La baja de retenciones salió mal y hay bronca en el campo: lo que dejó en evidencia el cruce con el Gobierno
Sergio Iraeta es uno de los funcionarios poco conocidos por el gran público. Secretario de Agricultura y, según el organigrama, subordinado al ministro de Economía, Toto Caputo, nunca cultivó un alto perfil, ni siquiera dentro del ámbito agropecuario. Pero todo eso cambió este miércoles, cuando Iraeta pronunció una frase que lo catapultó al centro de la polémica en las redes sociales: "pónganle flow", les dijo con tono enojado a un auditorio de productores maiceros que no aplaudían su discurso sobre las medidas de ayuda al campo.
Así, el funcionario dejó en evidencia, acaso involuntariamente, el temor del gobierno por un cambio de humor de los votantes de la clase media rural, a la que en el gobierno se considera un electorado ya ganado.
Todo ocurrió en Maizar, un congreso de productores de maíz, Iraeta venía haciendo un punteo de medidas de apoyo al sector, incluyendo el reciente anuncio de la rebaja en las retenciones a la exportación. En el auditorio estaban Federico Zerboni, titular de esa agremiación, y Ramiro Costa, gerente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en cuya sede el presidente Javier Milei había anunciado las bajas de las retenciones.
En un momento del discurso, tras enumerar las últimas medidas, Iraeta dijo: "Por supuesto que no es todo, pero hay que empezar por algo. Y estuvimos haciendo muchos ´algos´". Hizo una pausa, pero nadie aplaudió.
Si hubiese continuado el discurso, no habría pasado de otro acto formal del que los productores salen medianamente insatisfechos, y los funcionarios quedan con la sensación de que quedaron políticamente bien parados. Pero Iraeta quería aplausos, y se lo hizo saber a su auditorio.
"No dije la frase para que la aplaudan, pero me llama la atención que no la aplaudan. Si no le ponemos un poco de flow, un poco de onda a la República Argentina y lo que estamos haciendo, no vamos a salir nunca del pantano", protestó.
Seguidamente en la primera fila uno de los directivos aplaudió, con ánimo componedor, a lo que siguió un tibio acompañamiento del resto. Pero Iraeta tampoco frenó ahí, ya había entrado en terreno puramente político: "Hoy es una cuestión pura y exclusivamente actitudinal, es muy desgastante estar en una posición en la cual decís ‘che, mirá, vamos haciendo las cosas’, y lees un tuit de un productor que está del mismo lado en que estaba yo hace 20 años y te dan ganas de agarrar el sulky a patadas".
Y remató con una amenaza velada: "Bajaste las retenciones hace tres días y nada, es como si no hubieras hecho nada. Cambiemos de actitud porque si no, va a cambiar el gobierno y van a cambiar las políticas para el campo".
La frase del secretario tiene un paralelo con lo que Caputo suele denominar "riesgo kuka": el ministro explica que el índice de riesgo país se mantiene alto no por culpa del gobierno, sino por el miedo que el mercado financiero le tiene a un regreso del peronismo en 2027. En esa misma línea, lo que Iraeta está insinuando es que, por más que el cronograma de rebajas de retenciones pueda parecer lento, siempre será mejor que una vuelta a retenciones de 33%, como las que regían para la soja en la gestión de Alberto Fernández.
¿Un efecto boomerang?
Todavía no está claro si la arenga del secretario logrará la reacción buscada -una demostración explícita de apoyo por parte de los productores- o si, por el contrario, tendrá el efecto inverso, con una mayor aversión ante medidas que son calificadas como insuficientes.
Lo que, en todo caso, es seguro, es que Iraeta logró una repercusión impensada, y que puso en evidencia la preocupación oficial ante la posibilidad de una pérdida de apoyo político en el interior rural, un ámbito en el que Milei pone fichas como uno de sus bastiones para la votación del año próximo.
A juzgar por las primeras reacciones, se escucharon más voces de quejas que de aprobación. Ya la semana pasada, cuando se había anunciado la baja de las retenciones, la recepción del anuncio fue tibio. Por caso, el vicepresidente de la Sociedad Rural, Marcos Pereda, había dicho que las medidas llegaban tarde para algunos sectores, como el del trigo, que ya habían tomado sus decisiones de inversión para la siguiente campaña y están en plena siembra.
