Argentina es el segundo país Latinoamericano con mayor presión tributaria

Argentina tiene una presión tributaria cercana a la de los países desarrollados. El sistema se apoya en impuestos indirectos y resulta regresivo
Una persona con una calculadora y papeles, calculando impuestos

Puntos importantes

Checkbox Checked Argentina tiene alta presión tributaria; el sector formal soporta un 42.4%.
Checkbox Checked Es un sistema regresivo por impuestos indirectos y alta evasión.
Checkbox Checked Hay gran disparidad fiscal provincial y fuerte dependencia.

Argentina registra una presión tributaria elevada en relación con su nivel de desarrollo, aunque todavía se encuentra por debajo del promedio de las economías más avanzadas. Así lo plantea un informe elaborado por Fundar, que también advierte sobre otras características del sistema local: una fuerte dependencia de los impuestos indirectos, una carga proporcionalmente mayor sobre los sectores de menores ingresos y altos niveles de evasión.

Según el trabajo, la presión tributaria argentina alcanzó el 27,6% del PBI en 2024, por encima del promedio de América Latina y el Caribe, que fue del 21,7%, y de otros países en desarrollo.

De esta forma, Argentina se ubicó como el segundo país latinoamericano con mayor presión tributaria, sólo por detrás de Brasil, que alcanzó el 33,7% del PBI. Al mismo tiempo, el nivel argentino se aproxima al promedio de los países de la OCDE, que fue del 34,1%, pese a que ese grupo está integrado mayoritariamente por economías desarrolladas.

Sin embargo, Fundar sostiene que esa comparación no refleja por completo la carga que soporta la economía formal.

Argentina es el segundo país con mayor presión tributaria de la región
Argentina es el segundo país con mayor presión tributaria de la región

La presión tributaria sobre el sector formal llega al 42,4%

El informe explica que la presión tributaria tradicional mide cuánto recauda el Estado en relación con el tamaño de la economía. En términos generales, los países de mayores ingresos suelen registrar una recaudación más elevada, debido a una mayor capacidad administrativa, economías más formalizadas y una mayor demanda de servicios públicos.

Pero en Argentina existe una proporción significativa de actividad informal y sectores que no tributan de la misma manera. Por eso, Fundar plantea que la presión efectiva sobre quienes sí forman parte de la economía formal es considerablemente superior.

"Esta comparación subestima la carga real que soporta el sector formal", señala el informe.

De acuerdo con una estimación de Fundar, si se descuenta del PBI la actividad informal y las ramas que no tributan -como administración pública, educación y salud pública y alquileres imputados-, la presión tributaria sobre el sector formal se eleva hasta el 42,4%.

Ese porcentaje, según el informe, incluso supera el promedio registrado entre los países de la OCDE.

Un sistema apoyado en los impuestos indirectos

La participación de cada tipo de impuesto en el total recaudado
La participación de cada tipo de impuesto en el total recaudado

Otra de las principales conclusiones del trabajo es que el sistema tributario argentino presenta un fuerte sesgo hacia los impuestos indirectos, mientras que los tributos directos tienen un peso relativamente menor en comparación con otros países.

Fundar señala que la participación de los impuestos indirectos sobre el total recaudado en Argentina supera al promedio y a la mayoría de los países de América Latina, además de ser considerablemente mayor que en las economías de la OCDE.

En sentido contrario, los impuestos directos tienen una participación menor en la estructura tributaria argentina.

Las contribuciones a la seguridad social, por su parte, se ubican levemente por encima del promedio latinoamericano, aunque permanecen por debajo del nivel de los países desarrollados. Según el informe, esta diferencia se explica principalmente por los mayores niveles de informalidad que existen en las economías en desarrollo.

La concentración de la recaudación en impuestos indirectos tampoco se debe exclusivamente al IVA. Fundar remarca que el sistema argentino utiliza otros gravámenes de este tipo que son poco frecuentes en el resto del mundo.

Entre ellos se encuentran el impuesto a los débitos y créditos bancarios, conocido como impuesto al cheque; los derechos de exportación o retenciones; y el impuesto provincial a los Ingresos Brutos.

Por qué Fundar considera que el sistema tributario es regresivo

El predominio de los impuestos indirectos tiene, además, consecuencias sobre la distribución de la carga tributaria.

Un sistema es considerado regresivo cuando las personas de menores ingresos destinan al pago de impuestos una proporción mayor de sus ingresos que quienes tienen mayores recursos. Lo contrario ocurre en un esquema progresivo, en el que quienes más ganan pagan proporcionalmente una mayor parte de sus ingresos.

