El plan económico de Milei bajo presión, según el duro análisis del Financial Times
Mientras los indicadores oficiales muestran señales de alivio, se profundizan las dificultades para quienes enfrentan precios y salarios ajustados
A tres años del inicio de la gestión de Javier Milei, la economía argentina muestra dos realidades que conviven con dificultad. Por un lado, el Gobierno consiguió reducir el déficit fiscal, alcanzar superávit y desacelerar la inflación. Por otro, la actividad económica perdió impulso, el empleo formal retrocedió y el poder de compra de los ingresos sigue bajo presión.
Ese es el diagnóstico que presentó el diario británico Financial Times en una columna titulada "El plan económico de Milei, bajo presión", publicada este viernes. El análisis examina los efectos del programa de austeridad, desregulación y apertura económica que impulsa la administración libertaria desde diciembre de 2023. También plantea un interrogante político: cómo llegará el Presidente a las elecciones de 2027 si las mejoras de los indicadores macroeconómicos no se traducen en una recuperación de la economía cotidiana.
El artículo reconoce los cambios registrados en las cuentas públicas, la evolución de los precios y los costos de financiamiento del país. Sin embargo, advierte que esos resultados conviven con dificultades que afectan a trabajadores, empresas y hogares. La inflación bajó, pero eso no significa que los precios hayan dejado de subir ni que los ingresos hayan recuperado el terreno perdido.
La tensión entre la estabilización macroeconómica y la situación de los hogares aparece así como uno de los principales desafíos para el Gobierno. El programa económico logró modificar variables centrales, aunque todavía queda por ver en qué medida esos resultados pueden sostener una recuperación del consumo, el empleo y los ingresos.
Por qué el plan económico de Milei está bajo presión
En su análisis, el Financial Times sostiene que la economía argentina atraviesa una etapa en la que los avances fiscales conviven con una actividad interna sin impulso. A esa situación se suman la caída del empleo formal y el deterioro del poder adquisitivo, dos factores que condicionan la percepción de los resultados económicos entre distintos sectores de la población.
El diagnóstico pone el foco en las consecuencias de las medidas aplicadas desde el comienzo de la gestión de Milei. La reducción del gasto público, la búsqueda del equilibrio fiscal y la desregulación de distintos sectores forman parte de una estrategia que apunta a modificar el funcionamiento de la economía argentina.
Según el diario británico, algunos economistas consideran que las políticas de austeridad y desregulación impulsadas por el Presidente, identificadas con la denominada motosierra, ubicaron las finanzas argentinas en una posición que no registraban desde hacía décadas.
La evaluación contempla el superávit fiscal alcanzado por el Gobierno, la desaceleración de la inflación y la reducción de los costos de financiamiento. Son indicadores que la administración libertaria presenta como respaldo de su programa y como una señal de cambio frente a los desequilibrios que caracterizaron etapas anteriores de la economía argentina.
Pero hay una diferencia entre ordenar las cuentas públicas y mejorar las condiciones de vida de la población. Un Estado puede reducir sus gastos y equilibrar su presupuesto mientras una parte de los hogares enfrenta dificultades para llegar a fin de mes o una empresa posterga contrataciones porque no consigue recuperar sus ventas.
Esa distinción explica el eje del planteo del Financial Times: el programa económico consiguió modificar variables centrales de la macroeconomía, pero sus consecuencias sobre el consumo, el empleo y los ingresos mantienen abierto el debate sobre su evolución social y política.
Inflación y superávit fiscal, los resultados que destaca el Financial Times
Uno de los datos centrales del artículo es la desaceleración de la inflación. De acuerdo con las cifras citadas en el análisis, la variación de los precios descendió desde un pico cercano al 300% hasta el 34%.
La reducción de la inflación constituye uno de los principales cambios registrados desde el comienzo de la gestión. El Gobierno sostiene que el ordenamiento fiscal y la política monetaria forman parte del proceso que permitió moderar la suba de los precios.
Sin embargo, hay un aspecto que suele generar confusión en el debate económico: una inflación más baja no significa que los precios vuelvan a los niveles anteriores. Si un producto aumentaba de precio a un ritmo acelerado y luego comienza a encarecerse más lentamente, su valor no necesariamente disminuye. Para los consumidores, esa diferencia es concreta cuando llega el momento de hacer las compras o pagar los gastos mensuales.
