¿Punto de inflexión?: el Gobierno se ilusiona con una mayor demanda de pesos y baja de la inflación
El Gobierno suele exhibir dos argumentos cada vez que se le reprocha la inflación alta: la caída en la demanda de pesos por parte del público y la "recomposición de precios relativos" aún en proceso -es decir, la suba de tarifas de servicios públicos tras años de retraso-. Lo que, en cambio, no se explica con mucha claridad es cuánto tiempo falta para que terminen esos dos factores negativos, aunque hay una insinuación de que se está cerca del punto de inflexión.
Toto Caputo se limitó a decir que el efecto por la dolarización masiva -es decir, la contracara del desplome en la demanda de pesos- que se produjo antes de la elección de octubre pasado no se corrige automáticamente por el buen resultado que obtuvo el oficialismo en las urnas.
"El desequilibrio se produjo por una menor demanda de pesos, y eso hay que reconstruirlo y lleva tiempo. Y ahora estamos pagando las consecuencias", afirmó el ministro de Economía.
Y respecto de la recomposición de los precios relativos -que ahora se agravó, porque a los aumentos de la electricidad, el gas y el agua se le suma el shock externo de la suba del petróleo-, la explicación es la misma: lleva tiempo.
Fue el propio Javier Milei, quien ante la pregunta de un usuario de las redes sociales, dio su visión técnica. Reconoció que no es lo mismo el cambio de precios relativos que la inflación -si hubiese afirmado otra cosa, estaría contradiciendo su postura dogmática sobre la inflación como fenómeno monetario-. Pero hizo la aclaración de que, cuando existe sobrante de dinero, el IPC salta en el corto plazo, por la suba de los precios que estaban atrasados.
"En el caso argentino, el exceso de oferta de dinero está dado por lo que fue la herencia del cepo de la era Kuka, junto a los rezagos del plan Platita con controles de precios. Además, si a ello sumamos la caída de la demanda de dinero durante el período electoral 2025, esto potenció el sobrante", escribió el presidente.
Pero afirmó que, aunque se seguirá notando salto de precios mientras dure "la convergencia a la inflación de equilibrio", no hay un cambio en la tendencia de largo plazo.
En definitiva, que sigue habiendo confianza en una caída de la inflación, pero antes habrá que pagar el costo de más turbulencias de precios. Pero, sobre todo, el mensaje tácito es que el gobierno seguirá aferrado a su política de "cierre de la canilla de pesos".
Esto genera en el mercado la expectativa de que la semana próxima, ante un nuevo vencimiento de deuda, Caputo aprovechará para volver a absorber pesos que considera "excesivos" y que pueden presionar los precios. Es elocuente el antecedente de la licitación del Tesoro en la última semana de marzo: ante un vencimiento de $8 billones, el ministro no se contentó con "rollear" la deuda sino que, además, tomó un excedente de $3 billones, una cifra casi cuatro veces más alta que la que había absorbido en la licitación anterior.
De esa manera, Caputo neutralizó el efecto expansivo que unos días antes había hecho el Banco Central al recortar la exigencia de encajes a los bancos.
¿Tiene piso la demanda de pesos?
Es una estrategia no exenta de polémica, dado que esa aspiradora de pesos ocurre en simultáneo con una suba en los índices de morosidad bancaria, una situación que en los bancos achacan a la iliquidez del mercado.
Por otra parte, economistas de línea ortodoxa, entre ellos algunos tan influyentes como Domingo Cavallo, reprocharon al gobierno "la lentitud" con la que el BCRA compra dólares, y dijeron que era erróneo el temor a que una compra más voluminosa pudiera generar inflación por la inyección de pesos. El argumento es que puede haber un salto de corto plazo, pero que luego se estabilizarían los indicadores.
Claramente, no es lo que piensa el gobierno: fue el propio Milei quien, ante un auditorio de inversores de Wall Street, pronosticó que a Santiago Bausili, presidente del BCRA "le van a salir dólares por las orejas", pero inmediatamente le advirtió "cuidado que no se te vaya a los precios".
Y es esta situación la que lleva a una de las grandes preguntas del momento: ¿llegó a su piso la caída en la demanda de pesos, o todavía hay margen para un empeoramiento?
Lo cierto es que la cantidad de dinero -cualquiera sea el agregado monetario que se elija para hacer el cálculo- tuvo una reducción en términos reales durante marzo. Así el M2 transaccional aumentó apenas un 1,4% nominal, mientras el dinero transaccional puro -no incluye caja de ahorro- se redujo un 1,5%.
Por un lado, esta situación no resulta sorprendente, dada la definición tomada por Toto Caputo sobre la necesidad de acomodar la oferta monetaria a la demanda del público. Sigue resonando la frase que el ministro pronunció ante un auditorio de ejecutivos de finanzas: "No puedo forzar a la gente a tener pesos en el bolsillo si no los quiere".
