• 30/4/2026
ALERTA

Milei apuesta al boom del crédito con tasas bajas, bancos públicos y pesos frescos: qué riesgo alerta la City

Las medidas para dar liquidez no impulsarán al crédito si no se resuelve la crisis de la mora, advierten los bancos. Temen inyección de pesos sin respaldo
30/04/2026 - 14:30hs
Milei apuesta al boom del crédito con tasas bajas, bancos públicos y pesos frescos: qué riesgo alerta la City

Otra típica paradoja argentina está ocurriendo en estos días: Javier Milei afirma en un evento empresarial que no está dispuesto a "apartarse ni un ápice de la ortodoxia" y, además ratifica que, como liberal, está en contra de que el gobierno elija cuáles serán los sectores "ganadores" de la economía. Sin embargo, sus críticos están marcando que las últimas medidas económicas se parecen más al intervencionismo de Sergio Massa que a los postulados de la escuela austríaca.

Ya había una corriente crítica entre analistas que afirmaban que lo que el gobierno calificaba como "riesgo kuka" antes de la elección legislativa, en realidad, camuflaba inconsistencias del programa económico. Sobre todo, la abrupta suba de tasas de interés ante la escapada del dólar.

Luego, la crítica sobre manipulación de tasas continuó, pero ahora con el argumento opuesto: que se quiere forzar una baja para inducir una recuperación del crédito, pero que eso implicará un subsidio, dado que las tasas serán negativas en términos reales. Puesto en números, que el gobierno quiere dar créditos al 20% en una economía con una inflación que los economistas proyectan entre 26% y 30%.

El gobierno habla abiertamente sobre un boom del crédito en los próximos meses, y un informe del Banco Central indica que hacia fin de año el volumen de dinero prestado por los bancos al sector privado haya aumentado un 0,3% del PBI, lo que equivale a u$s21.000 millones o unos $30 billones.

Inyección de pesos

El regreso del crédito, sobre todo para el sector pyme, es un objetivo sobre el que hay consenso, pero el debate gira en torno a si Milei, bajo una retórica liberal, estará replicando políticas "keynesianas" con tasas subsidiadas.

Es por eso que en los últimos días hubo chicanas desde la oposición respecto de que se prepara un "plan platita" libertario. Ese plan estaría conformado por medidas que a los analistas les generan sospechas de tensiones inflacionarias o cambiarias.

*El uso de la elevada liquidez de la banca pública para poner en marcha programas específicos dirigidos a pymes, con tasa subsidiada, que en los hechos supondrían retomar algunos de los programas de incentivos que aplicaba la Secretaría Pyme en el gobierno peronista.

Actualmente hay líneas crediticias del Banco Nación para consumo que se promocionan como "tasa cero" a pagar en 12 cuotas, para compras de artículos de las ramas tecnología, construcción y equipamiento del hogar.

*El endeudamiento con organismos de crédito, como el Banco Mundial, para fomentar a pymes que habitualmente tienen dificultad de acceso al crédito bancario. De hecho, el ministro Toto Caputo ya confirmó un primer tramo de unos $35.000 millones.

*La posibilidad de que se repita una transferencia de fondos desde el Banco Central al Tesoro por concepto de ganancias contables no capitalizadas. Es algo que ya se hizo el año pasado, por un monto de $11,7 billones. Y las versiones del mercado indican que este año se repetiría la medida, por un volumen que podría rondar los $30 billones.

Aunque el gobierno afirma que estas transferencias obedecen a ganancias reales del BCRA por disminución de pasivos y por valorización de su cartera de inversiones, hay economistas que no ven mucha diferencia con las asistencias que en el gobierno peronista hacía el Central al Tesoro, y que tenían el efecto real de una expansión monetaria sin respaldo.

¿La demanda de crédito es genuina?

Lo cierto es que el crédito sigue en un momento de retracción, particularmente en el sector pyme. La crisis de morosidad ha agravado la situación, porque llevó a los bancos a ser más selectivos y exigentes a la hora de evaluar a los solicitantes de préstamos.

Y, en ese contexto, las pymes son las primeras candidatas a quedar fuera del sistema. Un informe de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) indica que dos tercios de las pymes estuvieron por lo menos seis meses sin poder acceder al crédito bancario. Y eso generó un desplazamiento hacia el segmento financiero con exigencias menos rígidas -que incluye al Fintech-, donde los costos suelen ser más elevados.

