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Suben las tasas, pero el dólar no afloja: la señal que inquieta a la City en el arranque de 2026

Reservas, tasas y bandas: tres variables definen si el dólar se sostiene o se recalienta en 2026. La hoja de ruta que sigue la City desde enero, día a día.
06/01/2026 - 15:10hs
Suben las tasas, pero el dólar no afloja: la señal que inquieta a la City en el arranque de 2026

El dólar oficial operó este martes 6 de enero a $1.490, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negociaba a $1.470. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vendía $1.537 (-0,4%), y el MEP se ubicaba a $1.496 (0,24%). Por último, en el segmento informal, el blue se negociaba a $1.520.

El arranque de 2026 encuentra al mercado financiero argentino atravesado por una tensión que no termina de resolverse. Las tasas en pesos suben, el dólar se mantiene firme y las reservas siguen siendo el principal factor de análisis para anticipar el próximo movimiento cambiario. El cierre de 2025 dejó un escenario menos frágil de lo que se temía meses atrás, pero también expuso límites claros en el equilibrio monetario.

La combinación de una política cambiaria más explícita, un mercado de pesos con liquidez acotada y una oferta de divisas estacionalmente débil obliga a los inversores a mirar más allá del precio del dólar diario. La clave pasa por entender cuánto margen real existe para sostener el ancla cambiaria sin acumular reservas y sin llevar las tasas a niveles que terminen dañando la actividad y el crédito.

En ese contexto, la City sigue con atención cada decisión del Banco Central y del Tesoro. El nuevo régimen de bandas, la dinámica de encajes, el comportamiento del M2 y la estrategia financiera para cubrir vencimientos configuran un mapa complejo, donde el equilibrio depende de variables que se mueven en simultáneo.

Volatilidad en pesos y una señal que incomoda al mercado

Federico Machado señaló que 2025 cerró con la misma volatilidad que lo caracterizó durante el año, especialmente en el mercado de pesos. El fin de año combinó una aceleración del tipo de cambio con una nueva suba de tasas, un patrón típico cuando el excedente monetario se agota y el sistema busca reacomodarse.

El economista remarcó un fenómeno poco habitual: creció la demanda de pesos y, al mismo tiempo, la demanda de dólares. Esta convivencia refleja que los agentes no encuentran un activo claramente dominante y optan por diversificar posiciones frente a la incertidumbre.

Desde Eco Go coincidieron en que el cierre de 2025 fue mejor de lo que se anticipaba apenas tres meses antes y que, en paralelo, mejoraron de forma significativa las perspectivas para 2026. Sin embargo, aclararon que esa mejora no elimina las tensiones de corto plazo en el mercado monetario.

Para ambos análisis, el punto en común es claro: la suba de tasas no está logrando relajar al dólar, lo que enciende una señal de alerta sobre la efectividad del instrumento en un contexto de expectativas sensibles.

Base Monetaria ajustada y un "pulmón" cada vez más chico

Machado precisó que la Base Monetaria Amplia volvió a ubicarse en mínimos del año, cerca de los $47 billones. Luego de haber alcanzado un pico en torno a los $50 billones, el excedente de pesos fue absorbido mediante ventas de dólares durante el proceso electoral y, más recientemente, por ventas de títulos del Banco Central.

El resultado, según el economista, es que el sobrante monetario hoy es mínimo. La Base Monetaria representa alrededor del 88% de la Base Monetaria Amplia, lo que deja muy poco margen para absorber shocks sin impacto inmediato en tasas o tipo de cambio.

En paralelo, Machado explicó que la política de encajes comenzó a normalizarse, aunque todavía se mantiene en niveles elevados. Si bien en el primer trimestre del año representaban cerca del 33% de la Base Monetaria, hoy rondan el 40% en promedio, restringiendo la liquidez del sistema.

Desde Eco Go señalaron que este esquema contribuye a un mercado de pesos más tenso, donde la tasa pasa a ser el principal mecanismo de ajuste, con efectos directos sobre el costo del crédito y la actividad.

M2, estacionalidad y una demanda de pesos engañosa

Eco Go explicó que el crecimiento reciente del M2 transaccional privado, utilizado como proxy de la demanda de dinero, debe leerse con cautela. Gran parte del aumento responde a un factor estacional: el pago de aguinaldos, que eleva transitoriamente los saldos en cuentas bancarias.

