CONTROL DE PRECIOS

Control de precios: el Gobierno insiste con una receta que siempre fracasó a lo largo de la historia

Los controles de precios deben ser acompañados por medidas de fondo, tanto monetarias como fiscales y solo ser una transición hacia una salida ordenada
Por Rubén Ramallo
FINANZAS - 01 de Noviembre, 2021

La historia es un círculo interminable y la realidad argentina vuelve a darle la razón a esta frase tan remanida, esta vez de la mano de un nuevo control de precios, que como suele ocurrir habitualmente, no tiene otra intención que ocultar el problema de fondo, que es la inflación y la manifiesta incapacidad de los gobiernos, salvo honrosas excepciones, de darle un corte duradero.

En el mundo económico existe consenso casi unánime que si bien podría apreciarse algún efecto concreto en el cortísimo plazo, se advierte sobre los repetidos fracasos de estas iniciativas al mantenerse en el tiempo.

La historia tiene numerosos ejemplos de controles que, en lugar de atacar los problemas de fondo que generan inflación, restringen la libertad de movimiento de precios y salarios, como si esta fuera la causa de los desequilibrios inflacionarios.

Esta medida administrativa no hace otra cosa que meter en el freezer la dinámica propia de los precios, con el riesgo que cuanto más largo sea el período en que se aplique, mayores serán los riesgos de estampida de los precios y la posibilidad siempre latente de desabastecimiento o aparación de mercados paralelos.

 

Una historia que se repite en forma circular

Para encontrar los primeros indicios de controles para evitar que se dispare el costo de vida hay que remontarse unos 4.000 años, en Babilonia, a través del Código de Hammurabi, que impuso un férreo sistema de controles que ocasionó una fuerte caída en la actividad económica y comercial durante su reinado y el de sus sucesores

Posteriormente, en la antigua Roma, el triunviro Cayo Graco estableció en 132 a.C. un precio para el lote de trigo mucho más bajo que el de mercado. Años mas tarde, la medida se profundizó ya que se decretó el derecho a una cantidad de trigo gratis. Como consecuencia de ello, se produjo un éxodo masivo de agricultores de los campos a Roma y se tuvo que aplicar cupos por la falta de materia prima.

En general, cuando se aplican estrictos controles de precios, no cabe otra cosa que esperar con el paso del tiempo desabastecimiento, elusión modificando marcas, pesos o etiquetas y una salida por lo general traumática.

Mucho más cerca en el tiempo, en plena guerra de independencia norteamericana, la legislatura de Pennsylvania decidió congelar los precios para que los insumos y pertrechos del ejército de George Washington sean menos onerosos.

Como los precios no eran redituables, los granjeros retuvieron sus productos y algunos incluso los ofrecían en el mercado negro a los enemigos británicos.

Ya en el siglo XX, en 1936 el régimen de Adolf Hitler estableció el "Preis-Stop", por el cual fijó los precios de una enorme cantidad de productos. Como no podía ser de otra manera, prosperó el mercado negro y se degradó la calidad de los productos, pese a las penas para quienes infringieran la norma

El régimen soviético no se quedó atrás ya que dispuso precios fijos para diez millones de productos. Las consecuencias: el costo de vida en las ciudades aumentó 65% entre 1927 y 1937, mientras que el dinero circulante se expandió un 700% entre 1929 y 1941.

Si bien el control de precios debe ser aplicado bajo condiciones excepcionales, debe estar acompañado de un sinceramiento de otras variables para que el reacomodamiento sea concertado y bajo ciertas condiciones de estabilidad.

Curiosamente, también se aplicaron controles de precios en los EE.UU. tanto durante la Segunda Guerra Mundial como en la Guerra de Corea. Para ello se creó una Oficina de Administración de Precios y años más tarde, entre 1971 y 1973 el presidente Richard Nixon estableció un congelamiento con relativo efecto para contener una inflación que no superaba el 6% anual.

 

Los controles en Argentina

Las políticas de control de precios nacieron formalmente en 1939, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, ante la amenaza de alteración de los flujos de comercio internacional, cuando se dictó una ley que reprimía la especulación mediante precios máximos para artículos de primera necesidad.

Según el economista Santiago Bulat, "una investigación de FIEL destaca que entre 1967 y 1989 solamente hubo libertad total de precios durante el 10% del período. En el resto del tiempo podemos destacar diferentes categorías bajo las cuales se ha enmarcado este fenómeno: precios vigilados, controlados, máximos, donde el gobierno fijaba precios con topes para ciertos productos y, por último, los congelamientos transitorios y generalizados de los precios.

Aún está fresca en la memoria de muchos argentinos el control de precios y salarios que impulsó José Ver Gelbard en 1973, a través del Acta de Compromiso Nacional entre la CGT y la Confederación General Económica, para mantener estables los precios y los salarios durante dos años, pero que sucumbió estrepitosamente, dando lugar al tristemente recordado como el "Rodrigazo", la salida dispuesta por el ministro Celestino Rodrigo, quien duplicó el valor del dólar, las tarifas públicas y los combustibles y produjo una enorme transferencia de ingresos que favoreció a quienes tenían deudas en pesos. De alguna manera, en ese momento comenzó el proceso de dolarización que se mantiene hasta nuestros días.

Otro intento de estabilización que fracasó rotundamente, pese al impulso inicial y al respaldo de buena parte de la población fue el Plan Austral, de junio de 1985, ideado por el ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Vital Sourrouille, que incluía el congelamiento de precios, salarios y los servicios públicos y vino acompañado de listas con precios máximos. Lo novedoso del Plan Austral es que vino acompañado de un cambio del signo monetario (Austral) y el desagio, que tenía como objetivo eliminar la inercia inflacionaria.

El fracaso se debió a que el rigor de los controles se fue desvaneciendo, mientras que en paralelo surgieron inevitables presiones salariales y fuertes desvíos monetarios y fiscales y al cabo de nueve meses la inflación se descontroló nuevamente, ya que en los primeros siete meses de 1988 rozó el 180%, dando lugar al Plan Primavera, que también fracasó estrepitosamente, dando lugar a la primera hiperinflación.

Precisamente, ante ese estallido inflacionario, que llevó a que se adelantara el traspaso presidencial, el nuevo ministro de economía anunció un congelamiento de precios de 300 empresas líderes por 90 días, que tampoco obtuvo ningún resultado.

Para Bulat "Todos los planes tuvieron algo en común: en el mediano o en el largo plazo, ninguno funcionó del todo. En el corto plazo, los acuerdos de precios son necesarios y tienen efectos positivos, pero lo cierto es que no lograron perdurar en el tiempo".

"Los efectos de los acuerdos de precios y salarios son marcados y han dado resultado en el corto plazo con planes de estabilización, pero si la consistencia fiscal y monetaria no acompaña el proceso será imposible alcanzar el objetivo", concluye el economista.

Te puede interesar

Secciones