El salario empató con la inflación, pero el poder de compra del argentino se frenó
Aunque los números muestran una mejora en el bienestar de los hogares, lograr estabilidad e ingresos suficientes sigue siendo un objetivo lejano
Los hogares que no llegaron a fin de mes bajaron de casi uno de cada tres a uno de cada cinco, y también disminuyó el recorte de alimentos. A pesar de esto, hay una pérdida de poder de compra de los salarios y las expectativas de mejora, que eran muy altas en marzo, se enfriaron.
En abril, el Índice del Argentino de a Pie desarrollado por Focus Market ubicó la economía del hogar promedio en 61,8 puntos: Tensión Contenida. Seis meses después, el indicador marca 72,6 puntos y cruza el umbral hacia Estabilidad Frágil.
Sin embargo, este número puede interpretarse de varias maneras. Si el optimismo era una señal anticipada o solo esperanza. Para responder, comparamos la experiencia de los hogares con los datos oficiales de INDEC y del Ministerio de Trabajo.
Qué mide el índice
El Índice del Argentino de a Pie no reemplaza al IPC ni al PBI, sino que los complementa con algo que los datos duros no muestran: la percepción y experiencia diaria de la economía. Es un indicador híbrido que combina datos oficiales (salarios e inflación del INDEC y del Ministerio de Trabajo) con datos de percepción (encuesta de hogares de Focus Market), y se basa en cuatro pilares
El resultado, en tanto, es un score de 0 a 100, que se lee en tres zonas, cada una con sus subescalas:
Resultado de octubre: 72,6 puntos - estabilidad frágil
El índice de este período arroja 72,6 puntos, más de diez puntos por encima de la edición anterior (61,8) y dentro de la zona de Estabilidad Frágil (70–80). Esto significa que la economía del hogar promedio dejó atrás la presión sostenida de abril, pero el equilibrio sigue delgado: alcanza para sostenerse, no para estar cómodo.
La tabla muestra de dónde viene la mejora. Casi el 80% del avance (8,7 de los 10,8 puntos) proviene del pilar de Costo de vida. Los tres pilares de percepción, juntos, aportaron poco más de dos puntos: el Ingreso real mejoró, el Consumo apenas cambió y las Expectativas retrocedieron levemente.
Ingreso real: cuántos hogares logran ahorrar hoy en Argentina
El primer pilar plantea la pregunta más básica: ¿alcanzó el sueldo? Aquí se ve el cambio más claro respecto de abril, y es positivo.
Actualmente, más de cuatro de cada diez hogares dijeron que pudieron ahorrar algo, y los que no llegaron a fin de mes bajaron de casi uno de cada tres a poco más de uno de cada cinco. Por cada hogar que no llegó, ahora hay dos que ahorraron; en abril la relación era casi uno a uno. Gracias a esta mejora, el puntaje del pilar sube de 60,0 a 66,4.
En abril, la situación estaba muy dividida: había dos grupos grandes en los extremos y uno pequeño en el medio. Ahora, el grupo negativo es más chico y el positivo creció, así que el panorama es más favorable, aunque no igual para todos. Detrás del promedio siguen existiendo realidades diferentes, y el 4% que usó crédito para gastos básicos no cambió.
Queda una pregunta, porque este avance contrasta con los datos oficiales: en los últimos seis meses el salario formal apenas empató con la inflación. Hay al menos dos lecturas posibles: una es que la mejora de la percepción refleje la desaceleración de precios (la inflación mensual bajó de 3,4% en marzo a entre 1,7% y 1,9% en los últimos meses), que alivia el bolsillo aunque el salario real no crezca. Se observa el impacto de la evolución del RIPTE durante la gestión actual, cuando el indicador subió 5,4% frente a una inflación de 2,9%, haya dado un respiro que los hogares aún sienten.
Costo de vida: cómo evolucionó el salario frente a la inflación
Este pilar usa datos oficiales y compara cuánto subió el salario formal (RIPTE, Ministerio de Trabajo) con cuánto subieron los precios (IPC nacional, INDEC) entre febrero y agosto de 2026.
