Naftas: el poder de compra de los salarios cierra 2025 por encima del promedio de la década
El mercado de los combustibles en la Argentina completó un 2025 de fuertes contrastes para los consumidores. Según los datos del sector, el poder de compra del salario promedio alcanzó los 1.033 litros mensuales durante el año pasado, lo que representa un salto del 18,5% respecto a 2024.
Esta cifra no solo mejora el rendimiento del año previo, sino que se sitúa un 3% por encima del promedio de la última década, marcando un hito en la capacidad de consumo de los trabajadores registrados, de acuerdo a un relevamiento de la consultora especializada Economía y Energía (EyE).
Esta mejora en el bolsillo se explica, fundamentalmente, por un menor incremento relativo en el precio de los combustibles en comparación con la recuperación que mostraron los salarios. Durante gran parte de los últimos quince años, la capacidad de compra se vio erosionada; sin embargo, el comportamiento de 2025 logró que el acceso al combustible se ubicara por encima de los niveles históricos recientes, un alivio esperado para el automovilista y la logística.
No obstante, el cierre de año dejó una señal de alerta. En los últimos meses de 2025, el precio en surtidor comenzó a mostrar una dinámica alcista que recortó la ventaja ganada. Para diciembre pasado, el salario promedio permitía adquirir 959 litros, una caída que sitúa al poder de compra un 4,5% por debajo del promedio de la última década, reflejando el impacto de los ajustes de finales de año.
Combustibles que bajan en dólares
Al analizar el precio en surtidor medido en moneda extranjera, el promedio anual muestra una leve reducción del 1% en dólares. Este comportamiento fue dispar según el producto: mientras que las naftas subieron un 0,8%, el gasoil registró una baja del 2,4%. Con un valor promedio de u$s1,15 para la nafta y u$s1,21 para el gasoil, los precios se mantienen en niveles competitivos respecto al promedio histórico de 2015-2025.
Un factor determinante en la formación de estos precios fue el comportamiento del petróleo. Desde mediados de 2024, el crudo local inició una convergencia hacia los valores internacionales (paridad de exportación), eliminando los históricos desacoples. Durante 2025, el barril de Brent cayó un 14% y el crudo local lo acompañó con una baja del 11%, lo que permitió que el componente fósil en refinería retrocediera un 5%.
Sin embargo, el alivio por la baja del crudo no se trasladó plenamente al consumidor debido a la carga impositiva. El Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y al CO2 fue el único componente que creció significativamente, con un aumento del 39%. Esta suba fiscal incrementó la incidencia de los impuestos sobre el precio final en 4 puntos porcentuales, compensando parcialmente el abaratamiento de la materia prima.
A pesar de esta recuperación relativa del ICL, se mantiene un atraso significativo y en enero la actualización parcial del monto del impuesto en enero de 2026 significa una pérdida de recaudación estimada en u$s147 millones por las ventas de combustiblesde en el mes.
Los componentes del precio
En cuanto a la integración del precio, los biocombustibles tienen una dinámica propia que también influyen en el ticket final. El precio del etanol y del biodiésel acompañó la tendencia a la baja de los componentes fósiles, aunque con matices. Mientras el etanol cayó un 10% anual, el biodiésel lo hizo solo un 5%, lo que derivó en un incremento de su incidencia relativa sobre el costo total del gasoil.
La política de precios a salida de refinería mostró en el último tramo del año una recuperación que superó la variación del crudo local. Este ajuste, sumado a la apreciación del tipo de cambio, determinó que la disminución de los precios valuados en pesos constantes fuera mucho menos significativa al ser medidos en dólares, sosteniendo la rentabilidad del sector refinador.
Para el usuario, la participación del componente impositivo sigue siendo un factor de peso. Aunque todavía se ubica por debajo de los valores máximos históricos (donde el ICL llegó a representar el 26% en las naftas), la tendencia alcista de este tributo durante 2025 fue el principal responsable de que la caída de los precios internacionales no se sintiera con más fuerza en la billetera local.
De acuerdo al balance del reporte de EyE, 2025 deja un balance positivo en términos anuales para el bolsillo, pero con una curva de cierre que exige atención. La convergencia de los precios internos con los globales ya es un hecho en la Argentina, y el futuro del rendimiento salarial en el surtidor dependerá ahora, más que nunca, de la estabilidad del tipo de cambio y de las próximas decisiones sobre la carga impositiva.