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Banquero de día, jugador de noche: el muchacho que desfalcó a su banco en u$s10 millones

Banquero de día, jugador de noche: el muchacho que desfalcó a su banco en u$s10 millones
El que aparentaba ser un correcto ejecutivo bancario de una entidad canadiense, ocultaba su pasión por el juego, que lo llevó a la ruina y a la cárcel
Por Ruben Ramallo
21.10.2020 18.05hs Finanzas

Brian Molony era un respetado ejecutivo de una sucursal bancaria de la ciudad de Toronto, Canadá que una noche estaba en su casa jugando al bridge con varios amigos mientras seguía de reojo las alternativas de un partido de basquetball universitario que se transmitía en directo. por televisión.

El partido llegaba a su fin y la diferencia en el tanteador era de apenas un punto cuando el jugador estrella del que iba abajo en el tanteador falló increíblemente dos tiros libres, sellando la suerte de su equipo.

Apenas terminó el partido, Molony dejó de jugar, se levantó bruscamente de la mesa y se dirigió al jardín notoriamente devastado, algo que sus amigos percibieron de inmediato.

Ante esta situación, uno de ellos alcanzó a preguntarle "si es solo un partido entre universidades, me llama la atención por qué estás tan mal, Brian".

La respuesta del ejecutivo bancario los dejó helados: acababa de perder nada menos que 800.000 dólares.

Esa apuesta en el circuito ilegal la realizó en el año 1982 y no fue la única ni la última. Es más, ya había pasado mucho tiempo desde que realizó la primera a la edad de 12 años, cuando apostó u$s2 a favor de un caballo de carreras que a la postre terminó ganando.

Pero el monto perdido aquella noche también estuvo muy lejos de ser el más voluminoso de su carrera como apostador, pues la noche anterior a su arresto, hace ya más de 35 años, se le evaporaron de las manos nada menos que 1,4 millones de dólares en un casino de Atlantic City.

 

Lo peor de todo es que ese monto fue apenas una parte de la malversación que cometió en perjuicio del Canadian Imperial Bank of Commerce, ya que luego de una exhaustiva investigación, la auditoría del banco descubrió que la cifra del fraude era superior a los 10 millones de dólares.

Una vez comprobado ese monto, se llegó a la conclusión que Brian Patrick Molony orquestó la estafa de este tipo más abultada en la historia de ese país.

Antes de que se descubriera su maniobra, en el mejor momento de su carrera como gran apostador en casinos de los EE.UU., Molony era conocido como "Mr. M".

Pero para mantener las apariencias vivía modestamente en su casa de los suburbios de Toronto manejaba un auto con muchos miles de kilómetros recorridos, vestía ropa barata y pagaba un alquiler de apenas u$s300 al mes para compartir un departamento de una habitación en High Park con su novia.

Haciendo gala de una mente aguda y simpática, una vez graduado en la universidad fue contratado por el CIBC para su programa de capacitación gerencial en 1976 y comenzó a trabajar en una sucursal del centro de Toronto con un salario de u$s10.000 al año. Con el paso del tiempo y luego de ocupar varias posiciones en diferentes filiales del mismo banco, fue ascendido a oficial de préstamos y más tarde a subgerente.

Para entonces, su hábito de juego se había acelerado de tal manera que llegó a contabilizar casi 300 viajes solo con destino a los casinos de Las Vegas, pero su preferido era el Caesars Boardwalk Regency Hotel-Casino en Atlantic City, al que visitó 37 veces a principios de la década de los 80.

En algún momento su desesperación por jugar y tal vez por las pérdidas que iba acumulando ideó un sistema que le permitía "pedir prestado" grandes sumas de dinero al banco, "siempre con la intención de devolverlas con sus ganancias", según le dijo a un periodista en una oportunidad, cuando ya había sido descubierto.

