El "viejo" IPC ayudó a que la inflación no perfore el techo del 3%, mientras se aleja la meta de bajarla al 1%
Ahora queda más clara la resistencia de Toto Caputo a cambiar la canasta que mide la inflación. Si se hubiera aplicado la metodología nueva, el IPC de febrero habría sido de 3,1%, un índice que, con apenas dos décimas por encima del IPC oficial, habría resultado nocivo políticamente para un gobierno que se aferra al discurso de que la inflación está bajando.
Lo cierto es que, contando febrero, van nueve meses consecutivos en los que la inflación se mantiene o sube, y cada vez le resulta más difícil al gobierno dar una explicación. Durante la campaña electoral del año pasado, el argumento preferido era la caída en la demanda de pesos causada por el "riesgo kuka". Pero las elecciones ya quedaron muy lejos, y no hay indicios de que la inflación esté aflojando.
Más bien al contrario, ni siquiera se puede recurrir al argumento de que lo importante es la "inflación núcleo", como hacía Javier Milei el año pasado, porque ahora ese indicador, con un 3,1%, también muestra una tendencia preocupante. Y resulta cada vez más difícil sostener el pronóstico de que en el segundo semestre el índice mensual será inferior al 1%.
La explicación de Caputo es que todavía no se completó el proceso de "cambios de precios relativos", que básicamente refiere a que los servicios -sobre todo, los regulados por el Estado-, tenían precios tan atrasados con respecto a los bienes, que lleva un período largo para que se llegue a una situación de equilibrio. Y es cierto que el gobierno de Milei recibió un sistema energético con "tarifas pisadas", pero también es verdad que los ajustes tarifarios más grandes fueron pospuestos para el momento post electoral.
La bomba tarifaria
Es así que, en febrero, el rubro "Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles" registró un explosivo incremento de 6,8%, más del doble de lo que venía marcando hasta fin del año pasado. No fue una sorpresa para nadie, dado que recién a partir de febrero se empezó a sentir con toda plenitud el recorte de los subsidios tarifarios para los hogares de ingresos medios.
Y la perspectiva de corto plazo es que esa recomposición tarifaria continuará. Ocurre que la necesidad de recortes de los subsidios -que representan un 6% del gasto presupuestario- se acentuó por la peligrosa tendencia en la recaudación impositiva: las cifras de ARCA marcaron en febrero la séptima caída consecutiva, medida en variación interanual real.
Ese rubro, que en la canasta del Indec tiene asignada una ponderación de 9,4% del presupuesto familiar, tendría un 14,5% si Caputo no hubiese cuestionado el cambio metodológico que propuso el resignado Marcos Lavagna.
De estar rigiendo la frustrada nueva canasta -que toma en cuenta patrones de consumo según un censo de 2018, mientras la canasta vigente considera un censo de 2004-, entonces se habría sumado casi dos puntos al IPC de febrero solamente por la incidencia de las tarifas de servicios públicos.
Sorpresa en el rubro alimenticio
Todo ese efecto estaba previsto por Caputo. En cambio, lo que resultó más sorpresivo fue que el rubro de alimentos, que después del pico de fin de año suele disminuir la presión alcista en el verano, continúa con una elevada tasa de aumentos.
Si bien se moderó respecto del impactante 4,7% de enero, el rubro alimenticio continúa muy por encima del promedio del año pasado, al registrar un 3,3% en un mes de apenas 28 días.
Los "villanos" del mes fueron, otra vez, las carnes. En el rubro vacuno, la paleta tuvo un incremento de 8,1% y el asado de 5,7%. Mientras que el pollo dio la nota con una suba de 10,2% en el mes.
Esta situación se da por una combinación de motivos locales y del mercado global. Los ganaderos, al ver subir el precio de la hacienda, tienen incentivo a engordar los animales y así recomponer el stock, que se redujo en casi 10 millones de cabezas tras la política de controles de precios en el gobierno kirchnerista.
Hay, además, un recorte en la producción global, y Argentina, con sus nuevos tratados comerciales, está posicionada para multiplicar su volumen de exportación, lo que genera un "efecto contagio" sobre las carnicerías.
Los expertos del negocio ganadero afirman que, dado el tiempo que lleva el ciclo biológico, los precios podrían seguir altos durante dos años.
La carne y el cambio de IPC
Esa es la parte que Caputo subestimó cuando tomó la decisión de mantener la actual canasta del Indec. Si hubiera aceptado el cambio, tal vez la categoría de alimentos habría neutralizado el efecto de la suba de tarifas.
Ocurre que en la canasta inflacionaria se le sigue asignando a la carne vacuna la misma ponderación en el presupuesto familiar que la que tenía en el año 2004, a pesar de que hoy el nivel de consumo es de 49,9 kilos anuales per capita, un 35% menos que los 63,9 kilos que se consumían en 2004.
Y ese efecto nocivo no se limita al plano estadístico, sino que tiene peso político. En un país con altos índices de pobreza, la inflación del rubro de alimentos es la más sensible, y en buena medida es la que define la aprobación del plan económico de un gobierno.
En su primera etapa, el programa de Milei se pudo jactar de que los precios de alimentos subían menos que el promedio de la inflación, lo cual ayudaba a la caída en los índices de pobreza.
Pero desde octubre pasado esa tendencia se quebró, y ya van cinco meses consecutivos en los que la comida va por encima del resto de las categorías. Es algo que se ve más claro cuando se analiza la evolución de la canasta básica -la que marca el consumo mínimo para estar sobre la línea de pobreza- y la canasta alimentaria -la que indica una dieta diaria suficiente como para no estar en situación de indigencia-.
En febrero, la canasta alimentaria tuvo un incremento de 3,2%, lo que implica una variación de 37,6% en 12 meses. En cambio, el IPC fue de 2,9% en el mes y acumula un 33,1% mensual. Es una situación que habilita a los reclamos de ajustes superiores a la inflación para las jubilaciones y los salarios de las franjas de menores ingresos.
¿Marzo peor?
Y, acaso lo peor de todo, las perspectivas de marzo lucen feas. Ya se trata, de por sí, de un mes con alta inflación estacional, como consecuencia del impacto del inicio de clases y del cambio de temporada textil. Además, claro, seguirá presionando el factor tarifario. Pero, además, las consultoras privadas siguen registrando alzas de alimentos y pronostican que el IPC no se ubicaría debajo de 2,8%.
En definitiva, serán días en los que la capacidad persuasiva de Toto Caputo deberá esforzarse al extremo, dado que este pico inflacionario se produce justo cuando la mayoría de los gremios está renegociando los ajustes de salarios. Y, por otra parte, cuando el gobierno intenta convencer al sector financiero de que baje las tasas de interés en pesos para que se expanda el crédito al consumo y la producción.