Por eso, la desaceleración inflacionaria no garantiza una recuperación automática del poder adquisitivo. La evolución de los salarios, las jubilaciones y los demás ingresos frente al costo de vida sigue siendo determinante para establecer cuánto pueden consumir los hogares y qué gastos deben postergar.
En ese contexto, el deterioro del poder de compra mencionado por el Financial Times introduce una dimensión que no queda reflejada únicamente en el índice de inflación. La evolución de los ingresos reales permite observar si las personas pueden recuperar parte de su capacidad de consumo o si continúan ajustando sus presupuestos para afrontar los gastos habituales.
El segundo resultado destacado es el superávit fiscal. Desde el comienzo de su gestión, Milei impulsó una reducción del gasto público con el objetivo de equilibrar las cuentas del Estado y disminuir sus necesidades de financiamiento. Esa orientación constituye uno de los componentes centrales del programa económico.
El equilibrio fiscal también forma parte de la estrategia oficial para limitar la emisión monetaria destinada a cubrir el déficit. Desde la perspectiva del Gobierno, reducir los desequilibrios fiscales permite establecer condiciones para estabilizar la economía y recuperar la confianza de los inversores.
El Financial Times reconoce que la consolidación fiscal contribuyó a mejorar la posición financiera argentina. Aun así, su análisis plantea que esos resultados deben evaluarse junto con la evolución de la actividad y las condiciones económicas que enfrentan los distintos sectores.
El costo del ajuste sobre la actividad económica y el empleo
El programa de Milei combina el recorte del gasto público con medidas de desregulación y una mayor apertura de la economía. La estrategia busca reducir la intervención estatal, modificar las reglas de funcionamiento de los mercados y generar condiciones para la inversión privada.
La aplicación de esas políticas también repercute sobre la demanda interna. La reducción de determinadas partidas del gasto puede afectar los recursos que reciben distintos sectores, mientras que los cambios en las condiciones económicas influyen sobre las decisiones de consumo, producción e inversión.
El diagnóstico del Financial Times apunta precisamente a esa dimensión. Según el artículo, la economía argentina atraviesa una etapa sin impulso, acompañada por una caída del empleo formal y una pérdida de poder adquisitivo.
La actividad doméstica resulta determinante porque conecta los indicadores macroeconómicos con el funcionamiento cotidiano de las empresas y los hogares. El consumo, la producción y la contratación de trabajadores dependen, entre otros factores, de los ingresos disponibles, las expectativas económicas y los costos que enfrentan las empresas.
Cuando los salarios pierden capacidad de compra, muchas familias deben reorganizar sus gastos. Algunas pueden reducir las compras de indumentaria o electrodomésticos; otras postergan arreglos en sus viviendas, salidas o consumos que no consideran indispensables. La suma de esas decisiones puede repercutir sobre los comercios y las empresas que dependen de las ventas en el mercado interno.
El empleo formal es otro de los puntos señalados por el diario británico. La creación de puestos de trabajo registrados influye sobre los ingresos de los hogares, los aportes al sistema previsional y la recaudación vinculada con la actividad laboral. Cuando los puestos formales disminuyen, también se reducen las posibilidades de que más trabajadores accedan a ingresos estables y a los derechos asociados con una relación laboral registrada.
Además, la evolución del empleo condiciona las perspectivas de recuperación del consumo. Un hogar que pierde una fuente de ingresos suele limitar sus gastos, incluso si la inflación comienza a desacelerarse. En esos casos, la mejora de una variable macroeconómica no alcanza para compensar de inmediato el efecto de la pérdida de trabajo.
El análisis del Financial Times no desconoce los resultados fiscales del programa. Su planteo consiste en señalar que el ajuste también tiene consecuencias sobre la economía doméstica, un factor que puede condicionar la percepción social de las medidas aplicadas por el Gobierno.
Desregulación y apertura económica, los otros pilares del programa
Además de la disciplina fiscal, la administración de Milei impulsa reformas orientadas a modificar las regulaciones que afectan a la actividad privada. La desregulación busca reducir restricciones sobre el funcionamiento de los mercados, mientras que la apertura económica apunta a ampliar la competencia con bienes y servicios del exterior.
