TODO UN DESAFÍO

Cuánto cuesta vivir solo y por qué la independencia de los jóvenes se convierte en un privilegio para pocos

Según una encuesta, la brecha entre ingresos y la canasta de emancipación dificulta el acceso de los jóvenes argentinos a una vida autónoma
Por A.L.
ECONOMÍA - 28 de Julio, 2026

Vivir solo en la Argentina es cada vez más difícil, y más si se trata de jóvenes que están tratando de independizarse. Lo que sucede es que la canasta de emancipación alcanzó los $1.321.651 mensuales a nivel nacional, según un relevamiento del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Ese monto representa el piso de gastos que necesita un joven para vivir solo.

El problema es que esa cifra está 47% por encima del salario promedio joven, que ronda los $900.000. La matemática no cierra. Y las consecuencias se ven en los datos de convivencia.

El 44% de los jóvenes argentinos vive con su madre o su padre. Esa es la situación habitacional más frecuente entre los encuestados del estudio. Muy por detrás aparecen quienes viven solos (26%) o comparten vivienda con amigos o compañeros (21%).

La imposibilidad económica no es una percepción subjetiva. Es pura aritmética. Y moldea las decisiones de toda una generación.

Alquiler, servicios y canasta básica, más altos que el sueldo

El estudio combinó datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC con una encuesta propia y un relevamiento del mercado inmobiliario. Así llegó a la canasta de emancipación: el conjunto mínimo de gastos para vivir en forma independiente.

Los $1.321.651 se dividen en tres rubros principales. El alquiler representa $623.726, casi la mitad del total. Los servicios —expensas, luz, gas, agua e internet— suman $370.512. Y la canasta básica de consumo personal completa con $327.413.

Cada componente tiene su propio peso en la imposibilidad de mudarse. Pero el alquiler sigue siendo la barrera más alta. El 27% de quienes viven con sus padres menciona que no le dan los números para alquilar como principal motivo.

Ese porcentaje no sorprende cuando se mira la relación entre ingresos y costos. Frente a un salario de $900.000, independizarse exige casi $1.400.000. La brecha es de $421.651 mensuales.

La canasta de emancipación alcanzó los $1.321.651 mensuales, según la UADE

Cuándo se van de la casa de sus padres y qué diferencias hay entre varones y mujeres

La edad mediana de emancipación en Argentina es de 28,1 años. Pero ese promedio esconde una brecha de género importante.

Las mujeres se independizan antes: a los 27,1 años en promedio, mientras que los varones lo hacen a los 29,2 años. A los 27 años, el 60% de las mujeres ya dejó el hogar familiar. Entre los varones, esa proporción cae al 41%.

La diferencia no responde solo a factores culturales. Tiene que ver con estrategias económicas distintas. Las mujeres suelen mudarse en pareja, lo que les permite dividir gastos. Esa decisión compensa, en parte, otra desigualdad estructural.

Los varones se emancipan con un ingreso promedio de $900.000. Las mujeres lo hacen con $616.300. La brecha salarial al momento de mudarse es del 32%.

Esa diferencia de ingresos explica por qué ellas priorizan la convivencia en pareja como estrategia de salida. No es solo una cuestión de preferencias. Es una necesidad económica que moldea las trayectorias vitales de manera desigual.

Por qué casi la mitad vive con sus padres y qué perfil tienen

El estudio describe con precisión quiénes son los que conviven con sus padres. Tienen en promedio 23,3 años. Son mayoritariamente mujeres (62,6%). Y el principal motivo que mencionan es económico.

El 27% indica directamente que no les alcanza la plata para alquilar. Ese porcentaje supera al de quienes dicen que priorizan el ahorro (no especificado en el original, pero implícito en "por encima de razones como priorizar el ahorro o los estudios").

El 52% de quienes viven con sus padres tiene ingresos inferiores a los de ellos. Y el 44,4% no aporta dinero al hogar. La dependencia económica sigue siendo significativa.

Pero la permanencia en la casa familiar no es solo una estrategia de supervivencia. También genera ambivalencias emocionales que el estudio registra con claridad.

El 27% de los encuestados asocia vivir con sus padres a la tranquilidad y el apoyo. Otro 27% lo relaciona con frustración por no poder independizarse o con sensación de estancamiento. La convivencia es, al mismo tiempo, contención y limitación.

En esa misma línea, dos de cada tres jóvenes se identifican —total o parcialmente— con la frase "soy adulto, decido como adulto, pero en casa mantengo hábitos de adolescente".

Como señala Juana Jurado, investigadora en Psicología de UADE, "la salida de la casa familiar ya no depende solo del deseo de independencia, sino de una combinación de factores económicos, familiares y emocionales. Para la mayoría, irse de casa se volvió una proeza económica."

Uno de cada siete volvió a vivir con sus padres después de haberse ido

El estudio detectó un fenómeno creciente: el regreso al hogar familiar después de haber vivido de manera independiente. El 15% de los encuestados (156 personas) pasó por esa experiencia.

Las razones varían. El 36% volvió después de haber vivido en el exterior. El 17% regresó por una separación o divorcio. Y el 14% lo hizo por el aumento de los costos habitacionales.

Ese último dato es especialmente revelador. Pone en evidencia la fragilidad de los proyectos residenciales y la importancia que aún tiene la familia como espacio de contención frente a cambios económicos, laborales o personales.

La vuelta a casa no es un fracaso individual. Es una respuesta estructural a un contexto donde sostener la independencia se volvió cada vez más difícil.

Dónde es más difícil independizarse y cómo influye la geografía

La brecha entre querer independizarse y poder hacerlo no se distribuye de manera uniforme en el territorio. Los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires se emancipan sistemáticamente antes que los de los Partidos del Gran Buenos Aires.

En la Ciudad, alcanzan el umbral del 50% de independencia alrededor de los 27 años. En el conurbano, esa meta se concreta recién cerca de los 30 años.

La diferencia no es cultural. Es económica. El mercado inmobiliario y el mercado laboral explican mejor que cualquier variable subjetiva por qué mudarse es más accesible en algunos lugares que en otros.

Qué esperan los jóvenes que todavía viven con sus padres

El 58% de quienes viven con sus padres tiene intención de mudarse. Un 21% manifiesta dudas. Y otro 21% directamente no planea hacerlo.

Entre quienes quieren irse, la mayoría preferiría vivir solos antes que hacerlo en pareja. Los aspectos más valorados de una vida independiente son la paz y tranquilidad, la libertad personal y el crecimiento individual.

En contraste, los principales desafíos que identifican están relacionados con los costos económicos, la organización doméstica y la gestión del tiempo.

La posibilidad de acceder a una vivienda propia o alquilada se ha convertido en uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones. En un contexto donde los costos habitacionales ocupan una porción cada vez mayor de los ingresos, la independencia residencial aparece como una meta deseada, aunque difícil de alcanzar para muchos.

Jurado agrega un matiz importante: "A diferencia de generaciones anteriores, muchos jóvenes transitan una autonomía parcial: trabajan, estudian y toman decisiones propias. La permanencia en el hogar familiar implica menos gastos, servicios resueltos y una red de apoyo constante. En ese contexto, cuando existe contención y autonomía, irse de la casa deja de percibirse como una urgencia."

Muchos optan por destinar sus recursos a otros proyectos, como estudiar, viajar o desarrollarse profesionalmente. La independencia residencial plena se pospone, no siempre por imposibilidad, sino a veces por elección estratégica.

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