La promesa incumplida del "relato" oficial: las Pymes siguen sin crédito, que va todo para las Leliq

Contradiciendo el discurso "productivista" del oficialismo durante la campaña electoral, los datos muestran que los bancos canalizan los recursos al Estado
Por Fernando Gutiérrez
08/12/2021 - 06,40hs
La promesa incumplida del "relato" oficial: las Pymes siguen sin crédito, que va todo para las Leliq

El argumento que usó el Gobierno en los últimos días para llevar tranquilidad a los ahorristas -el de la liquidez históricamente alta que tiene el sistema bancario- tiene una contracara que es, paradójicamente, uno de los puntos débiles del modelo económico: los bancos no tienen mucho para hacer con el dinero de los depositantes, salvo prestárselo al Estado.

Lo cual va en contra de uno de los pilares del "relato" del Gobierno, que es la de terminar con las finanzas "especulativas" y favorecer el crédito para apoyar al aparato productivo, en particular a las Pymes, que suelen tener dificultades de acceso al crédito.

"Hay que terminar con el negocio que representa para los bancos la adquisición de deuda que emiten tanto el Banco Central como el Tesoro", fue la elocuente queja del industrial Federico Marogiu, que coordinó la mesa sobre financiamiento y banca de desarrollo en el reciente Congreso Industrial del Consenso Nacional del Trabajo y la Producción. Todo un cachetazo al discurso oficial, que destaca una mejora constante en el acceso de las pequeñas industrias al crédito.

Y las estadísticas parecen apoyar el reclamo: el crédito total al sector privado en septiembre pasado era 15% más bajo que el registrado a finales de 2019.

Según un estudio hecho por la Cámara de la Mediana Empresa (CAME), el saldo de préstamos otorgados a Pymes viene cayendo a un ritmo de 4% real -agosto ,último dato informado- y cuando se hace la comparación contra el 2019, la caída es de un contundente 10,6% real.

Los números son elocuentes en desmentir el discurso optimista del Gobierno: hoy el sistema financiero le presta al Banco Central lo mismo que al sector privado, cuando hace cuatro años los fondos dirigidos a las empresas superaban en más de 30% lo que iba a la caja estatal.

La situación cambió al punto que hoy los activos públicos ya representan el 60% de la cartera del sistema bancario -el doble que hace tres años-, un fenómeno que viene profundizándose en la medida en que el Gobierno decidió profundizar la búsqueda de fondos en el mercado local de crédito para financiar el déficit del gasto público.

Parte de ese dinero va al Banco Central, que retira la liquidez excedente, en un intento por compensar su emisión de dinero. Es la famosa "bola de Leliqs" que se les da a los bancos, con un interés de 38%, y que hace que en lo que va del año el organismo que dirige Miguel Pesce ya haya pagado más de un billón de pesos.

Los bancos no tienen muchas opciones. Por un lado, el BCRA les impone la compra de las Leliq. Por otra parte, el ministro de Economía, Martín Guzmán, está obsesionado por disminuir su dependencia de la "maquinita" para financiar el déficit fiscal y entonces busca cada vez más crédito en el mercado financiero local. Su objetivo es para el año próximo superar la marca del 40% de su financiación con los bancos.

Alta liquidez, ¿virtud o defecto?

Visto bajo ese prisma, la alta liquidez de los bancos ya no pasa a ser vista como un fenómeno virtuoso, sino como un reflejo de los desincentivos que tiene la economía argentina: hoy se mantiene líquidos un 86% de las colocaciones en dólares y un 65% de los depósitos en pesos.

Actualmente, los depósitos duplican el volumen de los préstamos a las empresas. Es un nivel inusualmente alto: tomando como referencia el período de gobierno de Cristina Kirchner, esa relación se había mantenido en el entorno de 20%.

El Banco Central, bajo presión: para sacar liquidez de la plaza, ya pagó más de $1 billón en intereses por las Leliq
El Banco Central, bajo presión: para sacar liquidez de la plaza, ya pagó más de $1 billón en intereses por las Leliq

Pero lo más llamativo de la situación es que, con un nivel de tasas de interés fuertemente negativas frente a la inflación, todo indicaría que debería ocurrir lo contrario. Es decir, que hubiese una ola de gente tomando préstamos en pesos, haciendo el cálculo de que el proceso inflacionario iría "licuando" la deuda, que con el tiempo aliviaría su peso.

Después de todo, la expectativa de inflación que tienen los economistas -según la encuesta REM del Banco Central- es de 49% para el año próximo, mientras que la tasa de interés de la Leliq está en 38%.

Y, del otro lado del mostrador, lo que un depositante cobra por el plazo fijo es un 37% anualizado, también muy por debajo de la evolución de créditos.

No es la primera que ocurre esto, claro, y hay una explicación bien argentina: este es un fenómeno típico de momentos con un tipo de cambio prácticamente congelado. Eso hace que cualquier tasa de interés resulte positiva cuando se la "convierte" a dólares.

Por otra parte, la percepción de riesgo es menor cuando se le presta al propio Estado antes que a los privados. Y es algo de lo que dieron cuenta los directivos Pymes, que se quejaron de un proceso de encarecimiento en sus líneas de financiación.

