SALUD

Cómo la falta de proteína afecta la movilidad y la fuerza muscular después de los 50 años

Investigadores analizaron la dieta de miles de personas mayores y hallaron que una alimentación insuficiente dificulta su autonomía diaria
Por iProfesional
ESTILO DE VIDA - 15 de Agosto, 2026

El consumo insuficiente de proteínas puede comprometer seriamente la función física durante el envejecimiento. Adultos mayores que mantienen una dieta baja en estos nutrientes enfrentan mayor riesgo de perder movilidad y fuerza muscular, según revela una investigación de la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) publicada en la revista científica Nutrients.

El hallazgo subraya un punto crítico: la ingesta adecuada de proteínas resulta fundamental para preservar la capacidad de movimiento y la fuerza durante la edad adulta, especialmente después de los cincuenta años.

El equipo de investigación liderado por Rizwan Qaisar, profesor asociado de fisiología de células musculares en la Universidad de Sharjah, analizó información de más de 38.000 adultos mayores de cincuenta años. Los participantes provenían de 27 países europeos.

Los datos se obtuvieron de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa. El seguimiento se extendió durante varios años, permitiendo comparar hábitos alimenticios a largo plazo con cambios en la fuerza física y el funcionamiento diario.

Qué descubrió el estudio sobre proteínas y deterioro físico

Los resultados mostraron un patrón preocupante. Adultos que consumían frecuentemente cantidades bajas de alimentos ricos en proteínas desarrollaban menor fuerza muscular con el tiempo. También reportaban más dificultades para realizar actividades cotidianas básicas.

Las fuentes de proteína analizadas incluyeron huevos, legumbres, pescado y pollo. Quienes consumían estos alimentos de manera irregular o insuficiente presentaban los mayores problemas funcionales.

"Los datos mostraron que las personas con una ingesta de proteínas consistentemente baja tenían más probabilidades de reportar problemas para caminar distancias cortas, subir escaleras, alcanzar objetos por encima de la cabeza o realizar tareas cotidianas como ir de compras", explicó Qaisar.

El investigador agregó que estas asociaciones fueron particularmente notables en los adultos mayores. Los patrones, además, difirieron un poco entre hombres y mujeres.

Por qué la falta de proteínas afecta las actividades diarias

Los científicos relacionaron las limitaciones funcionales con una consecuencia común del envejecimiento. Estas limitaciones incluyen el deterioro progresivo para realizar tareas cotidianas básicas.

Las actividades comprometidas van desde subir escaleras y levantarse de una silla hasta caminar y mantener el equilibrio, capacidades que dependen directamente de la masa muscular preservada.

"Los movimientos sencillos como caminar, ponerse de pie o cargar la compra requieren fuerza muscular, equilibrio y coordinación", detalló Qaisar. Cuando la ingesta de proteínas permanece baja durante periodos prolongados, el cuerpo enfrenta dificultades para mantener estas funciones.

El riesgo aumenta significativamente. Se incrementan las probabilidades de deterioro funcional y pérdida de independencia a medida que pasan los años sin una alimentación adecuada.

Los autores destacaron que estas limitaciones no solo disminuyen la independencia y la calidad de vida. También elevan el riesgo de caídas, hospitalizaciones e ingreso en residencias de larga estancia.

"El deterioro funcional es multifactorial e incluye deterioro musculoesquelético, cambios neurológicos y deficiencias nutricionales", señalaron los investigadores en sus conclusiones.

Diferencias entre hombres y mujeres en el impacto proteico

El estudio multicéntrico realizado con adultos mayores europeos reveló matices importantes según el sexo. Una menor ingesta habitual de proteínas se asociaba de forma independiente con mayor probabilidad de sufrir reducción de fuerza y dificultades en la movilidad.

La relación entre consumo de proteínas y fuerza de agarre manual fue más marcada en hombres. Ellos mostraban pérdida de fuerza de manera más evidente cuando su dieta carecía de estos nutrientes.

En mujeres, sin embargo, las limitaciones funcionales se observaron con mayor frecuencia. Las dificultades para caminar 100 metros, agacharse, arrodillarse, extender el brazo por encima de los hombros y hacer la compra aparecían más en este grupo.

"Estos hallazgos indican una relación entre la ingesta habitual de proteínas y los cambios a corto plazo", apuntaron los autores del estudio.

Qué alimentos ricos en proteínas favorecen un envejecimiento saludable

El estudio analizó patrones alimentarios reales, no suplementos o dietas restrictivas. Este enfoque permitió identificar qué alimentos cotidianos contribuyen efectivamente a un envejecimiento más saludable.

La investigación subraya cómo ciertos alimentos comunes pueden marcar la diferencia cuando se consumen con regularidad:

  • Leche y yogur
  • Huevos
  • Legumbres
  • Pescado
  • Aves de corral (pollo, pavo)

Estos alimentos aportan proteínas de calidad que el cuerpo necesita para mantener la masa muscular durante el proceso de envejecimiento. Su consumo regular ayuda a preservar la fuerza y la movilidad.

Los hábitos alimenticios, a diferencia de otros factores del envejecimiento, pueden modificarse. Los investigadores destacan precisamente este punto como una ventaja práctica de sus hallazgos.

Cómo prevenir el deterioro físico con cambios alimentarios simples

Identificar a adultos mayores con bajo consumo de proteínas brinda una oportunidad valiosa. Implementar intervenciones tempranas y de bajo costo podría preservar la movilidad, la independencia y la calidad de vida en general de las personas mayores.

A medida que la población mundial envejece, los autores sugieren prestar atención a factores sencillos del estilo de vida. La elección habitual de alimentos puede ayudar a retrasar el deterioro físico y favorecer períodos más prolongados de vida activa.

El estudio demostró que una menor ingesta habitual de proteínas se asocia con mayor probabilidad de debilidad muscular y dificultades funcionales a corto plazo. Esta relación se mantuvo consistente en los adultos mayores europeos analizados.

Los hallazgos sugieren que la ingesta habitual de proteínas puede contribuir al mantenimiento de la función física en las poblaciones que envejecen. La evidencia apunta hacia un factor modificable que está al alcance de millones de personas.

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