• 26/1/2026
ALERTA

¿Vuelve el caos en los mercados? El cierre de gobierno que aterroriza a Wall Street tiene fecha: el 30 de enero

Vence el plazo fiscal y el fantasma del shutdown amenaza con paralizar al gigante del norte. Los bancos líderes advierten por el golpe al PBI mundial.
26/01/2026 - 11:10hs
Donald Trump

Estados Unidos se encuentra nuevamente al borde de una parálisis administrativa total que mantiene en vilo al mundo financiero. El próximo 30 de enero vence el plazo legal para que el Congreso apruebe el financiamiento de las agencias federales. Si no hay acuerdo antes de la medianoche, el gobierno entrará en un "shutdown" que frenará servicios esenciales.

La tensión política en el Capitolio ha crecido de manera exponencial en las últimas horas debido a las profundas diferencias ideológicas. El gobierno de Donald Trump y los legisladores demócratas no logran consensuar los recortes de gasto y las partidas de seguridad. Esta incertidumbre proyecta una sombra de duda sobre la estabilidad de la mayor potencia económica del planeta.

Los mercados internacionales ya reflejan el nerviosismo de los inversores ante la posibilidad de un fracaso en las negociaciones legislativas. El 30 de enero no es solo una fecha administrativa, sino un examen de gobernabilidad para la actual administración. Una falla en el diálogo podría disparar la volatilidad en las bolsas de Nueva York y del resto del mundo.

La falta de un presupuesto definitivo obliga a Washington a funcionar con prórrogas temporales que resultan cada vez más precarias. Estos "parches" fiscales generan un clima de inestabilidad que afecta directamente la planificación a largo plazo de las empresas. El país camina por la cornisa y el tiempo para evitar el desastre se agota rápidamente para todos los sectores.

¿Qué es un cierre de gobierno y por qué importa?

Un cierre de gobierno ocurre cuando el Poder Legislativo no autoriza los fondos necesarios para que el Estado pueda operar. Sin dinero aprobado por ley, las agencias federales pierden la facultad de gastar y deben suspender sus tareas habituales. Es un mecanismo de presión extrema que suele utilizarse en las pulseadas más feroces entre los partidos políticos.

Durante este período, cientos de miles de empleados públicos son licenciados de forma temporal y dejan de percibir sus salarios. Solo los trabajadores considerados "esenciales", como militares y controladores aéreos, deben continuar en sus puestos sin cobrar. Esta situación genera un estrés social inmenso y afecta la calidad de los servicios públicos en todo el territorio estadounidense.

La parálisis no solo afecta al sector público, sino que tiene un efecto dominó devastador en la economía real. Se frenan los procesos de exportación, las inspecciones sanitarias y los trámites para obtener nuevas líneas de crédito productivo. Cada día de gobierno cerrado representa una pérdida neta de productividad que nunca se llega a recuperar totalmente.

Para el ciudadano común, esto significa oficinas cerradas, museos clausurados y demoras infinitas en trámites migratorios o de seguridad social. No es un tema técnico de contadores, sino un problema que toca el bolsillo y la paciencia de la gente. El 30 de enero es la frontera definitiva entre la normalidad y un caos administrativo que nadie desea.

El trauma del cierre récord de 43 días

El fantasma de lo ocurrido a finales de 2025 todavía recorre los pasillos del Congreso con una carga de angustia. En aquel entonces, Estados Unidos sufrió un cierre de 43 días, convirtiéndose en el más largo de su historia moderna. Las consecuencias de esa crisis todavía se sienten en el consumo interno y en la confianza de los consumidores actuales.

Aquel conflicto dejó a millones de familias sin sustento durante semanas y paralizó obras de infraestructura vitales para el país. La resolución de noviembre pasado fue apenas un alivio temporal para calmar las aguas y evitar un colapso mayor. Sin embargo, las causas profundas del desacuerdo político no fueron resueltas y hoy vuelven a emerger con muchísima fuerza.

