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Argentina exporta como nunca, pero el alivio no termina de bajar a la calle. Abril dejó exportaciones récord por u$s8.914 millones y un superávit comercial de u$s2.711 millones, con el petróleo como uno de los grandes motores de esa mejora. A esa señal se sumó otra que el Gobierno necesitaba para las reservas: el FMI aprobó la segunda revisión del acuerdo y destrabó un desembolso de u$s1.000 millones.
Exportaciones récord, más reservas y una apuesta a sostener los dólares
El frente externo sigue siendo hoy el costado más sólido del programa económico. El salto exportador de abril le dio al Gobierno una base concreta para sostener la calma cambiaria y reforzar la acumulación de divisas. Solo en ese mes, las ventas externas rozaron los u$s9.000 millones y el saldo comercial quedó por encima de los u$s2.700 millones, en una dinámica donde el petróleo volvió a ganar protagonismo.
Ese alivio se reforzó con la decisión del FMI. El organismo aprobó la revisión del acuerdo con la Argentina y habilitó un desembolso de u$s1.000 millones que se espera impacte directamente en las reservas del Banco Central. El Fondo destacó avances en reformas estructurales, mejoras en el marco monetario y cambiario, y valoró la disciplina fiscal como uno de los pilares del esquema actual.
Milei baja retenciones para reforzar el frente exportador
Con ese telón de fondo, Javier Milei buscó enviar otra señal al sector agroexportador. Anunció que desde junio las retenciones al trigo y la cebada bajarán del 7,5% al 5,5%. Además, prometió para la soja un recorte gradual desde enero de 2027, sujeto a la evolución de la recaudación, con bajas mensuales de entre 0,25 y 0,5 puntos hasta 2028.
La medida apunta a reforzar la competitividad del agro y a sostener el ingreso de divisas en una etapa en la que el Gobierno necesita que la estabilidad cambiaria siga respaldada por dólares genuinos. El problema es que, al menos por ahora, el mayor impacto inmediato se concentra en trigo y cebada, mientras que para la soja el anuncio funciona más como señal de rumbo que como incentivo de corto plazo.
La calle muestra otra velocidad: Avellaneda, Shein y Temu, y un consumo bajo presión
La economía real, sin embargo, va a otra velocidad. El EMAE de marzo mostró una mejora de 3,5% frente a febrero y una suba interanual de 5,5%, con recuperación en industria, construcción, minería y agro. Pero el propio informe advierte que los datos preliminares de abril todavía muestran volatilidad y que la economía podría seguir moviéndose en serrucho en los próximos meses.
Ese contraste ya se ve en la calle. En Avenida Avellaneda, uno de los principales polos textiles de la Ciudad, los locales vacíos aumentaron 30%, según datos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios. Los comerciantes describen menos clientes, ventas más flojas y una estructura de costos que, en algunos casos, exige hasta $5 millones mensuales solo para mantener abierto un local.
A eso se suma una competencia cada vez más dura desde afuera. Solo en abril, las compras de argentinos en Shein y Temu llegaron a u$s118 millones, más del doble que un año atrás. En el primer cuatrimestre, el acumulado ya alcanzó u$s402 millones. Ese avance obligó a muchos comercios locales a bajar precios y resignar margen para no perder definitivamente a sus clientes.
En síntesis, el Gobierno gana aire con más dólares, mejores números de exportación y respaldo del FMI. Pero la verdadera prueba sigue siendo otra: que esa mejora deje de verse solo en la balanza comercial y empiece a sentirse también en el consumo, el comercio y la calle.