De esta manera, dio a entender que la filosofía contractiva seguirá en pie, aun cuando haya analistas que argumentan que esa política agravará la recesión sectorial de la industria y que contribuirá a sobrevaluar al peso justo cuando el resto de las monedas regionales se devalúan para recuperar competitividad.
Esperando la ayuda del campo
A partir de abril podría haber un cambio en el plano monetario, dado que empieza el "trimestre dorado" en el que se produce la gran entrada de divisas, producto de la exportación de la cosecha gruesa.
Según la información de la Bolsa de Comercio de Rosario, ya hay un 25% de la producción de soja comprometida para la venta, una cifra que supera el promedio de los últimos años para esta fecha.
Y la combinación de altos volúmenes de cosecha y de suba de precios en el mercado global ha hecho que el gobierno revisara al alza sus proyecciones originales: ahora prevé que el campo aporte u$s40.000 millones a la exportación total.
En teoría, una mayor abundancia de divisas en el mercado -y, por consiguiente, una mayor fortaleza del BCRA en materia de reservas-, debería llevar confianza al mercado y, por lo tanto, incrementar la demanda de pesos por parte del público.
Sin embargo, no todos creen que la calma esté asegurada. Entre los expertos del mercado hay quienes apuntan a que es justamente en esos momentos cuando hay mayores probabilidades de que repunte la compra masiva de dólares por parte de los ahorristas.
La tentación de la compra de dólares
Desde ese punto de vista, lo que ocurrirá en el segundo trimestre es que aumentará la oferta neta de dólares en el mercado siempre que los productores sojeros decidan quedarse con los pesos en el bolsillo. Pero dado que hay que financiar la campaña próxima, y que los insumos -como los fertilizantes, derivados del petróleo- están subiendo aceleradamente, es probable que quieran recuperar sus dólares, aumentando así nuevamente la demanda por divisas.
Quienes sostienen este punto ponen como ejemplo los antecedentes de los meses de julio y septiembre del año pasado: la mayor compra de dólares por parte del público coincidió con los momentos de mayor ingreso de divisas del agro.
Además, como suelen recordar los más veteranos del mercado, cuanto más "planchado" y más lejos del techo de la banda de flotación se encuentre el dólar, mayor será la percepción de oportunidad para los compradores.
Y, como además se están comprimiendo las tasas de los bonos en pesos, esa sensación de que puede ser momento de dolarizar carteras puede acentuarse. Como siempre, nadie tiene claro en qué momento ocurrirá el clic, pero lo cierto es que el nivel de compra de dólares registrado en febrero -u$s1.954 millones en el sistema bancario- es vista más bien como la excepción y no como "lo normal". Después de todo, es menos de la mitad de los u$s5.080 millones que se habían demandado en septiembre.
Si tuviera razón Toto Caputo en el sentido de que aquella dolarización estaba más motivada por temor político que por incentivos financieros, entonces se impondrá su argumento de que habrá una recuperación en la demanda de pesos. Pero si ante la abundancia de dólares se reactivase la compra por parte de ahorristas que ven al tipo de cambio demasiado barato, entonces hay un problema.
En definitiva, ese fenómeno de caída en la voluntad de tenencia de pesos no se limitará un problema temporario sino de más largo alcance, con lo cual el pronóstico de una caída rápida de la inflación entrará en cuestionamiento.
¿La carne ayuda?
Hay, sin embargo, algunos factores que juegan en favor del gobierno, en el área de "recomposición de precios relativos". Así, mientras los combustibles suben, el sensible rubro de los alimentos, uno de los puntos inesperados que empujaron al alza el IPC en el verano, está pisando el freno.
Las consultoras que hacen relevamientos propios de la canasta inflacionaria están registrando aumentos por la mitad de los meses previos. En el caso de Analytica, no registraron subas en la primera semana de abril, con lo que el promedio de las últimas cuatro semanas da 1,7%. Por su parte, la consultora LCG midió un promedio de 2,3% para marzo, con el detalle de una atenuación en la velocidad de suba de las carnes, uno de los elementos que habían tenido mayor incidencia en los IPC de los últimos meses.
Los analistas que siguen el mercado de hacienda de Cañuelas indican que sobre el final de marzo hubo una estabilización de los precios, que desde la primavera pasada no dejaron de subir hasta sobrepasar los $5.000 por kilo vivo.
De acuerdo con esos análisis, habrá escaso arrastre de las subas de la carne para abril, lo cual abona las esperanzas del gobierno sobre un quiebre en la tendencia alcista de la inflación para cuando se publique el IPC del cuarto mes.