Paradoja: los estadios con energía solar no evitarán que sea el Mundial más contaminante de la historia
El Mundial 2026 comenzó este jueves bajo una intensa campaña de marketing verde por parte de la FIFA, que no escatima en promocionar que 12 de los 16 estadios del torneo utilizan energías renovables y paneles solares de última generación. Sin embargo, detrás del brillo de las pantallas LED y los techos fotovoltaicos se esconde lo que la comunidad científica califica como el evento deportivo más contaminante jamás registrado.
El eje del problema radica en una escala geográfica sin precedentes que sacude cualquier intento de sostenibilidad, a tal punto que las distintas estimaciones proyectan que esta edición del Mundial de Fútbol generará una cifra récord de entre 7,8 y 9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, a pesar de la presencia masiva de las energías renovables.
A diferencia de la experiencia reciente de Qatar 2022, donde la fisonomía de cinco sedes muy próximas por tratarse de pequeño país, la ambición de un torneo expandido a 48 selecciones obligó a una dispersión enorme. La inclusión de México y Canadá no solo sumó fronteras, sino que estiró las distancias a niveles continentales y transformó la logística en una pesadilla ambiental.
Los trayectos que enfrentan los equipos y los hinchas exponen la trampa del transporte en esta Copa del Mundo. Las distancias kilométricas obligan a realizar vuelos de varias horas para cumplir con el fixture de la fase de grupos. Este esquema de traslados provoca que el transporte aéreo represente, de forma directa, el 87% de las emisiones totales del torneo, un porcentaje que desmitifica el impacto real de las sedes ecológicas en el balance final.
A la alarmante huella de carbono de la aviación se suma el desafío de la infraestructura interna y el consumo eléctrico en tierra. El verano norteamericano se presenta con temperaturas extremas, lo que obliga a las sedes con recintos cerrados -como Houston, Dallas y Atlanta- a poner en funcionamiento sistemas de refrigeración masivos. Mantener un clima apto para el juego y el confort de decenas de miles de espectadores en estructuras gigantescas exige picos históricos de electricidad.
El Mundial más grande de todos los tiempos
Diversas organizaciones ambientales advierten que promocionar un "Mundial verde" basándose únicamente en la eficiencia de los estadios constituye un caso flagrante de lavado de imagen ecológico. La infraestructura deportiva funciona de manera impecable puertas adentro, pero el impacto ambiental de un torneo no se limita a los 90 minutos de juego; se mide en el desplazamiento de cientos de miles de personas a lo largo y ancho de tres naciones.
La paradoja se profundiza al analizar que la propia expansión del torneo a 48 equipos, el formato comercialmente más exitoso para las finanzas de la FIFA, es el causante directo del colapso ecológico. Al incrementar el número de partidos y obligar a una mayor descentralización de las sedes para albergar la masa de simpatizantes, la organización anuló cualquier beneficio de los compromisos ambientales.
La innovadora tecnología de los imponentes estadios de la NFL modificados para el fútbol tiende a disimular el costo real de la energía que tiene el torneo. El análisis del balance de carbono cuestina las estimaciones optimistas de neutralidad y deja a un lado por 45 días las metas globales de descarbonización.
Mientras que en las ediciones anteriores la huella de carbono promedio por espectador se mantenía bajo un esquema de traslados acotados, la dispersión geográfica actual genera que cada hincha emita, solo en viajes internos entre las sedes de Estados Unidos, México y Canadá, hasta cuatro veces más gases de efecto invernadero que durante toda su estadía en los torneos de la década pasada.