Según Fundar, los sistemas basados principalmente en impuestos indirectos tienden a ser regresivos porque los hogares de menores ingresos destinan una proporción mucho mayor de sus recursos al consumo.

El IVA es uno de los principales ejemplos. Bajo el supuesto de que todo el consumo se realiza dentro de la economía formal y se aplica una alícuota del 21%, una familia de bajos ingresos que destina la totalidad de sus recursos al consumo termina pagando proporcionalmente ese porcentaje sobre sus ingresos.

En cambio, una familia de mayores ingresos que consume sólo la mitad y destina el resto al ahorro paga, en términos proporcionales, el 10,5% de sus ingresos en concepto de IVA.

En el caso argentino, a este efecto también se suma el impacto de Ingresos Brutos, que se aplica en distintas etapas de la cadena productiva.

Los números del informe muestran esa diferencia: las familias pertenecientes al decil 1, correspondiente al 10% de menores ingresos, pagan más del 35% de sus ingresos en impuestos.

La carga disminuye a medida que aumenta el nivel de ingresos. Así, el decil 10, integrado por el 10% de mayores ingresos, paga menos del 25% de sus ingresos en impuestos.

La evasión genera una pérdida equivalente a 8 puntos del PBI

El informe también identifica a la evasión como uno de los principales problemas del sistema tributario argentino.

Fundar sostiene que la elevada ineficiencia recaudatoria -es decir, la diferencia entre lo que efectivamente se recauda y lo que podría obtenerse- no se explica principalmente por los beneficios o tratamientos impositivos preferenciales para determinados sectores.

"La evasión tributaria en Argentina es elevada con relación al resto del mundo", advierte el trabajo.

En el caso del Impuesto a la Renta Empresarial (IRE), equivalente al Impuesto a las Ganancias de sociedades, la eficiencia recaudatoria apenas alcanza el 27%. Según Fundar, casi toda la ineficiencia en este impuesto se explica por la evasión, que alcanza el valor más alto entre los países seleccionados en la comparación.

En el IVA, la eficiencia de recaudación es mayor, aunque la evasión sigue representando una parte significativa de los recursos potenciales. El informe estima que alcanza al 43,7% de la recaudación potencial.

Al considerar ambos tributos, la pérdida de recursos provocada por la evasión equivale a alrededor de 8 puntos del PIB.

Las provincias y una fuerte dependencia de la coparticipación

La recaudación por nivel institucional en cada país
La recaudación por nivel institucional en cada país

El informe de Fundar también analiza las diferencias que existen entre las provincias respecto de su capacidad para generar recursos propios.

La brecha es considerable. En un extremo aparece la Ciudad de Buenos Aires, que recauda de manera directa el 87,8% de sus recursos totales, mientras que sólo el 12,2% proviene de la coparticipación.

En el otro extremo se encuentra Formosa, donde los recursos propios representan apenas el 7,8% del total, mientras que el 92,2% restante proviene de transferencias a través del sistema de coparticipación.

Entre ambos casos existe una relación entre el nivel de desarrollo de cada provincia, medido a través del Producto Bruto Geográfico per cápita, y su capacidad para recaudar recursos propios.

En otras palabras, las jurisdicciones con mayor nivel de desarrollo tienden también a tener una mayor capacidad para financiarse mediante impuestos propios, mientras que las provincias menos desarrolladas dependen en mayor medida de los fondos coparticipables.

Esto, según plantea Fundar, genera una tensión entre dos objetivos. Por un lado, la necesidad de garantizar cierta igualdad territorial y permitir que las provincias con menos recursos puedan financiar servicios públicos. Por otro, la importancia de mantener incentivos para que cada jurisdicción fortalezca su propia capacidad de recaudación.

Uno de los objetivos centrales del sistema de coparticipación, recuerda el informe, es que las provincias menos desarrolladas reciban una mayor proporción de fondos para poder ofrecer bienes y servicios públicos en cantidad y calidad comparable al resto del país.

El diagnóstico de Fundar, así, muestra una paradoja del sistema argentino: el país tiene una presión tributaria elevada para su nivel de desarrollo y una carga aún mayor sobre el sector formal, pero al mismo tiempo mantiene altos niveles de evasión, una estructura basada en impuestos indirectos y fuertes desigualdades entre las distintas provincias en su capacidad para generar recursos propios.

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