Apagón masivo en Gran Buenos Aires: expertos anticipan si será inevitable otro corte a gran escala
En una jornada donde la sensación térmica escaló por encima de los 35 grados, cientos de miles de usuarios de la Ciudad de Buenos Aires y Zona Norte y Oeste del Conurbano quedaron sin suministro. La causa fue una afectación directa de las altas temperaturas que motivan el pico de demanda, analizó un especialista este jueves cuando aún no se termina de superar el apagón en muchos barrios y localidades.
Las primeras informaciones indicaron que salieron de servicio, por causas que se investigan, cuatro líneas de alta tensión de 220 kV de la subestación Morón-General Rodríguez, correspondiente a la zona de servicio de Edenor, por una afectación directa por la demanda ante las altas temperaturas.
Si bien el episodio se registró en la zona norte, miles de usuarios de la red de Edesur también se vieron afectados en barrios porteños y localidades del sur bonaerense, debido a que la red está interconectada de tal manera que una afectación de esta magnitud alcanza a otros tramos del sistema, lo que se remonta al diseño original de la empresa Segba, privatizada en los 90.
En el caso derivado del corte registrado a las 14.45, momento en que la demanda estaba en plena aceleración, como ocurre habitualmente en los días de calor que motiva a un mayor encendido de equipos de refigreración, hay distintas situaciones técnicas que pueden converger, de acuerdo a los especialistas.
El calor y el estrés de la red eléctrica
El primer factor técnico que se considera en este tipo de situaciones como la desatada en el nodo de Morón-General Rodríguez es la saturación de la infraestructura de distribución. Las redes de media y baja tensión están diseñadas para operar dentro de ciertos rangos de temperatura, pero cuando la demanda se dispara por el uso intensivo de equipos de refrigeración, los cables y transformadores trabajan al límite de su capacidad.
El calor ambiental impide que estos componentes se refrigeren de manera natural, provocando un recalentamiento excesivo de los materiales conductores que suele derivar en el derretimiento de cables o el estallido de cámaras transformadoras.La situación se hace particularmente preocupante cuando el calor extremo se extiende por cuatro o mas días.
Otro punto crítico es el denominado deterioro por fatiga térmica. En el AMBA, gran parte del cableado es subterráneo y durante las olas de calor, el suelo retiene la temperatura y no permite que los cables disipen el calor acumulado, incluso durante la noche. Este fenómeno impide que la red "descanse", generando una degradación acelerada del aislante de los conductores, lo que finalmente provoca cortocircuitos o fallas de aislación que dejan a manzanas enteras a oscuras.
Finalmente, influye la caída de tensión por desbalance de carga. Al conectarse simultáneamente miles de motores de compresores de aire acondicionado, se produce una caída de los niveles de tensión. Para evitar que este desequilibrio dañe las estaciones transformadoras o afecte la red de alta tensión, los sistemas de protección pueden realizar cortes preventivos o, en el peor de los casos, actuar ante una falla en cadena que comienza en un distribuidor local y se propaga por la red de baja tensión.
¿Habrá nuevos cortes de luz?
De acuerdo a los distintos analistas del segmento eléctrico, un corte de luz como el registrado hoy puede volver a suceder en la zona del Area Metropolitana en tanto se registren nuevos picos de calor con temperaturas largamente por encima de los 30 grados y de forma sostenida, no solo durante la sucesión de días sino también si el termómetro no baja durante las horas nocturnas para dar alivio temporal al sistema.
Más allá de la contingencia climática, el problema estructural reside en la falta de inversión en la red de transporte, las líneas de media y baja tensión, y el cableado de la denominada última milla. Los especialistas coinciden en que gran parte de los componentes del sistema eléctrico en la Argentina ha superado su vida útil, operando con transformadores y cableados que no fueron dimensionados para el crecimiento demográfico y el aumento del consumo hogareño actual.
Tras dos décadas de congelamientos y atrasos tarifarios, las distribuidoras admiten que hay muchas obras pendientes por hacer de manera de que los cortes mejoren sus indicarores en dos aspectos básicos: la cantidad de cortes y la duración de cada uno de ellos, parámetros sobre los que se mide la calidad de servicio de cada prestadora.
La ausencia durante años de un plan de mantenimiento preventivo robusto y la demora en la renovación de subestaciones críticas generan un "efecto dominó": cuando un nodo falla por sobrecarga, la energía se redistribuye por sectores adyacentes que, al estar ya tensionados, terminan colapsando también.
Grandes obras en espera durante años
En términos de transporte, la red que abastece a la Ciudad y al Gran Buenos Aires requiere con urgencia la finalización de obras estratégicas como la línea de alta tensión AMBA I, una obra de u$s1.100 millones que tiene prioridad por parte del Gobierno, pero que aún no salió su proceso de licitación.
Se trata de una obra de un plan de transmisión eléctrica que tiene al menos cinco años de desarrollo, es decir que ya alertaba sobre la urgencia de dar solución a una red al límite, pero su gran limitante es la complejidad de la financiación de al menos u$s5.000 millones.
Este tipo de proyectos es vital para ampliar la capacidad de entrada de energía a la zona metropolitana y permitir una mayor redundancia del sistema; es decir, que existan vías alternativas de suministro cuando una estación transformadora queda fuera de servicio. Sin estas obras de fondo, el sistema carece de la flexibilidad necesaria para absorber los picos de demanda que se generan cada vez que el termómetro cruza el umbral de los 30 grados.
Finalmente, el sector advierte que la solución no solo pasa por generar más energía, sino por mejorar la capilaridad de la distribución local. La modernización tecnológica, que incluye la instalación de medidores inteligentes y sistemas de almacenamiento por baterías, permitiría gestionar la carga de manera más eficiente y detectar fallas en tiempo real.