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El dólar viene quieto, pero en la economía argentina eso nunca significa que no pase nada. En lo que va de 2026, el peso se apreció 12,2% en términos reales frente al dólar, en una dinámica poco frecuente para la historia reciente del país. Ese movimiento ya empezó a reordenar decisiones de empresas, ahorristas y mercado.
Qué explica la apreciación del peso y la calma del dólar
Detrás de esa calma hay más oferta de divisas. El superávit comercial superó los u$s5.000 millones en el primer trimestre, con exportaciones que crecieron 16,8% interanual e importaciones que cayeron 7,3%. A eso se suman otros ingresos que también ayudan a sostener el tipo de cambio: liquidaciones de deuda corporativa, emisiones de provincias en moneda extranjera y préstamos en dólares otorgados por bancos locales al sector privado.
Ese flujo le dio margen al Gobierno. La misma nota señala que el Banco Central logró comprar más de u$s6.500 millones en el mercado y que, al 22 de abril, el dólar oficial estaba 27,5% por debajo del techo de la banda cambiaria. La lectura oficial es clara: sobran dólares para sostener previsibilidad.
Por qué el plazo fijo UVA vuelve a ganarle al tradicional
Para quien hoy busca resguardar sus pesos, la consecuencia ya es concreta. Con inflación esperada de 2,6% para abril y 2,3% para mayo, el plazo fijo tradicional quedó por detrás. Según el REM, el rendimiento estimado del plazo fijo común para abril es de 2,09%, mientras que el plazo fijo UVA rendiría 3,08%.
La diferencia no sería solo de un mes. Las proyecciones que repasa la nota muestran que entre abril y julio el UVA seguiría superando al tradicional, y recién hacia agosto o septiembre podría empezar a emparejarse la competencia entre ambos instrumentos. En otras palabras, con tasas en baja, dólar estable e inflación todavía elevada, el ahorrista conservador vuelve a mirar instrumentos ajustados por precios.
El efecto menos visible: cómo cambia el cálculo de empresas y ahorristas
Pero esta calma también cambia la forma en que se toman decisiones. Para los ahorristas, el dólar deja de ser la cobertura automática de otros momentos y obliga a mirar más de cerca el rendimiento real de cada instrumento. Para las empresas, en cambio, un peso más fuerte puede dar previsibilidad financiera, pero también encarece costos en dólares y achica márgenes.
La advertencia: un peso muy apreciado podría afectar a las empresas exportadoras y condicionar inversiones necesarias para mejorar la productividad. Por eso, aunque hoy la foto financiera luce más ordenada, la gran pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse esta calma sin empezar a generar tensiones en otras partes de la economía.
En síntesis, hoy el dólar está tranquilo porque entran más divisas de las que salen. Pero la gran pregunta ya no pasa solo por el mercado cambiario, sino por cómo este nuevo escenario reordena las decisiones de empresas y ahorristas.