Cóctel para un verano caliente: más pesos y menos dólares eleva el pronóstico de turbulencia financiera

Cóctel para un verano caliente: más pesos y menos dólares eleva el pronóstico de turbulencia financiera
Se viene una expansión del gasto, en coincidencia con más vencimientos de deuda. Y con menos dólares de la soja, el BCRA pierde reservas aceleradamente
Por Fernando Gutiérrez
04.10.2021 19.38hs Economía

Al final, lo de "poner plata en los bolsillos de la gente" ¿terminará siendo mucho ruido y pocos pesos? Los analistas están comprobando, con algo de asombro, que después de toda la polvareda política levantada por la pelea interna del Gobierno y el reclamo de un mayor gasto público, los números fiscales sean relativamente modestos.

Desde las PASO hasta ahora, se llevan gastados $70.000 millones, lo cual agrega 0,2% del PBI al déficit fiscal. Y según proyecciones como la de la consultora Equilibra, si se suman las medidas todavía en carpeta y que serán anunciadas en los próximos días, se llegaría a una cifra aproximada de $230.000 millones, con lo cual la expansión del gasto se acercaría al 0,5% del PBI.

Desde el punto de vista de quienes están preocupados por el desequilibrio de las cuentas públicas, puede ser mucho, pero si se tiene en cuenta la presión del kirchnerismo sobre el ministro de economía, Martín Guzmán, ese medio punto adicional hasta luce "amarrete". Después de todo, la propia Cristina Kirchner estuvo reclamando en público que hubiera un nivel de gasto adicional de dos puntos, hasta llegar al déficit fiscal de 4,5% originalmente previsto en el presupuesto.

Es por eso que, en este momento, uno de los temas en debate es cómo interpretar esta situación: si es que Guzmán demostró una picardía política mayor que la que se le atribuye y logró contener el gasto. O si, el Gobierno en su conjunto, tomó conciencia de las limitantes fiscales y el riesgo que puede implicar una inyección de liquidez en un momento en el que se vuelven a notar las tensiones inflacionarias y cambiarias.

Lo cierto es que, al tiempo que el gasto se expande, las fuentes para financiar el rojo fiscal van achicándose. Tanto las retenciones a la exportación agrícola como el aporte del impuesto a las grandes fortunas entraron en fase decreciente.

Y, cuando tiene que salir a pedir crédito en el mercado, Guzmán se enfrenta a la dura realidad: el mercado sólo le presta a corto plazo, porque hay fuertes expectativas sobre una devaluación. En la última licitación, la mayoría de las letras colocadas tienen vencimiento a fin de año. Y las pocas que llegan hasta mediados del 2022 tuvieron que convalidar una tasa de interés del 45,5%.

Guzmán logró renovar los últimos vencimientos y le quedó en septiembre un saldo a favor de 4% por encima de las obligaciones. Es decir, consiguió "rolloverar" la deuda por encima del 100%, a diferencia de lo que le había ocurrido en agosto, cuando quedó dos puntos por debajo.

Pero la caja que hizo el último mes no implica que Guzmán se pueda relajar. No solamente implica una financiación modesta -en comparación con el 23% por sobre los vencimientos que había logrado en el primer semestre- sino que, en los tres meses finales del año, se viene una carga pesada de obligaciones.

Hasta fin de año, se concentrarán vencimientos por $1 billón, de los cuales dos tercios están en manos de inversores privados y el resto es deuda intraestatal.

Con ese panorama, Guzmán, que se había fijado la meta de financiar el agujero fiscal en un 40% con crédito del mercado y en un 60% con la asistencia del Banco Central, ya se resignó a que la dependencia de la "maquinita" no será inferior al 65%.

Es en ese marco que se volvieron a acelerar las transferencias del Banco Central. Con unos $250.000 millones, septiembre fue el mes de mayor asistencia monetaria. En lo que va del año, la cifra ya asciende a casi un billón de pesos.

No sorprendió, por lo tanto, la noticia de que la Casa de Moneda no haya dado abasto en la producción de nuevos billetes de $1.000 y $500, y haya tenido que contratar a imprentas del exterior para seguir el ritmo de la expansión monetaria.

Y el dato que preocupa es que cada vez se hace más difícil reabsorber la liquidez sobrante, porque el Banco Central ya tiene un stock de letras que supera en 42% a la base monetaria. Y esos papeles implican una creciente bola de pagos de intereses: en lo que va del año esos pagos significaron $900.000 millones.

Martín Guzmán intenta contener la expansión del gasto, ante la presión del kirchnerismo
Martín Guzmán intenta contener la expansión del gasto público, ante la presión del kirchnerismo por un mayor déficit fiscal

Y en el otro rincón, cada vez menos dólares

Estos números, ya de por sí, implican una preocupación para los economistas, que avisaron que la tendencia descendente que venía mostrando la inflación tendrá un punto de inflexión y volverán a verse registros cercanos al 3%. La encuesta REM que realiza el Banco Central entre los principales bancos y consultoras indica que la expectativa es de un incremento paulatino desde noviembre, con registros de hasta 3,4% en enero.

Pero la verdadera alarma es que esta sobreabundancia de pesos coincide con una disminución en la cantidad de dólares. Ahí es donde todos ponen la lupa, porque ese mix es el que lleva a que el blue y los demás dólares del mercado paralelo estén tomando un impulso al que nadie le ve techo.

La explicación es simple: de la cantidad de pesos que circulan en el mercado y no van al consumo, muchos terminan yendo a la compra de dólares. En la jerga de los economistas, se mantiene en niveles bajos la demanda de dinero, y no es algo contra lo que el Gobierno pueda hacer mucho en un momento de debilidad política.