Los analistas recuerdan que el cierre de 43 días costó miles de millones de dólares en crecimiento perdido para el PBI nacional. La memoria de los aeropuertos colapsados y los programas sociales suspendidos sirve como una advertencia brutal para los negociadores actuales. Nadie quiere ser el responsable de repetir una tragedia logística y financiera de tal magnitud y alcance global.

La presión social sobre los legisladores es hoy mucho más fuerte que en cualquier otro cierre gubernamental previo. Los ciudadanos exigen que la política deje de jugar con su estabilidad financiera en un contexto de precios todavía elevados. El 30 de enero representa la oportunidad de aprender de los errores del pasado o de hundirse nuevamente en el caos.

Goldman Sachs y el impacto directo en el PBI

Los expertos de Goldman Sachs han sido muy claros al proyectar las pérdidas económicas potenciales de un nuevo shutdown. Según sus informes internos, cada semana de parálisis gubernamental resta aproximadamente 0,15 puntos porcentuales al crecimiento del PBI trimestral. Este dato es alarmante para una economía que busca consolidar su recuperación tras los shocks del año anterior.

El banco de inversión señala que el daño principal se produce por la caída abrupta en la inversión pública directa. Las empresas contratistas del Estado dejan de recibir pagos y frenan sus planes de contratación y expansión inmediata. Esta inactividad genera un vacío en la demanda interna que es muy difícil de compensar con el consumo privado.

Goldman Sachs advierte que, si el cierre se prolonga más de diez días, el efecto negativo tiende a acelerarse geométricamente. La incertidumbre frena la toma de decisiones en el sector privado, que prefiere ahorrar antes que arriesgar en un clima turbulento. Para la entidad financiera, el 30 de enero es un punto de inflexión crítico para las proyecciones de rentabilidad.

Además, los analistas de la firma subrayan que la moral de los trabajadores federales está en mínimos históricos. Una nueva suspensión salarial podría provocar una fuga de talentos desde el sector público hacia el privado. Esto debilitaría la capacidad técnica del Estado para gestionar crisis futuras y regular los mercados financieros de forma eficiente.

JPMorgan advierte por la "ceguera" de la Fed

Desde las oficinas de JPMorgan han lanzado una advertencia técnica que preocupa profundamente a los gestores de fondos. Un cierre de gobierno significa que las agencias encargadas de publicar datos económicos dejan de funcionar de manera operativa. Sin informes de inflación o empleo, la Reserva Federal (Fed) se queda literalmente "volando a ciegas" ante el mercado.

Michael Feroli, economista jefe de JPMorgan, destaca que la falta de estadísticas oficiales impide tomar decisiones correctas sobre las tasas. Si el shutdown ocurre el 30 de enero, la Fed podría posponer recortes de tasas necesarios por simple falta de información. Esta parálisis informativa es un veneno para la estabilidad de los precios y el flujo de capitales globales.

El banco sostiene que la volatilidad de los bonos del Tesoro aumentará a medida que la incertidumbre sobre el presupuesto crezca. Los inversores internacionales exigen claridad y previsibilidad para mantener sus apuestas en activos denominados en dólares estadounidenses. Sin datos confiables, el riesgo país de la potencia mundial empieza a ser cuestionado por los grandes fondos soberanos.

JPMorgan insiste en que el costo de la desinformación es a veces más alto que el gasto público que se intenta recortar. Una economía moderna no puede navegar sin brújula estadística durante más de un par de semanas sin sufrir daños. El 30 de enero es la fecha en la que el tablero de control de la economía podría apagarse.

Bank of America y la parálisis del crédito

Bank of America ha puesto la lupa en cómo un shutdown afecta directamente el flujo de dinero hacia las pymes. Muchos programas de préstamos para pequeños negocios y viviendas están garantizados por agencias federales que cerrarían sus puertas. Esto frenaría el motor principal de la creación de empleo en las comunidades locales de todo el país.