Según sus analistas, solo una parte de ese incremento puede considerarse demanda genuina de pesos. Otra porción termina volcándose al mercado de cambios, lo que limita el efecto estabilizador sobre el dólar.

Machado coincidió en que este punto es clave para interpretar el escenario actual. Un aumento del M2 no implica necesariamente una mejora estructural en la demanda de dinero si está explicado por factores transitorios.

Por eso, desde la City se evita leer estos datos como una señal definitiva de calma cambiaria y se los observa como parte de un proceso más frágil.

Tasas en alza y un carry cada vez más exigente

Machado sostuvo que, con el agotamiento del "pulmón" de liquidez, las tasas en pesos se elevan de forma casi automática. En teoría, este debería ser el mecanismo que equilibre el mercado cambiario, incentivando la venta de dólares para colocarse en moneda local.

El problema, advirtió, es que la elasticidad del tipo de cambio a la tasa fue baja. Incluso con tasas más altas, el dólar no mostró una reacción proporcional, especialmente en un contexto donde el precio está intervenido.

Eco Go explicó que la recalibración de la pendiente de la banda superior —ahora indexada a la inflación con rezago— redujo el riesgo de tener que defenderla con reservas netas muy negativas, pero reconfiguró la ganancia esperada del carry trade.

En ese marco, sus analistas remarcaron que, con menos restricciones cambiarias, la tasa en pesos debe equiparar a la tasa en dólares más la expectativa de devaluación, elevando el piso de rendimientos exigidos y presionando sobre el crédito.

Reservas en segundo plano y foco en el nivel del dólar

Desde Eco Go detallaron que, tras el anuncio del nuevo régimen cambiario, el Tesoro comenzó a intervenir activamente en el mercado oficial, comprando y vendiendo dólares, mientras el Banco Central volvió a ofrecer cobertura mediante instrumentos dólar linked y futuros.

La prioridad, señalaron, fue sostener el valor del dólar en una zona acotada, en torno a los $1450–$1455, aun a costa de resignar acumulación de reservas en el corto plazo.

Eco Go explicó que el Tesoro llegó a fin de diciembre con una parte de los dólares necesarios para afrontar el pago del cupón de enero, complementados por recursos en pesos en el Banco Central, ingresos pendientes por privatizaciones y la posibilidad de financiamiento puente.

Machado, en tanto, advirtió que esta estrategia refuerza el ancla cambiaria, pero deja latente el interrogante sobre la capacidad de recomponer reservas sin recalentar el dólar.

El puente hasta la cosecha y el punto crítico del año

Eco Go señaló que el Gobierno sigue priorizando la desinflación con ancla cambiaria, mientras busca construir un puente financiero hasta la salida de la cosecha. En el corto plazo, la demanda estacional de pesos convive con una oferta escasa de divisas en el mercado oficial.

Sus analistas explicaron que en febrero la oferta externa todavía no mejora, pero la demanda de pesos comienza a caer, reabriendo tensiones. Allí aparece el rol de la ley de presunción de inocencia fiscal como instrumento para extender el horizonte.

Machado coincidió en que la cantidad de dólares que logre comprar el Banco Central será clave para atravesar el segundo semestre, cuando la estacionalidad exportadora vuelve a jugar en contra.

A diferencia de 2025, 2026 no tendrá elecciones, lo que reduce el ruido político, pero no elimina los desequilibrios financieros.

Dos escenarios y una señal que la City no ignora

Eco Go planteó dos escenarios centrales para 2026: uno en el que el Banco Central logra comprar dólares dentro de la banda y sostener el esquema, y otro en el que la falta de acumulación de reservas derive en mayores presiones cambiarias en la segunda mitad del año.

En ambos casos, sus analistas asumen que el Gobierno prioriza la desinflación por sobre la acumulación de reservas. Sin embargo, advirtieron que si esta última no se concreta, la formación de activos externos puede terminar imponiéndose.

Machado resumió el dilema en tres posibles respuestas: flexibilizar encajes, inyectar liquidez comprando dólares o dejar que las tasas suban todo lo necesario para forzar ventas de divisas.

Por eso, la señal que inquieta a la City en este arranque de 2026 es contundente: las tasas suben, pero el dólar no afloja, un combo que confirma que el equilibrio sigue siendo delicado y que cualquier desvío puede acelerar un nuevo capítulo cambiario.

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