Lo irónico de la situación es que los economistas más críticos culpan al propio gobierno de haber generado esa situación, por haber forzado una expansión crediticia que no tenía demanda genuina -algo que se reflejaría con un crecimiento en el ahorro-.

Por caso, Roberto Cachanosky afirma que son los propios autores liberales citados por Milei quienes explican cómo funciona el ciclo de expansión y retracción del crédito, y señala que la morosidad actual es consecuencia de que la base monetaria creció 117% en el primer año de gobierno.

"Todo este proceso genera una distorsión en el verdadero precio de coordinación económica: la tasa de interés. Cuando esa tasa se manipula, lejos de impulsar un desarrollo sostenible, induce a desajustes que, con el tiempo, se traducen en aumentos de la mora y en la necesidad de ajustes posteriores. La experiencia argentina reciente lo confirma: no se trata de una ‘falla del mercado’", escribió el analista.

Cautela en los bancos

Más allá de la discusión teórica, en el sector privado hay escepticismo respecto de que el panorama actual pueda cambiar rápidamente. Si se exceptúa a las grandes compañías, calificadas como de bajo riesgo crediticio, las carteras de los bancos muestran una mora de 4% en el segmento de empresas, según un informe de la consultora Analytica.

"Va a ir de a poquito, no es que de golpe van a bajar las tasas a la mitad. Es algo paulatino. Entre otras cosas, porque estos niveles de morosidad son algo que los bancos estamos pariendo. Es una pérdida con un impacto muy importante", señala un ejecutivo de uno de los tres mayores bancos privados.

Y advierte sobre el riesgo de que el gobierno quiera forzar una baja demasiado rápida en las tasas para crédito, porque se corre el riesgo de efectos colaterales, como el de una baja más rápida de la tasa pasiva -la que se paga a los depositantes-. En definitiva, que en vez de achicarse, el spread de tasas se agrandaría, y habría un aliciente extra para que los ahorristas miraran con deseo al dólar.

"Obviamente, al haber más liquidez por las medidas del Central, eso va a hacer que las tasas bajen. Pero hasta que lleguen al nivel que se requiere para que el crédito vuelva a crecer fuerte, va a tardar un rato, diría meses. Porque el recorte tiene que ser significativo para que se note el efecto", pronostica el ejecutivo bancario consultado.

De hecho, otros directivos del sistema financiero afirman que la variable más importante no es el nivel de tasa sino la capacidad de depuración de la cartera de mala calidad, por lo que son más propensos a que la ayuda estatal se concentrara en la refinanciación de las empresas morosas.

La "maquinita" y un toque keynesiano

El otro gran tema de debate es el de una posible expansión monetaria por la transferencia de ganancias del BCRA al Tesoro, y que ello pudiera tener un impacto inflacionario. Es lo que en el mercado se denomina como "el regreso de la maquinita".

De hecho, hay economistas, como Christian Buteler, que argumenta que la aceleración inflacionaria ocurrida en la segunda mitad del año pasado "es el costo matemático de intentar absorber ese excedente". Esa expansión implicó un salto de 26% en la base monetaria amplia -que incluye también títulos de deuda pública-, lo que lleva a los críticos a afirmar que "la emisión de ayer es la inflación de hoy".

El argumento que plantean los analistas es que, si se concreta una inyección de $30 billones en su cuenta -que actualmente tiene $9 billones-, el Tesoro ya no tendría necesidad de financiarse con recursos del sistema financiero para hacer frente a sus obligaciones de cancelación de deuda. En otras palabras, que pronto se revertiría la actual tendencia, y en las licitaciones ya no se absorberán pesos "excedentes".

Es lo que en el gobierno llaman "punto Anker": el momento en el que el sector público deja de ser una competencia para el sector privado, que vuelve a demandar la liquidez bancaria en el contexto de una economía en crecimiento.

Los críticos señalan el riesgo de que esa inyección de pesos genere un efecto diferido de suba de la inflación. En otras palabras, que el gobierno asuma el costo de avanzar más lento con su estabilización, para ayudar a que se recuperen la inversión y el consumo. Un plan que ningún keynesiano que haya votado a Massa podría cuestionar.

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