Pero, más grave, dijo que "nos quedamos con gusto a poco". En otras palabras, que el hecho de contar con un cronograma de baja de retenciones, y el escaso monto del alivio impositivo, no llegan a compensar el aumento de los costos que se han producido en los últimos meses.
Lo que todavía no está claro es si ese sentimiento se reflejará, además, en una tendencia a retener producto, como forma de presión para esperar mejores condiciones de venta -la actitud tradicional del productor, cualquiera sea el color del gobierno- o si este año habrá una decisión en línea con la expectativa oficial.
El objetivo de Caputo era alejar las especulaciones sobre alguna medida transitoria, como una rebaja de retenciones de siete puntos como la dispuesta el año pasado durante el primer semestre o un corte completo de retenciones por un mes, como el "tax holiday" de septiembre pasado. Mucho menos, la posibilidad de una devaluación para buscar competitividad, algo que el gobierno ha descartado de plano.
Y como, además, el mercado global está mostrando mejores precios, el mensaje tácito era que no tenía sentido especular con stocks ni recortar inversiones con vistas a la próxima campaña, porque ya hay un panorama previsible, y no incluye medidas por fuera del cronograma de caída progresiva de las retenciones.
Exportación récord, quejas también
De momento, la liquidación de exportación agrícola viene muy bien, como lo demuestran los récords de exportación que se están batiendo mes a mes. Para el próximo dato, correspondiente a mayo, la expectativa es que se superen los u$s9.000 millones, con un aporte del campo sustancialmente más alto que el del año pasado. De hecho, se espera que más de la mitad de ese número sea resultado del boom sojero.
Ya hay indicios que justifican el optimismo, dado que el movimiento más fuerte en la zona portuaria de Rosario recién se produjo en mayo, cuando se registraron jornadas con más de 14.000 vehículos al polo del cual sale el 80% de la exportación cerealera.
Las previsiones, que ya eran optimistas, se revisaron al alza en las últimas semanas, de manera que se prevé que se levantarán 50 millones de toneladas de soja y 68 millones de toneladas de maíz, según el reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario. Traducido a dólares, y la nueva proyección de los expertos apunta a que en todo el año se podría llegar a u$s36.100 millones, el cuarto mejor resultado de las últimas décadas, después de los excepcionales embarques de 2021 y 2022, impactados por la pandemia y el conflicto de Ucrania, y del 2025, que tuvo la ayuda de un clima óptimo.
Márgenes que se achican
Sin embargo, esta situación no alcanza para disimular esa preocupación que dejó en evidencia el secretario Iraeta. Hay enojo entre los productores, sobre todo porque creen que el gobierno subestima el hecho de que la suba en el precio del petróleo, al mismo tiempo que potencia los ingresos de Vaca Muerta, tienen un temible "lado B": el incremento de los fertilizantes -que son derivados del petróleo- y de los costos logísticos.
"Si el costo de implantación del trigo aumentó 100 dólares por hectárea por el aumento del gasoil y fertilizante, me parece muy poco dejar de sacarle el 2% que aumentan los ingresos solo 20 dólares por hectárea", apunta Néstor Roulet, productor agropecuario y ex subsecretario del sector durante la gestión Macri.
Tampoco faltaron las quejas renovadas por el hecho de que el campo no tenga los mismos beneficios que sectores como la minería y la energía. También hubo alusiones irónicas a la "fatal arrogancia" de los burócratas, una expresión que suele escucharse en los discursos presidenciales.
El error de cálculo del gobierno se deriva de no advertir que parte del sector ha disminuido drásticamente sus márgenes de rentabilidad. Era un problema que ya se veía desde hace dos años, con comentados casos de defaults de deuda financiera. Pero se agravó por la situación internacional.
Hablando en plata, la tonelada de urea, un insumo básico para la fertilización de la nueva campaña agrícola, sigue ubicándose más de un 50% por encima del precio anterior al conflicto en Medio Oriente.
En síntesis, lo que verdaderamente le importa al productor agrícola argentino, que es el margen de ganancia, sigue mostrando un panorama desalentador: se necesita vender dos toneladas de soja para poder comprar una tonelada de urea. Antes del conflicto, esa relación era de 1,4. Esto llevó a los expertos a advertir sobre márgenes de ganancia cada vez más delgados en la gestión agrícola. El malestar no llegó al punto de que haya abucheos para los discursos de los funcionarios, pero acaba de quedar en evidencia que nadie tiene ánimo para aplausos.