MERCADO CAMBIARIO

El "agujero negro" de dólares que alerta la City: el dato que puede mover al tipo de cambio en enero

La economía llega al 2026 con estancamiento como base y un desafío inmediato en reservas: el tablero que mira la City para proyectar al dólar y la brecha.
Por Marcos Phillip
ECONOMÍA - 02 de Enero, 2026

El dólar oficial opera este viernes 2 de enero a $1480, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negocia a $1457. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1524 ( 0,1%), y el MEP se ubica a $1480 ( 0,2%). Por último, en el segmento informal, el blue se negocia, a $1530.

La economía entra en un tramo decisivo con tres variables que hoy explican buena parte de la tensión financiera: el dólar, las reservas y las tasas de interés. A diferencia de otros momentos, el debate ya no se concentra únicamente en el precio del tipo de cambio, sino en la arquitectura que permite sostenerlo: de dónde salen los dólares para cumplir los compromisos inmediatos, cuánta liquidez real tiene el sistema y qué margen queda para evitar movimientos bruscos.

El inicio del verano encuentra al mercado concentrado en un test puntual que puede redefinir expectativas: la capacidad de afrontar un vencimiento relevante en moneda dura sin recurrir a emisiones externas costosas ni a soluciones que el mercado considera transitorias. Esa prueba no solo condiciona la dinámica de reservas, sino también la lectura sobre la brecha cambiaria y la demanda de cobertura.

El contexto macroeconómico agrega ruido. La actividad se mueve en terreno de estancamiento, la desinflación dejó de ser un proceso lineal y el sistema financiero opera bajo tensiones propias de un esquema que intenta normalizarse mientras todavía convive con restricciones. En ese marco, cada decisión sobre liquidez y financiamiento impacta directamente sobre el dólar.

Con ese telón de fondo, la City vuelve a una lógica básica: no importan solo los anuncios, importan las cuentas. Cuando no hay motores claros de crecimiento, el mercado se vuelve más sensible a cualquier señal sobre reservas, tasas y financiamiento. Y allí, el dólar deja de ser un dato aislado para transformarse en el reflejo de un equilibrio frágil.

El vencimiento de enero y la cuenta fina de los dólares disponibles

Desde 1816 señalaron que el vencimiento en dólares de comienzos de enero se convirtió en el principal ordenador del debate financiero. El mensaje oficial de evitar una emisión bajo legislación extranjera busca reforzar una estrategia de menor dependencia del financiamiento externo, pero también expone las restricciones que impone el propio mercado.

Los expertos de la consultora explicaron que, con los rendimientos actuales de los bonos, emitir deuda en el exterior implicaría aceptar tasas demasiado elevadas o plazos poco convenientes. En ese sentido, más que una decisión de política económica, evitar Wall Street aparece como una imposición de la realidad financiera.

Para 1816, el punto central es la magnitud del desafío: el pago total ronda los USD 4.200 millones, o cerca de USD 3.700 millones si se excluyen ciertas tenencias del sector público. Esa cifra obliga a mirar con lupa cuántos dólares líquidos tiene hoy el Tesoro y en qué tiempos puede disponer de ellos.

Sus analistas apuntaron que el Tesoro cuenta con depósitos en moneda extranjera en el Banco Central por USD 1.869 millones, acumulados tras una emisión reciente y compras netas de divisas. Aun así, queda un faltante significativo, lo que explica por qué el mercado sigue cada movimiento de reservas con atención casi obsesiva.

"Vivir con lo nuestro": el límite estructural que vuelve al dólar protagonista

Desde 1816 explicaron que la idea de reducir la dependencia del financiamiento externo es un objetivo de largo plazo, pero enfrenta una restricción estructural profunda: el bajo desarrollo del crédito y del ahorro en el sistema financiero local. Gran parte de los argentinos sigue ahorrando en dólares billete o directamente fuera del país.

Ese comportamiento se refleja en un dato contundente que remarcan desde la consultora: el stock de préstamos al sector privado representa apenas el 12% del PBI, muy por debajo de economías comparables de la región. Esa debilidad explica por qué, ante cualquier tensión, el dólar vuelve rápidamente al centro de la escena.

Desde C-P señalaron que el cierre de 2025 deja un balance macroeconómico dispar, con desempeño mediocre de las principales variables. La interrupción de la desinflación y el estancamiento de la actividad coincidieron con la apertura del cepo a personas humanas y una depreciación real del tipo de cambio, reforzando la incertidumbre cambiaria.

Para sus analistas, las proyecciones hacia 2026 no muestran cambios sustantivos. En ausencia de motores claros de crecimiento y bajo la continuidad de la incertidumbre cambiaria, el escenario base sigue siendo de estancamiento económico y de los ingresos, un contexto que amplifica la sensibilidad del mercado frente a cualquier señal sobre reservas y dólar.

El crédito como apuesta oficial y su impacto indirecto sobre el dólar

En este escenario, desde C-P explicaron que el crédito doméstico emerge como la principal apuesta oficial para dinamizar la economía. Es el canal con mayor potencial para aportar crecimiento en el marco de la actual estrategia macroeconómica, especialmente en un contexto donde otras fuentes de impulso son limitadas.

Sus analistas recordaron que el dinamismo del crédito fue clave en la recuperación del segundo semestre de 2024. En particular, el crédito a las familias realizó un aporte significativo, estimado en un aumento del 8% sobre la masa de ingresos formales, lo que sostuvo el consumo y la actividad.

Sin embargo, el panorama cambió. Desde C-P señalaron que el giro monetario previo a las elecciones introdujo fuertes tensiones: el apretón monetario deterioró la gestión de liquidez del sistema financiero, afectó las cadenas de financiamiento y golpeó de lleno al crédito y a las tasas de corto plazo.

Ese deterioro no es neutro para el dólar. Cuando sube la tensión financiera y se encarece el crédito, la demanda de cobertura suele aumentar, especialmente en un contexto donde la inflación sigue siendo elevada y el margen de maniobra monetario es acotado.

Las alternativas para conseguir dólares y su lectura en la City

Desde 1816 detallaron que el Tesoro enfrenta un menú limitado de opciones para cubrir el faltante de dólares. Una de ellas es reabrir el Bonar 2029 o emitir un título similar, aprovechando regulaciones que permitirían una colocación a tasas algo menores a las que hoy muestra el mercado secundario.

Otra alternativa es emitir títulos en dólares de corto plazo, con vencimientos en 2026 o 2027. Desde la consultora reconocen que la demanda potencial existe, dado el volumen récord de depósitos privados en dólares y el tamaño de los fondos comunes en moneda dura.

Sin embargo, 1816 advierte que esa estrategia tiene un costo intertemporal: concentrar vencimientos en años preelectorales puede trasladar el problema hacia adelante y generar nuevas tensiones cuando el calendario político vuelva a pesar sobre las expectativas.

La última opción es recurrir a financiamiento vía repo con bancos internacionales. Aunque permitiría acceder a montos relevantes en el corto plazo, también implica sumar deuda garantizada y volver más "junior" a los bonos soberanos frente a acreedores senior. Para la City, ese detalle no pasa inadvertido y suele traducirse en presión sobre el dólar financiero.

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