Pero esa presión por las divisas coincide con el momento en que los dólares empiezan a escasear. Esto ocurre por un típico motivo estacional -es la época del año en que afloja la liquidación de la exportación agrícola- y, también porque sigue el calendario de pagos a organismos internacionales como el FMI.

Pero, del otro lado, hay una mayor presión para la salida de dólares por el aumento de las importaciones. Esto ocurre, en parte, por la propia recuperación de la economía: una fórmula aceptada por el consenso de los economistas es que por cada punto del PBI que crece la actividad, se necesitan que las compras de insumos importados aumenten tres puntos.

Pero también hay otros factores que son consecuencia de la propia política oficial. El retraso del tipo de cambio en relación a la inflación hace que importar resulte atractivo, y entonces se empiezan a acumular los pedidos de permiso en el Banco Central.

Y, por otra parte, una consecuencia de la política energética es que uno de los rubros de mayor crecimiento entre las importaciones sea el de combustibles. El mes pasado, las importaciones alcanzaron la cifra de u$s5.754 millones, lo que implica un crecimiento interanual de 64%. Pero los combustibles crecen a una impactante tasa de 222% respecto del año pasado.

Importaciones y turismo, al fondo de la fila

Es en este contexto que se está repitiendo un fenómeno clásico de la historia económica argentina: el freno a las importaciones para cuidar las reservas. Uno de los ámbitos donde esto resulta más evidente es en el sector automotor.

Así, se da la situación insólita de que, mientras las concesionarias tienen cada vez más clientes en lista de espera para comprar un "cero kilómetro", las proyecciones de venta son todo el tiempo revisadas a la baja.

El último reporte de Acara señala que mientras a comienzos de año se pensaba que a lo largo del 2021 se podrían vender unas 450.000 unidades, ese número se fue bajando hasta llegar a los 375.000 que se proyectan en la actualidad.

Mientras tanto, en la Unión Industrial Argentina hay un malestar cada vez menos disimulado por las demoras en las entregas de permisos para importar. El Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI) demora ahora el doble de tiempo para las autorizaciones, tras una resolución publicada hace dos semanas.

Nadie se muestra sorprendido por el cierre importador, que no es más grave ni empezó antes solamente por el hecho de que la super soja aportó dólares por encima de lo previsto. Tanto que en septiembre ingresaron u$s2.200 millones por ventas de cereales, una cifra alta para esta época del año.

Así, en lo que va del año, el campo lleva aportados u$s25.000 millones. Pero todos saben que esa situación debe ser considerada la excepción y no la norma. En el mercado internacional las cotizaciones ya no son lo que eran: la soja, que llegó a superar los u$s600 por tonelada, cayó ahora a la marca de u$s460. Y, para colmo, las perspectivas climáticas dejan dudas sobre la próxima campaña.

Es por eso que las perspectivas para el próximo verano -y, de hecho, para todo el 2022- son de un cuidado extremo de las reservas. Lo cual lleva a que muchos ya den por descontado que se buscarán excusas para ralentizar lo más posible la normalización del intercambio turístico: hasta el momento de la pandemia, el déficit de la balanza turística era de u$s5.000 millones al año.

El Banco Central, en emergencia: sus reservas líquidas están apenas por encima de los u$s2.000 millones
El Banco Central, en emergencia: sus reservas líquidas están apenas por encima de los u$s2.000 millones

Reservas por el drenaje

Dólares que escasean, pesos que sobran: la película muchas veces vista justifica los temores sobre un verano caliente en términos financieros.

El contexto político lleva, además, a que las expectativas sobre una devaluación se acentúen, y el Banco Central sacrifica reservas, ya que en su intento por mantener al mercado bajo control vende bonos en pesos y los recompra en dólares.

De esa manera, en septiembre el Central tuvo que vender u$s1.300 millones, sumando los dólares destinados a la importación y los que tuvo que aplicar a la contención de la brecha cambiaria.

Esto supone un punto de inflexión, ya que cortó una seguidilla de nueve meses en que el BCRA había terminado con un saldo comprador. Pero todo tiene un final, incluyendo un año récord de la soja.

Y es así que se llega a la estación financieramente más inestable del año con diagnósticos graves y pronósticos peores. Los economistas creen que, para llegar hasta las elecciones sin alterar la tasa devaluatoria, el Central no tendrá más remedio que sacrificar un promedio diario de u$s40 millones.

La expectativa generalizada es que, después de los comicios, empezará a subirse la velocidad devaluatoria, a tono con lo que el propio Guzmán ya dejó entrever en el proyecto de presupuesto.

Pero aun así, hay quienes están alertando que, a este ritmo, el poder de fuego del Central llegará muy erosionado incluso a la fecha de las elecciones. El nivel de reservas netas -es decir, el que queda luego de descontar los encajes bancarios, los créditos externos, los swap y el oro- está apenas por encima de los u$s2.000 millones.

De mantenerse el nivel de ventas como el mostrado en septiembre, se llegará rápidamente un nivel de reservas líquidas negativas, lo cual es la antesala de turbulencias. En el coro de los que alertan una crisis, se acaba de sumar la voz de Domingo Cavallo, que alertó una agudización de la brecha cambiaria y una suba de las tasas de interés, como antesala de una oleada inflacionaria.

Todo indica, entonces, que las condiciones están dadas para la reposición del título "Verano caliente". Mientras tanto, Guzmán hace equilibrio en una cornisa cada vez más fina y apuesta a lograr el ansiado acuerdo con el FMI como forma de dar una señal tranquilizadora.

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