Su modus operandi no era novedoso ni mucho menos, pues se basaba en utilizar nombres ficticios de empresas e individuos, a los que les otorgaba en forma fraudulenta grandes cantidades de dinero. Pero además, Molony diseñó una compleja red de transferencias de fondos entre esas cuentas con la intención de que pareciera que sus clientes fantasmas pagaban puntualmente sus deudas.

Inicialmente, cuando volaba a Atlantic City llevaba dinero en efectivo disimulado en la ropa. En una ocasión, tenía u$s350.000 en billetes de cien dólares distribuidos entre los bolsillos de los pantalones, la camisa y el abrigo.

"Estaba tan lleno que apenas podía sentarse", le dijo al reportero de Star, David Miller, en una entrevista exclusiva en la penitenciaría de Joyceville en 1984.

En esa ocasión, cuando pasaba por la puerta de seguridad del aeropuerto sus llaves activaron la alarma, "pero el dinero estaba metido encima de las llaves y no pude alcanzarlas ... Fue un momento de gran nerviosismo", agregó.

Finalmente, logró sacar las llaves y volvió a pasar por seguridad cuando el guardia "simplemente me hizo señas", agregó.

Con este antecedente y con la intención de que no se repitiera en el futuro, Molony comenzó a enviar giros a otros bancos para que los fondos pudieran transferirse directamente a su cuenta corriente en el Caesars.

Era tal la cantidad de dinero que jugaba y que por lo general perdía y la asiduidad de sus viajes, que el casino comenzó a tratarlo con todos los privilegios, incluyendo vuelos en jet privado, servicio de limusina, suites de lujo, champán y todo lo que pudiera imaginarse.

Pero Molony estaba demasiado concentrado en apostar y solo disfrutaba del avión y la limusina en forma cada vez más asidua, pues había adquirido el hábito de volar al Caesars después del trabajo varias veces a la semana, jugar toda la noche y luego regresar a su casa para ducharse antes de regresar a la oficina.

El 26 de abril de 1982, llegó al casino después de "otorgar" el último de sus préstamos bancarios fraudulentos, esta vez por u$s 1,4 millones. La forma en que se desenvolvía en la mesa de juego era tal, que según recordó años más tarde, se formaban verdaderos tumultos de espectadores para verlo jugar.

En un momento de esa noche, el hombre con agujeros en sus zapatos baratos llegó a apostar u$s250.000 en una sola jugada de dados, pero a las 4 de la mañana no le había quedado una sola ficha y estaba arruinado, luego de haber dejado un millón de dólares en el verde tapete.

"Mejor suerte la próxima vez, Sr. M", le dijo un empleado antes de que Molony se retirara a su suite, maldiciendo una vez más por su escasa fortuna.

Pero ello solo fue el anticipo de lo que sucedería horas más tardes para este joven de 27 años, cuando la policía canadiense detuvo su limusina en el camino de vuelta a su casa desde el aeropuerto y lo arrestó.

La detención se debió a que lo venían monitoreando a través de escuchas telefónicas como parte de una investigación sobre una red de corredores de apuestas.

"En ese momento no sabíamos exactamente qué estaba pasando, pero teníamos una gran sospecha", dijo el sargento Bob Greg, a cargo de parte de la investigación.

Lo llamativo es que la dirección del Banco no sabía nada de los millones desaparecidos hasta que la División de fraudes de la policía los puso al tanto.

"Cómo se perdió el dinero sin que nadie se enterara es una pregunta que mucha gente se hace aquí", dijo el portavoz del banco Ev McCrimmon.

 

 Dieciocho meses después, el hombre que inspiró la película Owning Mahowny de 2003 , protagonizada por Philip Seymour Hoffman, se declaró culpable de malversar u$s10,4 millones del dinero de la CIBC.

"Es insidioso, destructivo y estimulante", dijo sobre su adicción al juego, por la que recibió tratamiento después de su arresto. "Gane o pierda, no importa. Es solo acción".

Condenado a seis años, Molony salió después de dos. Más tarde se casó y entró en el negocio de servicios financieros, todavía usando su propio nombre.

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