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El BCRA superó u$s10.000 millones, pero el oficial ya subió $30 en junio y la crisis textil muestra que la calma no llega al empleo
04/06/2026 - 13:45hs

El Banco Central ya superó los u$s10.000 millones comprados en el año y cumplió en apenas seis meses la meta que se había fijado para todo 2026. Las reservas brutas quedaron en u$s48.414 millones y el oficialismo llega a junio con una foto financiera mucho más sólida que la de comienzos de año. Pero esa fortaleza convive con una señal menos cómoda: el dólar oficial volvió a moverse y la economía real sigue mostrando deterioro en sectores sensibles como el textil.

El BCRA superó los u$s10.000 millones, pero la demanda privada sigue firme

La tensión cambiaria de estos días no parece, por ahora, una corrida. En la primera mitad de la semana, el dólar oficial acumuló una suba de $30,50 y el mayorista cerró en $1.438,50, su valor más alto desde febrero. En el mercado lo atribuyen a un combo conocido: más demanda minorista al inicio del mes, productores que vuelven a comprar divisas después de vender la cosecha y una mayor demanda privada que gana protagonismo cuando el tipo de cambio deja de estar completamente planchado.

Ese ruido importa porque la otra cara del éxito del Central es que no compra solo él. Entre enero y abril, los ahorristas adquirieron alrededor de u$s8.300 millones en el mercado oficial, mientras que en ese mismo período el BCRA había comprado poco más de u$s7.100 millones. Es decir, la demanda privada de dólares siguió siendo más fuerte que la acumulación oficial en el primer cuatrimestre.

Aun así, la City no cree que la calma esté rota. La lectura dominante es que junio todavía puede sostener una oferta importante de divisas por la cosecha gruesa, con margen para que el Banco Central siga comprando y para que el dólar se mueva de forma más ordenada que brusca. El problema no es un salto inmediato, sino cuánto tiempo puede sostenerse ese equilibrio si la demanda privada sigue firme.

La calma cambiaria sigue siendo clave para sostener la desaceleración

Esa discusión importa porque el Gobierno necesita que el tipo de cambio siga relativamente calmo para sostener la desaceleración de los precios. Las estimaciones privadas ubican la inflación de mayo entre 2,1% y 2,5%, por debajo de abril, y varias consultoras creen que junio podría acercarse al 2% si no aparecen nuevos shocks cambiarios ni saltos fuertes en regulados.

Pero ese sendero no está asegurado. El punto sensible siguen siendo los alimentos, sobre todo las verduras, que volvieron a acelerar fuerte sobre el cierre de mayo y dejaron arrastre para junio. Según las mediciones privadas, ese rubro subió 27% en el mes, con un salto de 146% en tomate, 35,3% en zanahoria y 32,2% en papa. Como las verduras pesan cerca de 2,3% dentro del IPC, pueden volver a meter presión justo cuando el Gobierno busca consolidar una baja más visible.

La conclusión es bastante directa: la desinflación sigue dependiendo no solo de que aflojen los alimentos y los regulados, sino también de que el dólar no vuelva a convertirse en ruido. Por eso, aunque el Banco Central muestre poder de fuego, el movimiento del tipo de cambio volvió a quedar bajo la lupa.

La crisis textil expone la otra cara de una macro más ordenada

Mientras tanto, la economía real sigue dando señales más duras. Mazalosa, el grupo detrás de Portsaid, Desiderata y System, cerró la planta que operaba en La Rioja por la fuerte caída del consumo y el deterioro de la actividad. La decisión pega en una provincia ya muy castigada por la crisis sectorial y refuerza una tendencia que se viene profundizando en toda la cadena textil.

Los números del sector muestran hasta qué punto la mejora financiera no llega pareja. La actividad textil cayó 33,2% interanual en febrero, las fábricas operan con apenas 40% de su capacidad instalada y los rubros de textil, confección, cuero y calzado vienen perdiendo en promedio unos 1.400 puestos de trabajo por mes desde fines de 2025. A eso se suma un salto de 104% en las importaciones de prendas terminadas medidas en cantidad, en un contexto donde varias empresas ya cerraron, paralizaron líneas o entraron en concurso preventivo.

Ahí aparece hoy la discusión de fondo. El Gobierno puede mostrar un Banco Central más fuerte, reservas en máximos de casi siete años y una meta de compras ya cumplida. Pero la prueba real ya no está solo en la macro. Está en saber si esa calma cambiaria alcanza para bajar la inflación sin que la actividad y el empleo sigan deteriorándose.

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