¿Tomar una copa de vino por día es saludable?: la respuesta de la ciencia hoy
Puntos importantes
"Una copa de vino tinto por día es buena para el corazón". Muchos cardiólogos respaldaron esta afirmación en el siglo XX. Palabras más, palabras menos, el concepto pasó de generación en generación casi como un dato de manual.
Pero en los últimos años la ciencia empezó a revisar esa idea. ¿Existe un nivel de alcohol que podamos llamar saludable, o incluso seguro?
El sesgo del "abstemio enfermo"
La recomendación de la copa diaria se basó en una serie de estudios que comparaba a quienes toman poco con quienes no toman nada. Los que tomaban poco salían mejor parados. Parecía una prueba firme, pero tenía una trampa.
¿Quiénes integraban el grupo de "no bebedores"? Muchos eran personas que dejaron de tomar porque ya estaban enfermas o porque un médico se los indicó. Entre ellos había ex bebedores pesados. Ese grupo arrastraba peor salud, algunos por razones que no tenían nada que ver con el alcohol, y eso hacía quedar bien parados a los bebedores moderados. Es el famoso sesgo del "abstemio enfermo" (en inglés, sick quitter).
En 2023, un equipo de investigadores canadienses y estadounidenses revisó 107 estudios que seguían a casi 4,8 millones de personas: una muestra colosal. Los autores querían ver cómo cambiaban los resultados cuando se corregían las fuentes sesgadas. Según los autores, el error de meter a ex bebedores o bebedores ocasionales en el grupo de "abstemios" afectaba a 86 de los 107 estudios. Al corregirlo, el consumo bajo o moderado no mostró una reducción significativa del riesgo de muerte por cualquier causa. El riesgo aumentaba al subir la dosis, de manera más pronunciada en las mujeres que en los hombres. El trabajo, publicado en JAMA Network Open, marca el umbral de riesgo más claro en unos 25 gramos de alcohol puro por día para las mujeres, que equivalen más o menos a dos copas y media de vino (de manera aproximada).
La objetividad de la genética y su relación con el alcohol
Hay una forma ingeniosa de esquivar los sesgos de los cuestionarios: se llama "aleatorización mendeliana", un método que usa variantes genéticas como variables instrumentales para evaluar si un factor de riesgo causa una enfermedad. En este caso, algunas personas nacen con variantes genéticas que las hacen beber menos, por ejemplo, porque el alcohol les cae muy mal. Son factores que no dependen de la dieta, del nivel social ni de ninguna enfermedad posterior.
Un equipo de Oxford y Pekín aplicó este criterio de selección a medio millón de participantes chinos en un estudio. Los datos convencionales mostraban la clásica curva en "U", con los bebedores moderados mejor que los abstemios y los bebedores pesados. Pero cuando se puso en juego la genética, la conclusión cambió: los efectos aparentemente protectores del consumo moderado contra el ACV eran en gran medida no causales. La presión arterial y el riesgo de ACV subían de forma pareja a medida que aumentaba el consumo. El trabajo completo se publicó en The Lancet.
El verdadero riesgo que la gente desconoce
Si hay un terreno donde casi no queda debate, es el del cáncer. La OMS ubica al alcohol en el grupo de mayor riesgo de carcinógenos, junto al asbesto, la radiación y el tabaco, y lo vincula con al menos siete tipos de cáncer. En 2023, publicó una declaración en The Lancet Public Health con una frase que dio la vuelta al mundo: no hay un umbral identificable por debajo del cual el efecto cancerígeno del alcohol "no se encienda". No hace falta tomar mucho, ni una cantidad precisa. Según la OMS, la mitad de los cánceres atribuibles al alcohol en Europa se deben a un consumo ligero o moderado.
En enero de 2025, el Cirujano General de Estados Unidos (la máxima figura como funcionario público como vocero y divulgador en temas de Salud) tomó posición en la misma línea. Su advertencia ubicó al alcohol como la tercera causa prevenible de cáncer en ese país, después del tabaco y la obesidad, con unos 100.000 casos y 20.000 muertes por año. Atribuyó al alcohol el 16,4% de los casos de cáncer de mama. Y señaló que menos de la mitad de la población estaba informada acerca de esa relación.
Alcohol: idéntica evidencia, consejos dispares
Ante la misma evidencia sobre el alcohol y su consumo, diferentes países manejan recomendaciones y pautas muy distintas. Casi todos modificaron sus posiciones oficiales con el tiempo, en general disminuyendo la cantidad máxima sugerida.
Canadá, por ejemplo, toma como posición "Cuanto menos, mejor". Desde 2023, señala hasta dos tragos por semana como riesgo bajo, 3 a 6 como riesgo moderado y desde 7, alto riesgo. Antes, el límite era de 10 tragos semanales para mujeres y 15 para hombres. Australia propone no superar los 10 tragos por semana desde 2020, y no más de 4 en un mismo día. Esa recomendación disminuye la previa de hasta 14 por semana. El mismo año, España concluyó que no hay un nivel de consumo seguro, pero fijó un límite de bajo riesgo en 20 g para hombres y 10 g para mujeres. Los conceptos como consumo "moderado" o "responsable" son denostados por el discurso de salud pública, que los señala como marketing de la industria.
Las nuevas guías estadounidenses de 2026 piden de forma general "disminuir el consumo de alcohol" y eliminan un límite numérico diario. Esto significa un paso atrás de precisiones anteriores, y generó críticas de los especialistas.
En Argentina, el Ministerio de Salud afirma que no hay un nivel seguro, un criterio más cercano al de España que al de Estados Unidos. El mensaje oficial alienta a un consumo cero, difundiendo sus ventajas. La postura es simple: no hay un nivel de alcohol seguro.
¿Se puede o no beber con moderación?
Lo que sigue en debate es qué pasa con el balance total en dosis bajas, y con quién se compara a los bebedores. La discusión no está cerrada. Pero "seguro" es una palabra que casi ninguna guía actual se anima a usar en relación con el alcohol.
Prefieren hablar de un riesgo que sube de a poco, con cada trago, como una escalera y no como un precipicio. Esa lógica es la que adoptó Canadá, y es lo que dicen los especialistas cuando reemplazan "moderado" por "de bajo riesgo".
Algunas consecuencias prácticas, que no son una indicación médica:
- Nadie debería empezar a tomar "por la salud". Si no se tomaba, la evidencia actual no da motivos para arrancar. Una copa por día no tiene ningún valor cardio protector, en absoluto.
- Cuanto menos, mejor. Es el punto en común entre casi todas las guías, aunque difieran en los números.
- El tamaño importa. Una copa generosa servida a ojo puede equivaler a más de un trago estándar, y el total semanal suele ser más alto de lo que el consumidor cree.
- Embarazo: existe un consenso internacional estricto. La recomendación es no tomar.