Los analistas de BofA advierten que la parálisis administrativa en las aduanas retrasará los pagos de las empresas exportadoras e importadoras. El capital de trabajo se vería atrapado en la burocracia estatal, generando problemas de liquidez para miles de compañías medianas. Este estrangulamiento financiero podría derivar en cierres definitivos de comercios si el conflicto se extiende demasiado tiempo.

La entidad financiera también señala que el mercado inmobiliario podría sufrir un enfriamiento repentino y muy marcado en febrero. Los procesos de verificación necesarios para otorgar hipotecas federales se detendrían de forma inmediata tras el 30 de enero. Sin crédito hipotecario fluido, las ventas de viviendas caerían, golpeando a un sector clave para el patrimonio familiar.

Brian Moynihan, CEO de la institución, ha expresado que la estabilidad institucional es el pilar fundamental del sistema bancario privado. Un cierre de gobierno recurrente daña la confianza en la moneda y en la capacidad de pago del Estado. Para Bank of America, evitar el shutdown es una cuestión de seguridad nacional para el sistema financiero global.

Morgan Stanley: volatilidad y riesgo país

Morgan Stanley ha emitido notas a sus clientes advirtiendo sobre una corrección inminente en las carteras de acciones más expuestas. Las empresas que dependen de contratos de defensa y salud pública serán las más golpeadas en el corto plazo bursátil. Los inversores ya están rotando sus capitales hacia activos de refugio ante el miedo que genera el 30 de enero.

Los estrategas del banco prevén que la calificación crediticia de Estados Unidos podría ser puesta bajo observación por las calificadoras. Una parálisis política recurrente sugiere que el sistema de toma de decisiones está roto o seriamente dañado y debilitado. Esto encarecería el costo del endeudamiento para todos, afectando desde tarjetas hasta créditos para autos particulares.

Desde Morgan Stanley subrayan que el mercado ya está cansado de las crisis presupuestarias que se resuelven tarde. Esta fatiga reduce el apetito por el riesgo y fomenta la salida de capitales hacia mercados emergentes más estables. El shutdown no es solo un problema interno, sino una señal de debilidad que el mundo observa con lupa.

La recomendación del banco es mantener posiciones líquidas y evitar la exposición excesiva a sectores regulados por el gobierno federal. El 30 de enero marcará el inicio de un período de turbulencias que pondrá a prueba la paciencia de los ahorristas. La política hoy domina a la economía, y esa es una combinación que suele traer pérdidas importantes.

El conflicto fronterizo: el nudo de la discordia

El punto de mayor conflicto en las negociaciones actuales gira en torno al presupuesto para la seguridad en la frontera. El presidente Donald Trump insiste en incluir partidas multimillonarias para fortalecer el muro y aumentar las deportaciones de inmigrantes. Por su parte, la oposición demócrata rechaza de plano estas condiciones por considerarlas contrarias a su plataforma ideológica básica.

Esta pulseada ideológica ha convertido al presupuesto nacional en un rehén de las estrategias electorales de cara al futuro próximo. Ninguno de los dos bandos parece estar dispuesto a ceder en sus posturas más rígidas y extremas en este momento. Esta falta de flexibilidad es la que empuja peligrosamente al país hacia el abismo del shutdown inminente.

El Departamento de Seguridad Nacional está justo en el epicentro de esta gran tormenta política y fiscal de enero. Sin presupuesto aprobado, sus operaciones no esenciales deberán detenerse totalmente el próximo día sábado 31 de enero sin excepciones. Esto generaría un caos administrativo inmediato en los puertos y aeropuertos más importantes de la nación norteamericana.

Los expertos sugieren que se necesita un mediador con mucho peso político para poder destrabar el conflicto actual. Las desconfianzas mutuas impiden hoy llegar a un punto medio de consenso que sea razonable para ambas partes. Mientras tanto, el reloj de Washington sigue su marcha inexorable hacia un cierre federal que parece casi inevitable.

