OPINIÓN & ANÁLISIS

Consumo en un año de hartazgo: cómo la clase media compra para defenderse de la inflación

Un experto del IAE analiza cómo los hábitos de consumo masivo fueron modificados por la alta inflación y cómo resurge el fenómeno de la "compra defensiva"
ECONOMÍA - 30 de Mayo, 2023

En 2023 el consumo refleja el cansancio de la inflación, la acentuación de la informalidad y el caos de precios con disparidades muy marcadas según la zona, el rubro y la tienda. Buscando proteger su corroído poder adquisitivo, los consumidores reacomodan sus preferencias y hábitos, mientras intentan defender sus estilos de vida y sus sueños, aunque parezca utópico.

Luego de la aceleración inflacionaria del 2022, la sequía anunció un año más duro que ya está haciendo sentir su rigor, a pesar de la expectativa de un temporal alivio por la proximidad de elecciones presidenciales. La clásica inyección de fondos para estimular el gasto previo a las elecciones se hace esperar, mientras la administración procura que, entre multas y Precios Justos, los precios no sigan la espiral inflacionaria que no cede. Y los consumidores se defienden como pueden.

Acercándonos a la mitad del año, el consumo ofrece un panorama dispar. La construcción muestra desaceleración y paulatina reducción de márgenes en un mercado con una menor demanda, que busca precios. El refugio en ladrillos es para los pocos que logran acumular algún ahorro.

Los electrodomésticos, ayudados por los planes ‘Ahora’, muestran alguna firmeza como protección de valor frente a la inflación, en un rubro con un desembolso accesible. El razonamiento es: "Hace rato que el hornito venía fallando; lo compro antes que siga subiendo, y en cuotas termino pagando la mitad".

Algo parecido se registra en el rubro automotriz, que sostiene ventas gracias a la restricción de importaciones, y a valores que al cambio resultan convenientes para quien aún conserva algún ahorro en moneda dura, o puede juntar algún saldo que no alcanza para una inversión mayor. La prioridad es defender el valor antes de que se deteriore solo.

Del otro lado del mostrador, las dificultades aparecen a la hora del abastecimiento: perfumerías, ferreterías, construcción, eléctricos e indumentaria manifestaron dificultades en ese sentido, según un estudio realizado entre empresas medianas por CAME.

En los productos de primera necesidad, se verifica el pasaje de los compradores hacia las segundas marcas

Pero las disparidades asoman fuerte en la indumentaria, donde los valores altos de las marcas de moda reflejan el mercado cerrado, y los precios de las segundas marcas y los locales informales muestran distancias sorprendentes de hasta 20 veces, que reflejan una demanda escasa de plata. Así en abril, el sector sufrió una caída de -10,3% según CAME.

El consumo masivo muestra una leve caída anual, pero hay que moverse según canales y zonas. En las farmacias se registra una merma en las compras de impulso de productos complementarios que se llevan de paso por el local. Los consumidores se ponen más racionales.

De acuerdo al informe de Scentia, en el AMBA la caída de abril fue de -4,5%, pero los Precios Justos protegen a las cadenas, en tanto los autoservicios muestran una caída interanual de 8,7%.

La hora de las segundas marcas

Casi todos los rubros -excepto bebidas sin alcohol- muestran castigos, acentuados en limpieza, higiene y cosmética por encima del -10%. Aclaremos, no es que se limpie menos, pero se acude a segundas marcas o marcas propias, un destino largamente anunciado, que algún mayorista y una cadena de descuento supieron explotar inteligentemente, y que ahora es moneda corriente en los canales.

Con varias décadas de retraso, la marca propia muy difundida en los mercados avanzados, viene en auxilio de los bolsillos flacos, y los consumidores se sienten inteligentes de encontrar una salida aceptable frente al caos de los precios.

Pero aquí termina la similitud con los primeros mercados. Allá, frente a la inflación, los hogares contraen el gasto.

A diferencia de lo que ocurre en los mercados de países desarrollados, aquí los consumidores no se retraen en un momento de inflación, sino que gastan en rubros como esparcimiento

Aquí en cambio, dada la incertidumbre del futuro, la ausencia total de crédito y la imposibilidad del ahorro, quienes aún pueden, disfrutan y gastan en el presente. Restaurantes, espectáculos, reuniones de amigos, para sostener ese espíritu tan propio de camaradería que nos caracteriza, y en algún lugar la esperanza de que el país vuelva a la senda que alguna vez pareció posible.

Los recursos siguen estando, faltan las políticas que promuevan coincidencias y progreso, y vuelvan a traer previsibilidad para poder vivir mejor en esta tierra tan rica como sorprendente.

(*) Guillermo D’Andrea es experto en consumo y docente en el IAE Business School de la Universidad Austral

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