Empresarios ganaderos europeos, en alerta por el acuerdo con el Mercosur: su plan para evitar que avance
Los ruralistas europeos de Francia, Polonia, Hungría, Italia, España y otras naciones integrantes de la Unión Europea significaron, históricamente, el principal escollo para detener el trabajoso acuerdo comercial entre la mayoría de las naciones del viejo continente y los países miembros del Mercosur, más aún, que las críticas de los industriales sudamericanos al pacto que pone en riesgo sus negocios locales.
Sin embargo, el acuerdo es una realidad y, si bien deberá ser ratificado en instancias parlamentarias y varias asociaciones empresariales, obreras y medioambientales opositoras, reclamarán ante la Justicia, es prácticamente imparable en virtud de la decisión de los gobiernos y la burocracia europea involucrados.
Como un acto desesperado, los "farmers" y los ganaderos de Europa apelan una vez más a cuestiones sociales para sostener sus privilegios y su alergia a la competencia. Sin ir más lejos, en los últimos días, se han registrado numerosos posteos de cuentas en redes sociales advirtiendo sobre los riesgos del los productos sudamericanos, recurriendo a verdaderas leyendas negras que infunden el terror en las sociedades de Europa.
Un ejemplo individual lo ofreció el ganadero español, Carlos N. Valdevira que posteó en X: "Carne de vacuno de Mercosur: barata, pero tóxica, con pesticidas vetados en la UE. ¿Resultado? Competencia desleal que arrasa con granjas europeas. Bruselas es la tumba del sector primario".
Bruselas es reconocida como la capital de facto de la Unión Europea debido a su ubicación central en Europa y su papel como sede de las principales instituciones de gobernanza de la UE. El posteo de Valdevira apela a un argumento repetitivo y típico del activismo ecologista por su explicación de vacunos alimentados con pasturas que contienen pesticida. Y lo hace a pesar de adherir al partido de derecha VOX, de fuertes lazos con La Libertad Avanza argentina.
A pesar de esta característica política, coincide con las apreciaciones del otro extremo ideológico político. La izquierda española, que es muy fuerte en los reclamos obreros en su país y, a través de medios y redes, viene denunciando el acuerdo UE-Mercosur referenciándose en informes de organizaciones como Ecologistas en Acción y Greenpeace.
Para los activistas ecologistas, "todo lo que rodea el acuerdo UE-Mercosur es tóxico", y a través de documentos explican que hay un negocio en torno a los pesticidas que benefician a la industria farmacéutica europea y a los agroexportadores argentinos, brasileros y paraguayos.
Explicaron que el acuerdo eliminaría aranceles a la exportación de pesticidas europeos hacia el Mercosur, mientras reduce los controles sobre alimentos importados. Investigaciones recientes hallaron residuos de glifosato e imidacloprid en limas brasileñas vendidas en la UE, pesticidas prohibidos en Europa, pero fabricados por empresas europeas.
El glifosato de Monsanto, en la actualidad producido por Bayer, es bien conocido en nuestras pampas, es un herbicida ampliamente utilizado en la agricultura y en jardinería para eliminar malezas y plantas no deseadas. Es uno de los herbicidas más populares en el mundo debido a su eficacia y bajo costo. Sin embargo, su uso ha sido objeto de controversia debido a posibles riesgos para la salud y el medio ambiente. Mientras que el imidacloprid es un tipo de insecticida neuroactivo, patentado y fabricado por Bayer Cropscience.
Para las organizaciones ecologistas, contrarias al acuerdo de libre comercio, las cuotas pactadas "implican una presión enorme sobre los ecosistemas del Mercosur. Solo la cuota adicional de carne de vacuno, 99.000 toneladas, requerirá 223.000 hectáreas y el sacrificio de 360.000 animales, además de 2.412 hectómetros cúbicos de agua de lluvia y 46 de agua azul, suficiente para abastecer a 814.000 personas durante un año".
La cuota de bioetanol, 650.000 toneladas, exigirá 121.000 hectáreas y 48 hm³ de agua azul, equivalente al consumo anual de 864.000 personas. El informe calcula que estas cuotas podrían aumentar las emisiones en siete millones de toneladas de CO₂ equivalente, sin contar la deforestación, que representa el 55% de las emisiones de Brasil y el 70% de Paraguay.
Los productores europeos contrarios a la asociación contarán, de esta manera, con la asistencia de organizaciones de izquierda alérgicas al desarrollo del comercio mundial e integrado por sindicatos, consumidores, pueblos indígenas y entidades en defensa del medio ambiente europeos.
Para el analista político argentino radicado en España, Ricardo Ferrari, el tratado se destrabó en "Bruselas, después de tantos años y tantas trabas, porque es estratégico para garantizar materias primas críticas y reforzar la cooperación frente a la creciente influencia de China y la inestabilidad económica endémica de América Latina".
A pesar de las reservas ecologistas y del proteccionismo europeo, los productores agropecuarios consiguieron algunos triunfos en el acuerdo que será refrendado por las autoridades el 17 de enero en Asunción de Paraguay.
El paquete negociado en diciembre incluye un mecanismo de vigilancia de mercados para frenar un posible desplome de precios por el aumento de importaciones. Si las compras de productos "sensibles" como carne de vacuno, pollo, huevos, azúcar o cítricos crecen más de un 8%, la UE podría suspender temporalmente las ventajas del acuerdo.
Pero nada alcanza para acallar las críticas y desde las organizaciones agrarias españolas, ENBA y la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN), explicaron que "la Unión Europea importa actualmente 194.000 toneladas de carne vacuna, incluidas entre 100.000 y 120.000 toneladas de cortes de solomillo, lo que corresponde a una cuarta parte del consumo del continente europeo. La entrada en vigor del acuerdo con Mercosur, que agrupa a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, supondría un incremento de 99.000 toneladas, según estimaciones divulgadas en el comunicado. Estas cifras, recomienda la organización, evidencian el posible desplazamiento de la producción local y el abaratamiento de la carne en los mercados europeos debido al acceso preferencial de proveedores sudamericanos".
En las asociaciones ganaderas españolas afirman que la comercialización de carne procedente de Brasil y Argentina con precios considerablemente más bajos que los costes de producción de las explotaciones europeas comportaría dificultades económicas para las ganaderías dedicadas al vacuno.
La leyenda negra por el uso de pesticidas en el campo argentino y otras consideraciones ecologistas que están lejos de conseguir un consenso unánime entre los científicos, con el que se intenta frenar la apertura comercial en favor del proteccionismo económico, tiene una contención natural en la elección de los consumidores.
La fama de la carne argentina en el mundo, y en Europa en particular, no pudo nunca ser derribada por ninguna campaña sucia que se intentó implementar desde usinas de interés. "El europeo que probó la carne argentina siempre vuelve a consumirla como se vuelve al primer amor. Un asado argentino termina con todas las especulaciones", afirmó el productor pampeano, Américo Fernández, a iProfesional.