¿Quiebre de tendencia?: el boom del campo puede revertir en mayo la caída en la caja de ARCA
El festejo del gobierno por un nuevo superávit fiscal quedó, una vez más, opacado por la constatación de una tendencia preocupante: por noveno mes consecutivo se registró una caída en los ingresos tributarios, lo cual obliga a un esfuerzo mayor en la aplicación de la "motosierra". Sin embargo, ahora se ve una luz al final del túnel: a partir de mayo la caja de ARCA se verá impactada por una inyección de pesos provenientes del agro.
Parte del bajón recaudador se debe a que, en los últimos meses, el rubro de retenciones a la exportación estuvo en mínimos históricos, representando poco más de un 3% del total de la "torta" impositiva, cuando en otros momentos de buena cosecha y altos precios orilló un 10% del total.
Hay varias causas que llevaron a esa situación. La más clara, según los analistas del negocio agropecuario, fue el "tax holiday" decretado por Toto Caputo en septiembre del año pasado, cuando se eliminaron temporariamente las retenciones, para incentivar una liquidación masiva por parte de los exportadores sojeros. Era un momento de escasez aguda de divisas, y el aporte de más de u$s7.000 millones realizado por el campo le permitió al ministro llegar con la situación relativamente controlada a las elecciones legislativas de octubre.
Pero claro, como ya se vio en todas las experiencias de incentivo exportador, la contracara de ese pico de ventas es que en los meses siguientes se produce una notable reducción de las exportación, por la caída del stock. Además, el gobierno bajó a 24% el impuesto para la soja, el principal producto exportable, lo que implicó un sacrificio fiscal adicional.
Y, por otra parte, durante el verano se acentuó el atraso cambiario, con una inflación de 9,48% en el primer trimestre, contra un dólar que cayó un 4,2% en su cotización. Como suele ocurrir en estas situaciones, los productores adoptaron una actitud de cautela, a la espera de alguna señal oficial sobre la política cambiaria o un nuevo alivio impositivo.
Lluvia de dólares… y de pesos
Pero esa situación se está revirtiendo en mayo. La sensación de que hay una oportunidad de venta se generó por la combinación de una cosecha mejor que la proyectada y precios al alza como consecuencia de la turbulencia geopolítica y una disminución de la oferta estadounidense.
Hablando en números, se prevé que se levantarán 50 millones de toneladas de soja y 68 millones de toneladas de maíz, después de la última revisión al alza realizada por la Bolsa de Comercio de Rosario.
Y, en cuanto a los precios, la soja en el mercado de Chicago volvió a ubicarse por encima de u$s420 la tonelada, contra un promedio de u$s380 del año pasado. El escenario global ha mostrado volatilidad, lo cual también actúa como incentivo ante la posibilidad de una merma en la cotización a mediano plazo.
Lo cierto es que se está registrando un fuerte movimiento exportador, como lo prueban los más de 850.000 camiones ingresados a la zona portuaria de Rosario en lo que va del año. El grueso de esa operatoria se produjo en las últimas semanas, cuando se registraron jornadas con más de 14.000 vehículos al polo del cual sale el 80% de la exportación cerealera.
Traducido a dólares, lo que prevé la Bolsa de Rosario es que en mayo se produzca el gran salto exportador, con un total en torno de u$s4.500 millones en el mes. Es un nivel que casi duplica la liquidación de los meses previos, y que supera en casi 50% el registro del año pasado.
En el primer cuatrimestre, el aporte del campo ha sido de u$s8.500 millones, y la nueva proyección de los expertos apunta a que en todo el año se podría llegar a u$s36.100 millones, el cuarto mejor resultado de las últimas décadas, después de los excepcionales embarques de 2021 y 2022, impactados por la pandemia y el conflicto de Ucrania, y del 2025, que tuvo la ayuda de un clima óptimo.
En otras palabras, entre mayo y diciembre ingresarían u$s27.600 millones, un promedio de u$s3.940 millones mensuales.
Oxígeno en la caja de ARCA
Tanto los discursos de los funcionarios como los análisis de los economistas se centran en el aporte de divisas, para tratar de determinar si la actual política cambiarias podrá sostenerse sin sobresaltos o si en algún momento pueda haber una presión sobre el dólar. Es, claro, la preocupación central de todo gobierno, como quedó en claro con el último antecedente de la dolarización masiva de portafolios, ocurrida en los meses previos a la elección legislativa de octubre 2025.
Sin embargo, no se ha reparado tanto en el impacto fiscal de este repunte exportador. Porque si bien el gobierno, en un intento de atenuar el enojo de los productores, ha dispuesto un recorte adicional de las retenciones, lo cierto es que esos impuestos siguen siendo un flujo potencialmente alto de ingresos tributarios. Sobre todo en el caso de la soja, que aporta un 24% para el poroto, y de los productos industriales derivados de la soja, que son gravados con un 22,5%.
En cuanto al maíz, el otro gran protagonista de la cosecha, el impuesto quedó en 8,5%, después del recorte de un punto anunciado en enero.
¿Qué implica esto en términos de recaudación fiscal? Un ingreso por retenciones a la exportación agrícola por aproximadamente $1,2 billón. Es una cifra que representa más del doble que el registro de abril pasado.
Para tener una dimensión de lo que implica esto, si en abril pasado se hubiese generado esa cantidad de pesos por retenciones, se habría quebrado la tendencia declinante de la recaudación impositiva.
Medido en términos de la incidencia sobre el total de la recaudación, las retenciones del agro podrían representar un 6,5% del total, duplicando su peso actual.
Productores enojados
Claro que esta euforia exportadora que se refleja en cada discurso de Toto Caputo -quien no ha dudado en calificar como "un boom" el momento actual del campo- está lejos de verse reflejada en el humor de los productores.
Más bien al contrario, pocas veces se ha constatado un mayor reclamo por un alivio en el impuesto a la exportación. Y el motivo es de rigurosa aritmética: por más que el 24% que pagan los sojeros pueda parecer una cifra menor en comparación con el 33% que se aplicaba en el gobierno anterior, ahora hay una peor ecuación entre ingresos y costos.
Ocurre que, al tiempo que la convulsión internacional generó una suba en los commodities agrícolas, también se produjo una aguda suba en el costo de los fertilizantes y otros insumos, por culpa de la disparada en el precio del petróleo.
Hablando en plata, la tonelada de urea, un insumo básico para la fertilización de la nueva campaña agrícola, sigue ubicándose mas de un 50% por encima del precio anterior al conflicto en Medio Oriente.
En síntesis, lo que verdaderamente le importa al productor agrícola argentino, que es el margen de ganancia, sigue mostrando un panorama desalentador: se necesita vender dos toneladas de soja para poder comprar una tonelada de urea. Antes del conflicto, esa relación era de 1,4. Esto llevó a los expertos a advertir sobre márgenes de ganancia cada vez más delgados en la gestión agrícola.
El reclamo se repite cada vez que los funcionarios del equipo económico se reúnen con las agremiaciones rurales. La respuesta suele ser comprensiva en el discurso, pero con cero posibilidades de respuesta política en el corto plazo. Después de todo, no hay mayor temor para el gobierno que la instalación de dudas sobre el sostenimiento de su superávit fiscal.
Y, justamente, lo que el mercado está viendo es que, si no fuera por el aporte extraordinario de las privatizaciones y de las ganancias por intereses de títulos de deuda soberana, el resultado fiscal ya no sería de superávit, sino que las cuentas volverían a mostrar un rojo en términos primarios.