Movimiento récord de camiones en zona portuaria de Rosario preanuncia la ola de dólares por exportación agrícola
El flujo de camiones a la zona portuaria de Rosario suele ser un indicador confiable para predecir cómo será la exportación agrícola de corto plazo. Y este lunes, con 5.270 vehículos, se confirmaron las visiones más optimistas sobre la próxima llegada de una "ola de dólares".
Es un número que duplica al que se registraba en esta altura del año pasado, cuando también hubo una cosecha con excelente volumen. Pero este año las perspectivas de ingreso son mejores, tanto que el ministro Toto Caputo se animó a pronosticar que el aporte del campo rondará los u$s42.000 millones -muy por encima de la estimación que hace la Bolsa de Comercio de Rosario-.
Por lo pronto, en marzo se registró un récord de exportaciones agrícolas en términos de volumen, con 12,6 millones de toneladas, una suba de 71% en comparación interanual y un 35% por encima del anterior récord, registrado en 2022.
Hablando en plata, el ingreso de marzo fue de unos u$s2.000 millones, lideradas por el maíz, que logró una excelente cosecha de unos 64 millones de toneladas.
Pero en abril, ya empieza a notarse el efecto de la soja, el principal producto de exportación nacional. La logística portuaria marca que un 48% del movimiento corresponde al complejo sojero, mientras que el maíz pasó al segundo puesto con un 40%.
La cosecha de soja rondará los 48 millones de toneladas, algo por debajo del nivel del año pasado, y todavía con un buen precio en el mercado internacional -u$s426 la tonelada en las pantallas de Chicago-, aunque con una tendencia a la baja, dada la abundante oferta mundial por cosechas mejores a las previstas en Brasil y Estados Unidos.
El año del maíz
El maíz, en cambio, tiene mejores perspectivas para defender su buen precio actual -u$s173 por tonelada-, dado que confluyen varios factores en su favor. Uno es la decisión del gobierno estadounidense de favorecer el etanol -derivado del almidón de maíz- para la elaboración de las naftas.
El gobierno de Donald Trump, que enfrenta las elecciones legislativas de medio término, había prometido una baja en el precio de la nafta, un objetivo que se complicó por las tensiones políticas globales. Y el recurso del biocombustible atenúa parcialmente el efecto del encarecimiento del petróleo. Como consecuencia, habrá una demanda agregada global para el maíz.
Pero, además, los expertos locales ven una ventaja para los productores argentinos, como consecuencia de los cambios en la previsión de la producción brasileña.
"El clima seco en el sur de Brasil provocó pérdidas del 50,4% en el maíz de segunda cosecha en Paraná, lo que posiciona a Argentina como proveedor alternativo y agrega sostén a los precios locales. La soja en pizarra Rosario cerró a 312,3 dólares por tonelada y el maíz a 183,5 dólares la tonelada", analizó Gastón Ignacio Alvarez.
Y, para completar el panorama favorable, hay otro factor que sostiene el precio del maíz: una mayor compra por parte del sector ganadero, que ahora tiene incentivos para engordar los animales a base de granos.
Con una faena que bajó 10% en un año, los precios en el mercado de hacienda se mantienen altos, mientras la demanda por carne está en alza. En consecuencia, si antes la norma era enviar a faena el ganado de 300 kilos, ahora se los envíe al matadero con más de 480 kilos.
Y el dato clave es que el ganado vacuno se engorda con maíz, que aunque haya subido en el mercado mundial, está más barato que nunca en comparación con la carne. Para ponerlo en números: históricamente, para comprar 10 kilos de maíz, se necesitaba el equivalente un kilo de novillo. Hoy el costo es medio kilo de novillo.
Los sojeros hacen números
Lo cierto es que con la expectativa de venta de u$s16.500 millones del complejo sojero y unos u$s7.500 millones de maíz, el gobierno se prepara para disfrutar un período de abundancia de divisas hasta mediados de año.