Estas medidas forman parte de una estrategia que procura modificar las condiciones en las que operan las empresas y los inversores. Para el Gobierno, las reformas deben contribuir a generar oportunidades de inversión y producción, además de favorecer una asignación de recursos con menor intervención estatal.
Sin embargo, los efectos de esos cambios no son necesariamente iguales para todas las actividades. Las empresas que compiten con productos importados pueden enfrentar condiciones diferentes de las que operan en sectores vinculados principalmente con el consumo interno. También influyen factores como los costos de producción, el acceso al crédito y la capacidad de cada firma para adaptarse a las nuevas reglas.
La apertura comercial, por ejemplo, puede ampliar las alternativas disponibles para los consumidores y aumentar la competencia entre proveedores. Al mismo tiempo, las empresas locales que deben competir con productos del exterior pueden necesitar ajustar sus costos, reorganizar sus procesos o modificar sus estrategias comerciales.
El resultado depende de las condiciones concretas de cada sector y de la evolución de la demanda. Si las ventas internas se mantienen débiles, una empresa puede tener menos margen para invertir o incorporar personal, incluso cuando el marco regulatorio cambia.
Por eso, la evaluación de las reformas también requiere observar qué ocurre con la producción, el empleo y la inversión. Esas variables permiten conocer si los cambios en las reglas de funcionamiento de la economía se traducen en una mayor actividad o si persisten las dificultades para recuperar el mercado interno.
En su análisis, el Financial Times destaca la consolidación fiscal y las reformas de mercado, pero advierte que la estabilización no elimina los problemas de la economía doméstica. Esa combinación de resultados fiscales y dificultades productivas constituye el centro del debate sobre el rumbo económico argentino.
El desafío para el Gobierno consiste en sostener el equilibrio de las cuentas públicas y la desaceleración inflacionaria mientras intenta evitar que los problemas de actividad y empleo se prolonguen. La evolución de esas variables influirá en las decisiones de inversión y contratación de las empresas, además de determinar cuánto margen tendrán los hogares para recuperar su consumo.
El desafío político de Milei rumbo a las elecciones de 2027
El diagnóstico del Financial Times también incorpora una dimensión política. A medida que se acerca el próximo turno electoral, el Gobierno deberá defender los resultados de su programa económico y responder por las dificultades que persisten en los ingresos y el mercado laboral.
La estabilización de las cuentas públicas y la reducción de la inflación constituyen argumentos centrales para la administración libertaria. Sin embargo, la evolución del empleo formal y del poder adquisitivo puede influir sobre la evaluación que los ciudadanos hagan de la gestión.
La relación entre los indicadores macroeconómicos y la situación de los hogares será determinante en esa discusión. Una inflación más baja puede reducir la incertidumbre sobre los precios, pero su impacto sobre el bienestar depende también de la recuperación de los ingresos reales y de las posibilidades de acceder a un empleo.
Del mismo modo, el superávit fiscal muestra un cambio en la posición de las cuentas públicas, aunque no alcanza por sí solo para determinar el ritmo de recuperación de cada sector de la economía. Para medir ese proceso también es necesario observar la evolución de los salarios, el consumo, la producción y la inversión.
De cara a las elecciones de 2027, Milei enfrenta el desafío de sostener la orientación de su programa y demostrar que la estabilización puede convivir con una recuperación de la actividad y el empleo. La evolución de esas variables incidirá sobre las expectativas de los trabajadores, las decisiones de las empresas y la capacidad de los hogares para afrontar sus gastos.
El planteo del Financial Times expone dos dimensiones de un mismo proceso. Por un lado, el Gobierno consiguió reducir la inflación desde los niveles máximos señalados por el diario, alcanzar superávit fiscal y mejorar las condiciones de financiamiento. Por otro, persisten dificultades vinculadas con la actividad doméstica, el empleo formal y la capacidad de compra de los ingresos.
La evolución de esas variables permitirá determinar si los resultados de la estabilización se traducen en una recuperación más extendida de la economía. También condicionará el escenario político en el que el Presidente buscará sostener su proyecto en las elecciones de 2027.