020 06.10hs Economía

 "Suena como música a mis oídos", se permitió bromear Miguel Pesce, cuando en una entrevista radial le preguntaron si podía esperarse que ingresaran al Banco Central u$s4.000 millones, como consecuencia de las medidas de estímulo para que los productores agropecuarios aceleren la liquidación de exportaciones.

La broma no sólo le permitió distender un poco la tensión que vive en su cargo sino que hasta puso tácitamente una nota de duda sobre el optimismo que dejan traslucir los demás funcionarios del equipo económico.

Pesce sabe bien lo difícil que resulta que ingresen dólares a la caja en un contexto de recesión, desconfianza y cepo cambiario. Por lo pronto, al día siguiente de las medidas, mientras el dólar blue seguía subiendo, tuvo que volver a sacrificar reservas, al vender otros u$s150 millones.

Pero no solamente sabe de esa dificultad debido a las tensiones que se están viviendo en estos días. Además, el funcionario tiene la experiencia de haber integrado el directorio del Banco Central durante toda la gestión de Cristina Kirchner.

Y en ese período se llegó a una escasez aguda de divisas. A lo cual se respondió que varias medidas, desde las ortodoxas y "market friendly" hasta la amenaza velada a los operadores del comercio exterior.

Esos antecedentes no permiten, precisamente, dar mucho lugar al optimismo. Hubo devaluaciones abruptas y tensiones cambiarias durante todo el segundo mandato de Cristina. Claro que hay una gran diferencia respecto del momento actual: ahora hay una relación "amistosa" con el Fondo Monetario Internacional, cuya misión técnica llega la próxima semana.

Antecedentes que no dejan lugar al optimismo

En la gestión de Cristina Kirchner, durante la aplicación del "cepo original", hubo varios intentos de acelerar la liquidación agrícola como forma de oxigenar la caja de dólares. Algunos terminaron en fracaso y otros lograron el objetivo de una ayuda de corto plazo.

A fines de 2013, cuando la brecha entre el dólar blue y el tipo de cambio oficial se ubicaba en 67%, el Gobierno intentó con un incentivo financiero: ofreció a los productores sojeros una letra en pesos y ajustable por dólar pagadera a 180 días, que podía ser revendida en el mercado a partir de los 90 días, y que pagaba un interés de 3,5%. ¿El resultado?: hubo, efectivamente, un ingreso adicional de dólares que permitió "surfear" el fin de año, pero no resultó suficiente para frenar la presión del mercado, con lo cual en enero 2014 hubo una devaluación del 20%.

Ese fue, sin contar el conflicto por la resolución 125, uno de los momentos más tensos entre el kirchnerismo y el campo. Cristina Kirchner acusaba públicamente a los productores de retener su stock -incluso a costa de su propio perjuicio económico- con el propósito de desestabilizar al Gobierno y de forzar una devaluación.

Luego hubo una período de amenazas veladas, en interpretaciones sobre que la ley de Abastecimiento habilitaría al Gobierno a intervenir en los silobolsas, bajo el argumento de que la retención de stock violentaba el bienestar general. También iban en ese sentido los reclamos sobre la reinstauración de una junta nacional de granos, surgidos desde usinas de pensamiento filo-kirchnerista.

Para terminar de enrarecer el clima, la AFIP solicitaba la ubicación georeferenciada de silobolsas, de manera de poder ser ubicadas por los inspectores con un GPS.

Como ministro, Axel Kicillof firmó un acuerdo con los exportadores de cereales, que le permitió un oxígeno de corto plazo
Como ministro, Axel Kicillof soportó una devaluación y luego firmó un acuerdo con los exportadores de cereales, que le permitió un oxígeno de corto plazo

Pero finalmente, el entonces ministro Axel Kicillof decidió apuntar al bolsillo de los productores. En una medida polémica, les prometió una especie de "seguro de cambio" para que se animaran a liquidar exportaciones.

Fue así como se firmó un acuerdo para que se hiciera una gran liquidación de u$s5.700 millones en un trimestre. A cambio, prometió estabilidad cambiaria y ofreció un bono "dollar-linked", que les permitiría dormir tranquilos a los productores.

Aunque no se llegó a la cifra objetivo, ese segundo intento resultó algo mejor que el primero. En ese fin de año hubo un salto en el ritmo de liquidaciones, que permitió evitar una segunda devaluación. De todas formas, ese final del kirchnerismo tuvo sufrimiento desde el punto de vista cambiario, al punto que el Banco Central terminó con una abultada deuda para con los importadores, a quienes postergó pagos, siempre con el objetivo de no tener que devaluar antes del recambio gubernamental.

Ese final tuvo algunos visos francamente deshonrosos, en el intento por "maquillar" las cuentas. Por ejemplo, el recorte a los importadores llegó al punto de que sólo se habilitaba un cupo diario de u$s50.000, lo que en los hechos implicaba la paralización. Y se acumuló una deuda con industriales y comerciantes por u$s9.500 millones.

Se llegó al caso extremo de que YPF, símbolo de la gesta re-estatizadora, tuvo que dejar sin efecto su plan para comprar dos empresas de petroquímica porque no recibía la autorización para sacar del país u$s122 milones, una cifra ridículamente pequeña para el tamaño de la economía argentina.

Lo paradójico era que ese cierre se producía al tiempo que se mantenía la ventanilla para que los ahorristas y turistas pudieran comprar su cupo mensual, lo cual contradecía la justificación oficial de que el sentido el cepo era apoyar la necesidad de divisas para la actividad productiva.