El resultado es un empate técnico, ligeramente negativo para los salarios. El RIPTE avanzó 14,3% y el IPC 14,6%, de modo que el salario real retrocedió 0,2%. La brecha es de −0,27 puntos porcentuales, y el score del pilar se ubica en 97,3.
Este 97,3 no indica ganancia de poder adquisitivo: dice que, en el semestre, el salario prácticamente no perdió terreno. Esa estabilidad oculta un recorrido irregular. Mes a mes, el salario le ganó a la inflación en tres ocasiones y perdió en otras tres:
Un matiz importante para leer el semestre: el salto de febrero (el RIPTE subió 5,4% contra una inflación de 2,9%) queda fuera de la ventana porque es el punto de partida. Si se midiera desde enero, el salario real aparecería 2,1%. La conclusión depende del punto de partida, por eso conviene no leer el semestre como una recuperación, sino como una pausa después de una.
Corresponde aclarar que, si bien la inflación mensual bajó, la interanual sigue en torno al 33% (33,4% en septiembre), casi igual que en enero (32,4%). Los precios suben más despacio, pero el nivel acumulado en doce meses no cedió.
Consumo en los hogares: qué gastos se recortan para llegar a fin de mes
El tercer pilar analiza qué queda después de pagar lo esencial: ¿qué tuvo que recortar o dejar de lado el hogar para llegar a fin de mes?
El score del pilar sube de 55,9 a 57,8, el avance más modesto de los tres pilares que dependen de la encuesta. Dos de cada tres hogares siguen resignando algo, casi igual que en abril (69,5% entonces, 67% ahora). Lo que cambió es qué se recorta.
Los recortes en comida bajaron de uno de cada siete hogares a uno de cada nueve. Es la mejora más significativa del pilar porque la comida es el último escalón de ajuste: cuando se recorta ahí, no queda margen en otros rubros. Que haya menos hogares en esa situación es coherente con la caída de quienes declaran que el sueldo no alcanzó. Aun así, más de uno de cada diez sigue ajustando el plato, y en una economía descrita como "estable" ese dato no debería naturalizarse.
También cambió cómo se reparten los recortes: bajaron las salidas y la comida, y subió la ropa y los electrodomésticos. Una posible explicación es que, cuando el presupuesto mejora un poco, el ajuste pasa a gastos que se pueden postergar, como renovar la ropa o cambiar un electrodoméstico, antes que al ocio o la comida.
Expectativas económicas: qué esperan las familias para los próximos meses
El último pilar se enfoca en el futuro. Pregunta cómo piensa el hogar que estará su situación económica en los próximos meses. Es el único que no mide el presente. En este punto, el índice no siguió la mejora general.
El score del pilar baja de 60,3 a 59,5, una caída leve y la única entre los cuatro pilares. En abril, casi la mitad de los hogares encuestados esperaba estar mejor; ese fue el dato más alto del índice. Ahora esa proporción es menor, aunque sigue siendo la respuesta más común.
Lo sorprendente no es que haya menos optimismo, sino a dónde fueron esas personas: el grupo que espera "estar igual" creció más de ocho puntos, y también hay menos pesimistas. No hay una caída hacia el desánimo, sino un movimiento hacia el centro. La esperanza y el temor pesan menos, y crece la expectativa de que todo siga igual. El hogar promedio ya no espera grandes cambios, ni positivos ni negativos.
Mientras la experiencia diaria mejoró (menos hogares que no llegan, menos recortes de comida), la mirada hacia el futuro se volvió más cauta. Una posible explicación es que las expectativas de abril anticipaban un alivio que en parte se cumplió, y que ahora, con una inflación mensual más baja pero un salario que solo empata, las personas ajustan sus expectativas a lo que ven.
Cruce 1: salario versus canasta
Los cruces analíticos comparan la percepción de los hogares con los datos oficiales. Primero nos preguntamos cuánto dinero le queda, de forma concreta, a una familia que vive con el salario formal promedio.