Contradiciendo al "relato"

Lo cierto es que, en contra de la retórica oficial, la agremiación Industriales Pymes Argentinos, en su último congreso anual se quejaron de que prácticamente no habían visto una mejora con respecto al pandémico 2020.

Concretamente, se quejaron de los niveles de tasas activas, en el orden del 60% anual, que resultan impagables para muchas empresas. Propusieron que, mediante un sistema de fondos fiduciarios, se buscara una reducción de la tasa, de manera que los balances de las compañías -inevitablemente deteriorados en los últimos años- no se transformasen en un factor que encareciera el crédito.

Pero, sobre todo, la queja que se oyó fue la del Estado como una suerte de competidor desleal. Para estos empresarios, la tasa de política monetaria del Central se convierte en "un incentivo para los bancos para invertir en Leliqs y otros instrumentos financieros, mientras desincentiva el financiamiento productivo".

Es una frase que le debe haber dolido al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, quien durante todo el año se dedicó a resaltar las mejoras en este aspecto, con 31 nuevas líneas de financiamiento.

Kulfas suele destacar que se volcaron más de $220.000 millones en líneas con tasas subsidiadas por el Estado. También argumenta que, entre las Pymes y los monotributistas, se benefició a más de 1,1 millón de empresas. Y prometió tomar el reclamo de las Pymes en el sentido de reforzar el sistema nacional de garantías, de manera de que los bancos cuenten con mayor seguridad a la hora de prestar.

Las quejas de los industriales van también en clara contradicción con el discurso "productivista" que defendió el presidente Alberto Fernández durante la reciente campaña electoral.

En uno de sus actos, el Presidente desafió los datos de la realidad al fustigar a la gestión anterior, por la pérdida de 25.000 Pymes. No es un tema cuya mención parezca favorecer al Gobierno, dado que según datos de la Cámara de la Mediana Empresa, durante el año pasado cerraron sus puertas 42.000 Pymes como consecuencia de la parálisis de la economía.

Los directivos de las pymes industriales se quejan de la falta de acceso al crédito, contradiciendo el discurso del Gobierno
Los directivos de las pymes industriales se quejan de la falta de acceso al crédito, contradiciendo el discurso del Gobierno

Peor aun, en un sondeo de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, un contundente 60% de los encuestados cree que sus ventas seguirán igual o peor en los próximos  meses. Y esa respuesta se da en un contexto de "festival keynesiano" para incentivar el consumo.

Otra encuesta, realizada por PriceWaterhouseCoopers, en la que se pregunta por los principales motivos de preocupación, señala que para un 89% de los empresarios pyme la presión impositiva constituye un desincentivo. Y la encuesta fue hecha al mismo tiempo que el Gobierno anunciaba una reforma en Ganancias para, presuntamente, beneficiar a la pequeña empresa.

En otra compulsa entre pequeñas empresas, realizada por Ieral Pyme, se pregunta cuál es el impuesto más nocivo para el crecimiento: las respuestas apuntan en primer lugar a Ingresos Brutos y en segundo términos a las tasas municipales. Justo cuando el Gobierno se jacta de haber "recuperado" esa potestad recaudatoria para los gobiernos provinciales.

"Basta de Leliqs"

Lo cierto es que los industriales continúan considerando insuficientes las medidas oficiales. Reclaman un sistema nuevo de evaluación crediticia para los solicitantes de préstamos, de manera de evitar los "rebotes" de empresas que están en condiciones de devolver el préstamo pero que por cuestiones formales no llegan a calificar.

Pero, sobre todo, piden que asistir al Estado mediante la compra de Leliqs deje de ser tan atractivo para los bancos. Por ello plantean que estas letras sean canjeadas por bonos de más largo plazo: presumen que así se tenderá a una disminución en la tasa que actualmente se les pide a las empresas solicitantes.

Mientras tanto, el proceso de recuperación de la economía continúa, con una industria que en octubre interrumpió la saga de caídas del tercer trimestre y muestra un crecimiento de 8,5% interanual, de acuerdo a la última medición de la fundación FIEL.

La gran pregunta es si se trata de un crecimiento con bases sólidas o si puede tener un nuevo freno. Hay indicadores que mueven al optimismo, como la recuperación en la inversión. Según la estimación del Estudio Ferreres, subió un 20% en comparación con el año pasado, aunque claro, en la cuarentena la inversión había caído a un mínimo histórico.

Y hay economistas que ven como un riesgo el hecho de que este crecimiento se esté realizando sobre la base de inversión de fondos propios o de utilización de la capacidad previamente instalada. El analista Luciano Cohan define el momento actual como "un fenómeno sin precedentes de recuperación sin crédito, otra faceta que muestra lo atada con alambres que está la economía argentina y lo difícil que será sostenerlo en el tiempo".

En la misma línea pesimista, el economista jefe de FIEL, Daniel Artana escribió un artículo titulado "La recuperación de una economía sin crédito", en el que sostiene que la proyección oficial de un crecimiento de 4% del PBI para el año próximo es, en estas circunstancias, "uma mera expresión de deseos".