El mercado financiero reaccionó a tono con esa expectativa, dado que el dólar continúa su sendero bajista a pesar de las fuertes compras de divisas que realiza cotidianamente el Banco Central -que ya superó los u$s5.400 millones en lo que va del año-. Como, además, las tasas de interés del mercado doméstico también están a la baja, el gobierno encontró el argumento ideal para contestarle a la clásica crítica de que la estabilidad del dólar sólo se explica por el "carry trade".
Sin embargo, aunque el antecedente de marzo y el actual movimiento de los camiones en el puerto rosarino hacen prever un fuerte volumen exportador, lo cierto es que todavía hay dudas respecto de cuál será la actitud de los productores.
Ocurre que, al tiempo que la convulsión internacional generó una suba en los commodities agrícolas, también se produjo una aguda suba en el costo de los fertilizantes y otros insumos, por culpa de la disparada en el precio del petróleo.
Hablando en plata, la tonelada de urea, un insumo básico para la fertilización de la nueva campaña agrícola, sigue ubicándose un 51% por encima del precio anterior al conflicto en Medio Oriente.
En tanto, la cotización de la soja en el mercado de Chicago, si bien ha tenido un breve rebote con las noticias de los últimos días, sigue u$s4,5 por debajo del pico alcanzado a fines de marzo.
En síntesis, lo que verdaderamente le importa al productor agrícola argentino, que es el margen de ganancia, sigue mostrando un panorama desalentador: se necesita vender 1,65 toneladas de soja para poder comprar una tonelada de urea. Antes del conflicto, esa relación era de 1,12.
Claro que estas cifras son las que surgen de la comparación de precios internacionales. Cuando son corregidas por el efecto de la retención de 24% en la exportación de soja, entonces el costo del insumo se hace mayor aun: cada tonelada de urea equivale a 2,17 toneladas de soja puestas en el puerto de Rosario.
¿Sin margen para aliviar impuestos?
Esta situación es lo que hace que se sigan escuchando quejas en el campo respecto del nivel de las retenciones a la exportación. Aun cuando rige una baja de dos puntos respecto del año pasado, el adelgazamiento de los márgenes se está notando. Y en los casos más graves -los de quienes arrastraban una deuda financiera-, la ecuación del negocio sigue en rojo.
En tanto, un informe de Marianela de Emilio, experta del Inta muestra cómo la soja argentina se encuentra en uno de sus peores momentos de la última década en relación insumo/producto. La situación es particularmente grave para costear el gasoil, la urea y el fosfato diamónico.
"Para realizar inversiones en bienes de capital, como un tractor o un silo, hoy se necesita el doble de granos que hace dos años", grafica De Emilio, que advierte sobre márgenes cada vez más delgados en el negocio agrícola.
Es por esto que continúan las insinuaciones, pedidos y reclamos sobre un alivio impositivo. La situación fiscal -con ocho meses consecutivos de caída en la recaudación impositiva- no parece dejar mucho margen para que el ministro atienda ese pedido del campo.
De hecho, el ministro está recibiendo advertencias por cómo la caja fiscal puede verse impactada ante la nueva situación petrolera. Es cierto que Vaca Muerta podrá dejar un superávit energético de más de u$s10.000 millones ese año. Sin embargo, hay economistas que afirman que esto no tendrá un impacto tan notable en la recaudación impositiva.
En el último informe de la fundación FIEL, Daniel Artana apunta a "un error de diseño en el esquema de retenciones móviles" para el sector energético. Con la reforma que rige desde 2020, hay un tope de 8% a las retenciones para la exportación, no se logra captar el mayor margen cuando hay una gran suba de precio en el mercado internacional. En cambio, sí se notará de lleno el costo por la importación de gas licuado de petróleo.
"En suma, los mayores ingresos por retenciones no alcanzarán para financiar los mayores costos por el gas importado y los mayores subsidios al transporte público", indica Artana.
Si, además de esta situación, Caputo se aviniera a aliviar la situación de los productores sojeros, no sólo se enfrentaría a un riesgo fiscal, sino que además se ganaría un problema con su colega Scott Bessent, a quien el año pasado le prometió que no repetiría los "tax holidays" que provocaron protestas entre los farmers de Estados Unidos.