Milei cumple: para sostener el equilibrio fiscal, el Gobierno ajustó 10% el gasto público
Puntos importantes
El dicho popular reza que quien "avisa no traiciona". Y Javier Milei avisó el último miércoles durante un evento junto a liberales libertarios como él, que no piensa moverse un milímetro de su hoja de ruta.
"El resultado fiscal no se negocia y tampoco vamos a negociar la política monetaria porque no vamos a parar hasta terminar de derrotar la inflación", afirmó. Y redobló la apuesta con una frase dirigida tanto a la oposición como a quienes, desde el propio establishment económico, le reclaman un cambio de rumbo: "Las buenas políticas no se negocian".
Los números de agosto muestran que esa definición política ya tiene traducción en las cuentas públicas.
Según un informe del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal), que dirige el economista Nadín Argañaraz, el gasto primario de la Administración Nacional registró una caída real interanual del 9,96% durante agosto, el mayor ajuste mensual del año.
La motosierra encendida de Javier Milei
La lógica de esta toma de decisiones refiere a la caída de la recaudación impositiva, que se vino deteriorando a medida de que la actividad económica se resintió.
La buena performance de algunos impuestos -como los derechos a las exportaciones o Ganancias- no alcanzó para sostener el equilibrio de las cuentas públicas. Y obligó a que la motosierra siguiera funcionando.
La postura oficial se da en medio de una discusión creciente sobre si el Gobierno debería aflojar el férreo programa económico para darle aire a una economía que todavía muestra dificultades para despegar.
El reclamo ya no proviene solamente del FMI: también fue planteado por economistas cercanos al oficialismo, como Miguel Ángel Broda, e incluso por la ex número dos del Fondo, Gita Gopinath, quienes sostienen que una política fiscal menos contractiva podría acelerar la recuperación de la actividad.
Esas voces vienen pidiendo una mayor flexibilidad monetaria y cambiaria.
Milei eligió exactamente el camino inverso.
¿Cuánto cayó el gasto público según el informe del IARAF?
El estudio del IARAF distingue entre gasto devengado —el compromiso asumido por el Estado— y el gasto pagado, es decir, el dinero efectivamente desembolsado. En ambos casos la conclusión es la misma: el ajuste de las cuentas estatales continúa.
En agosto, el gasto devengado alcanzó $11,26 billones y, descontando una inflación estimada del 1,6%, habría retrocedido casi 10% respecto del mismo mes del año pasado.
El gasto efectivamente pagado también cayó, aunque algo menos: 7,95% en términos reales.
Más relevante todavía es la tendencia. De los ocho meses transcurridos de 2026, en seis hubo reducción real del gasto, y agosto fue el de mayor intensidad. Como consecuencia, el ajuste acumulado trepó del 3,2% al 4,1% entre julio y agosto.
Es, justamente, la evidencia empírica de aquello que Milei prometió: sostener el superávit aun cuando eso implique resignar velocidad en la recuperación económica.
¿Qué partidas del gasto público sufrieron el mayor ajuste en agosto?
El recorte no fue homogéneo. Algunas partidas soportaron una poda mucho más severa que otras.
Las transferencias a provincias y municipios sufrieron una caída real del 81,9%, convirtiéndose en el principal rubro del ajuste. También retrocedieron con fuerza las ayudas sociales y asignaciones familiares (-19,3%), los servicios no personales (-17,2%), los gastos en personal (-7,8%) y las jubilaciones y pensiones, que disminuyeron un 10% durante agosto en la comparación interanual.
La excepción fueron las denominadas "otras transferencias al sector privado", donde se contabilizan principalmente subsidios económicos, con un incremento real cercano al 12%.
Esta decisión se refleja, efectivamente, en que los incrementos de las tarifas de luz y gas fueron inferiores a la inflación para una porción de los consumidores.
Detrás de esa composición aparece una decisión política evidente: preservar algunos instrumentos vinculados a la parte de la sociedad económicamente más relegada mientras se profundiza la reducción de transferencias discrecionales y del gasto corriente.
¿Por qué economistas y el FMI piden flexibilizar el programa económico?
La discusión de fondo es otra. La economía argentina muestra inflación en descenso, estabilidad cambiaria y números ordenados, pero a costa de que la actividad continúe exhibiendo un comportamiento mucho más irregular.
Industria, consumo y construcción vienen alternando meses de estancamiento con retrocesos.
Por eso varios economistas comenzaron a sugerir que el Gobierno aproveche el margen que otorga la desaceleración inflacionaria para flexibilizar parcialmente la política monetaria, con una mayor emisión de pesos vía la compra de dólares. Aun cuando implique un tipo de cambio algo más alto.
El argumento es sencillo: un mayor gasto en infraestructura, obra pública o transferencias podría multiplicar la demanda sin poner necesariamente en riesgo el equilibrio macroeconómico.
Javier Milei rechaza esa lógica de plano.
"El populismo no se le gana haciendo populismo", respondió esta semana, dejando en claro que considera cualquier relajamiento del gasto como el primer paso hacia los desequilibrios del pasado.
Los datos del IARAF indican que, al menos por ahora, esa convicción prevalece sobre cualquier presión externa. Incluso con una recaudación menos dinámica y con partidas que aumentan automáticamente por inflación, el Tesoro mantuvo el ajuste y financió esa tensión reduciendo el gasto real.
¿Cómo manejó el Gobierno la deuda flotante para garantizar el ajuste real?
Hay otro aspecto que observa de cerca el mercado: la disciplina con la que el Gobierno ejecuta el presupuesto. La deuda flotante —los gastos comprometidos pero todavía no pagados— ascendió a $2,1 billones entre enero y agosto, equivalente al 2,37% del gasto primario, un nivel incluso inferior, en términos reales, al registrado un año atrás.
En otras palabras, el ajuste no se explica por una simple postergación de pagos, sino por una verdadera contención del gasto.
El mensaje político y económico termina siendo el mismo. Mientras el FMI y parte de los economistas ortodoxos sugieren abrir ligeramente el grifo para impulsar la economía real, Milei decidió convertir el equilibrio fiscal en una línea roja.