Y, como ruido fondo, ese final tuvo la controvertida acumulación de contratos de futuros por $70.000 millones, como forma de contener al tipo de cambio, y que luego derivaría en una causa judicial. 

Bajas expectativas en el campo

¿Se repetirá la historia? Nunca se puede saber, pero por lo pronto muchos detalles coinciden. Otra vez hay cepo, otra vez hay una gran brecha entre el tipo de cambio oficial y el blue, otra vez las reservas están llegando a un preocupante nivel mínimo, otra vez los ahorristas están nerviosos y sacan los dólares del banco.

Y también muchas de las soluciones planteadas se parecen. Como Kicillof en su momento, ahora Martín Guzmán apuesta al pacto con Ciara  para intentar un ingreso que oxigene de corto plazo las arcas del Central.

También, como en esas oportunidades, se recurre a la emisión de títulos dólar-linked para tratar de darle seguridad a quienes van a quedarse en pesos y están inquietos por la volatilidad que se le pueda imprimir al mercado cambiario.

¿Cambiará esta vez la historia? ¿Alcanzará ese incentivo como para que los sojeros cambien su actitud y empiecen a liquidar su producto? En principio, nadie pronostica grandes cambios.

Para empezar, porque desde el campo se niega la existencia de algo con lo que los funcionarios vienen machacando: que haya una especulación por parte de los productores a la espera de un salto del dólar.

De hecho, cuando se produjo el debate por el fallido intento de expropiación de Vicentin –que para el kirchnerismo funcionaría como una forma de apurar las liquidaciones- las agremiaciones agrícolas hicieron notar que, en realidad, no existía tal retención abusiva. Sostenían que cuando se hacía la cuenta en volúmenes y no en dinero, lo liquidado estaba dentro del promedio histórico, alrededor de un 50% de la cosecha hasta el fin del primer semestre.

Sobre ese punto, el ex ministro de Agricultura del macrismo, Ricardo Buryaile, observó que el nivel de 18 millones de toneladas todavía retenidas por parte de los productores no implica una situación excepcional sino que representa un nivel normal. Y, como muchos empresarios del sector, adelantó su pesimismo sobre las medidas: "Por tres puntos nadie va a salir de lo que tiene para pasarse a pesos".

Por su parte, el consultor Salvador Di Stefano argumentó en contra de quienes atribuyen a los sojeros un afán especulativo: "El productor cosecha la soja, y la utiliza como unidad de cuenta, es una moneda más en el campo. Los alquileres se fijan y se pagan en soja. Para aliviar la carga tributaria paga los insumos con canje de soja, y así realiza muchísimas operaciones con la moneda que mejor le permite llevar en su mente los resultados empresariales, la soja", plantea este especialista, que no oculta su escepticismo sobre el resultado que pueda dar una baja marginal de las retenciones.

"Un tema muy importante, es que el negocio del campo rota una vez al año, esto implica que siembra en octubre y cosecha en mayo, con lo cual dispone de su mercadería toda junta en mayo, pero su flujo de fondos lo obliga a realizar desembolsos en el transcurso de los 12 meses del año. Esto lo obliga a particionar las ventas durante los 12 meses. El productor no deja de vender por especulación o falta de solidaridad, es parte de su plan de negocio", argumenta.

En el campo manifiestan una baja expectativa sobre el aumento de las liquidaciones tras la baja marginal de retenciones a la soja
En el campo manifiestan una baja expectativa sobre el aumento de las liquidaciones tras la baja marginal de retenciones a la soja

Durante meses se debatió este tema con un extraño "ruido" de fondo: la ola de ataques a campos y roturas de silobolsas, que hicieron perder dinero a pequeños productores, en medio de sospechas sobre una motivación política en esos actos vandálicos.

Pero hay otro motivo para el pesimismo. Porque tampoco son buenas las perspectivas de la próxima campaña agrícola, que está empezando en estos días. Las previsiones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires son de una caída de 6,1% en la producción agrícola –medido en toneladas cosechadas-, por efecto de factores climáticos más presión impositiva e incertidumbre política.

¿Una devaluación al final del camino?

Lo cierto es que las primeras impresiones luego de las medidas fueron escépticas. Casi todos los economistas hablaron de un problema de diagnóstico, porque el foco se puso en la necesidad cambiaria de corto plazo y no en el problema estructural del rojo fiscal que se financia con emisión.

En cuanto a la eventual aceptación de los títulos atados al dólar, hay cautela en verlos como una solución efectiva.

"Es una buena intención, pero con ciertas dudas porque se trata de un bono y puede bajar de precio", observa Eduardo Fracchia, director de economía del IAE Business School.

Más pesimista se mostró Di Stefano: "No creo que tenga un gran atractivo, ya lo estamos viendo con los plazos fijos que ajustan por dólar oficial. Van a invertir los fondos institucionales, el resto los mirará pasar".

De todas formas, los analistas siguen expectantes sobre la posibilidad de que se recupere algo de oxígeno como para tomar medidas de fondo. Un reporte de la sociedad de inversión SBS plantea: "Ahora, será clave que el BCRA pueda aprovechar el tiempo que se ganó para corregir los desequilibrios de precios relativos mientras se piensa en medidas más estructurales para estabilizar la economía, algo que requerirá mostrar señales de moderación fiscal y monetaria".

El problema es que el Gobierno corre una carrera contra el tiempo, y el indicador de las reservas del Central cada vez preocupa más. Mientras tanto, las advertencias que se venían escuchando sobre el riesgo de "una devaluación por las malas" siguen haciéndose oír. Y en algunos casos, con mayor intensidad que antes de los anuncios.

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