Con el RIPTE de agosto en $1.982.518 y la Canasta Básica Total para un hogar tipo de cuatro personas en $1.605.497, la diferencia llega a $377.021. Ese margen es un 23,5% por encima del umbral de pobreza. En abril, el margen había sido de 17,8%. La mejora existe, pero es de unos pocos puntos.
Para ponerlo en contexto, son unos $377.000 para afrontar un imprevisto, pagar una deuda, cubrir un gasto de salud o enfrentar una semana con más gastos de lo normal. Ese colchón es más grande que el de abril en pesos, pero pierde valor con una inflación mensual que, aunque bajó, sigue arriba del 1,5%.
La advertencia de la edición anterior sigue vigente. El RIPTE mide el salario promedio de los trabajadores registrados, que son los más protegidos del mercado laboral. Si ese trabajador alcanza el umbral de pobreza con un margen de 23,5%, queda abierta la pregunta sobre quienes no están en el sector formal.
Cruce 2: optimismo versus poder de compra
En abril, este cruce dejó una pregunta abierta: si casi la mitad de los hogares (46,9%) esperaba mejorar, ¿sobre qué se apoyaba ese optimismo? Los datos de entonces no mostraban ninguna aceleración salarial ni una desaceleración sostenida de la inflación, y la nota advertía que la expectativa podía ser legítima "si las condiciones cambian en los meses que vienen". Seis meses después, hay datos para evaluarlo.
Las condiciones cambiaron a medias. La inflación mensual sí se desaceleró: pasó del 3,4% de marzo a menos del 2% en los últimos meses, y es el punto de inflexión que faltaba entonces. El salario, en cambio, no aceleró: el RIPTE subió 14,3% entre febrero y agosto frente a un IPC de 14,6%, una brecha de −0,27 puntos porcentuales. El optimismo de abril, entonces, tuvo una base parcial: precios que se calman, sueldos que apenas los acompañan.
La respuesta de los hogares es consistente con eso. Las expectativas de mejora bajaron casi cinco puntos, pero no se transformaron en pesimismo: los que esperan "estar igual" crecieron más de ocho puntos, y los que anticipan un deterioro bajaron.
Qué tensiones marcan este período
El índice pasó de Tensión Contenida a Estabilidad Frágil, y la palabra clave es la segunda. La economía del argentino de a pie respira mejor que en abril, pero el equilibrio sigue siendo frágil: se sostiene, pero todavía no se consolida.
Tres tensiones marcan este período:
- El salario dejó de perder, pero todavía no gana. Entre febrero y agosto, el salario formal subió 14,3% y los precios 14,6%. El goteo que antes se veía, con la canasta adelantándose al sueldo, se frenó porque la inflación mensual bajó de 3,4% a menos de 2%. Pero empatar no es avanzar, y la inflación anual sigue cerca del 33%. El margen de un salario formal promedio sobre el umbral de pobreza es hoy de 23,5%, unos $377.000 en un hogar tipo, y solo aplica a quienes están registrados.
- El consumo mejora, pero a paso lento. Dos de cada tres hogares siguen resignando algo, casi igual que en abril. Lo que cambió es el último escalón: los recortes de comida bajaron de 14% a 11%. Es una mejora concreta, pero todavía uno de cada nueve hogares ajusta la comida.
- El optimismo se enfrió, y no es casual. En abril, casi la mitad de los hogares esperaba mejorar aunque los datos no lo justificaban, y la nota advertía que la próxima edición mostraría si esa apuesta tenía sustento. La respuesta es parcial: la inflación mensual se calmó, pero el salario solo la igualó. Las expectativas se ajustaron: hay menos esperanza y menos temor, pero más personas esperan seguir igual (35%).
Para pasar de "frágil" a "funcional" (80 puntos o más), la economía necesita algo que aún no se ve: que el salario deje de empatar con los precios y empiece a superarlos de forma sostenida. Para consolidar la mejora, hace falta que los salarios le ganen a la inflación de forma continua. Hasta entonces, el índice muestra una economía que resiste. La próxima edición dirá si resistir alcanza para avanzar.