Vuelos, visas y salud: la vida real en pausa

Si el shutdown se concreta el 30 de enero, el impacto en la aviación civil será inmediato y muy notorio. Los controladores aéreos y el personal de seguridad aeroportuaria deberán trabajar sin cobrar sus haberes mensuales de forma regular. Esto suele generar demoras, cancelaciones de vuelos y un clima de tensión que afecta directamente a los viajeros.

El sistema de salud también sentirá el golpe, especialmente en las investigaciones médicas financiadas con fondos federales del presupuesto. Los ensayos clínicos para nuevas medicinas podrían detenerse, afectando a pacientes que dependen de estos tratamientos para poder vivir. Es un costo humano que a menudo no se contabiliza en las frías planillas de gastos de los políticos.

Los servicios migratorios y la emisión de visas para turistas o inversores también entrarán en un período de suspensión. Esto perjudica a las empresas que necesitan talento extranjero y a la industria del turismo que recibe visitantes globales. El país se cierra sobre sí mismo, proyectando una imagen de ineficiencia que aleja las inversiones productivas de largo plazo.

Incluso los parques nacionales y monumentos históricos cerrarán sus puertas al público, afectando a las economías locales que viven de ellos. Miles de guías, mozos y hoteleros verán caer sus ingresos de forma drástica durante la presente temporada de invierno. El cierre de gobierno es un castigo que el ciudadano paga por los desacuerdos ajenos de la política.

El efecto dominó en los mercados globales

El mundo financiero está hoy tan interconectado que un problema en Washington se siente en Buenos Aires o Londres. Si el 30 de enero no hay acuerdo, el dólar podría sufrir presiones devaluatorias frente a otras monedas de reserva. Los bancos centrales de todo el planeta observan con preocupación la falta de disciplina fiscal del gigante del norte.

Los mercados emergentes son los primeros en sufrir la fuga hacia la calidad cuando hay ruidos en la economía estadounidense. El riesgo país de las naciones en desarrollo suele subir cuando hay inestabilidad en los centros financieros más importantes. Un shutdown prolongado drena la liquidez global y encarece el crédito para los países que más lo necesitan hoy.

Los precios de los commodities, como el petróleo y el oro, también suelen reaccionar con fuertes oscilaciones ante estas crisis. El oro se posiciona como el refugio preferido de los inversores que huyen de la incertidumbre política y fiscal. Por el contrario, el petróleo puede bajar si se prevé que la parálisis frenará el crecimiento económico y el consumo.

Las cadenas de suministro globales podrían sufrir nuevos retrasos por falta de personal en las aduanas portuarias de Estados Unidos. El comercio internacional depende de un flujo constante de documentos y permisos que el shutdown suele interrumpir de golpe. El 30 de enero no es solo un problema de los norteamericanos, sino de toda la economía globalizada.

¿Habrá acuerdo antes de la medianoche?

A medida que el reloj avanza hacia el 30 de enero, la presión sobre los líderes del Congreso es insoportable. Históricamente, muchos cierres se han evitado en los últimos cinco minutos de negociación gracias a concesiones de último momento. Sin embargo, el clima de polarización actual es tan extremo que el optimismo es un recurso muy escaso hoy.

Los mercados ya descuentan un escenario de alta tensión y están preparados para una apertura de bolsas muy volátil. Una prórroga corta de última hora podría ser la única salida elegante para evitar el choque contra el muro fiscal. Pero estas soluciones temporales solo postergan la agonía y no resuelven los problemas estructurales de fondo del país.

La Casa Blanca ha intensificado sus contactos con los legisladores moderados para tratar de construir una mayoría que acepte fondos. Cada voto cuenta y las negociaciones se realizan bajo un absoluto secreto para evitar que las bases presionen a representantes. El desenlace es todavía incierto y mantiene a todos los analistas pegados a las pantallas de noticias financieras.

Lo que suceda el 30 de enero definirá el tono político y económico de los Estados Unidos para todo el año. Es una prueba de fuego para las instituciones y para la capacidad de la clase dirigente de priorizar acuerdos. El mundo espera que prevalezca la cordura y que la parálisis no termine siendo el nuevo estado de normalidad.