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VIDEO | Panorama económico financiero de hoy en menos de 90 segundos

Junio dejó un dólar oficial arriba de la inflación, pero la mora récord muestra que cualquier corrección cae sobre una economía más frágil
30/06/2026 - 13:30hs
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Junio cerró dejando una señal que el mercado no esperaba hace apenas unas semanas: por primera vez en mucho tiempo, quedarse en pesos dejó de ser un negocio tan obvio. El dólar oficial subió 4,9% en el mes, bastante más que la inflación esperada, y eso golpeó al carry trade, la estrategia financiera que venía rindiendo con un tipo de cambio casi quieto.

El cambio no es menor porque obliga a releer el plan económico. Durante meses, el ancla cambiaria ayudó a sostener la desaceleración de los precios y también mantuvo vivo el atractivo de las colocaciones en pesos. Junio alteró esa lógica. No implica una crisis, pero sí una señal de etapa distinta: el dólar ya no queda dormido y el mercado volvió a discutir cuánto más puede moverse.

Junio cerró con un dólar que volvió a correr más rápido que la inflación

La corrección pegó de lleno en una de las apuestas más extendidas de los últimos meses. Según GMA Capital, el carry trade perdió 2,5% en junio, su primer resultado negativo desde septiembre de 2025. En otras palabras, lo que hasta hace poco parecía una estrategia casi automática dejó de serlo.

El Gobierno no ignoró ese cambio. El Banco Central volvió a reforzar su presencia en futuros y usó también bonos atados al dólar para moderar la volatilidad. Esa intervención se hizo todavía más visible después de que el Tesoro inyectara $3 billones al mercado al no renovar toda la deuda de una licitación. Ahí apareció con claridad el objetivo oficial: aceptar que el tipo de cambio ya no puede quedar tan quieto como antes, pero sin permitir que la corrección se acelere y desordene expectativas.

En la City crece la idea de que el tipo de cambio todavía sigue bajo

Pero esa suba no cerró la discusión. Al contrario. En la City se consolida la idea de que, incluso después de junio, el dólar sigue bajo para una economía que perdió competitividad. Algunas referencias de mercado ya ubican una zona más razonable cerca de los $1.700, aunque con una advertencia clave: una corrección cambiaria no resuelve nada por sí sola si después se traslada a precios y vuelve a licuar el efecto real.

Ahí aparece otro problema de fondo. No alcanza con generar más divisas si una parte importante de esos dólares se va por ahorro, turismo o cobertura. Esa es la preocupación que volvió a colarse en el debate: el país puede mostrar exportaciones fuertes, energía, agro y Vaca Muerta empujando, pero si los privados siguen demandando dólares para atesorar o salir del peso, la tensión reaparece igual.

Por eso el Gobierno se movió. La señal no fue la de un dólar planchado, sino la de un dólar administrado. Economía parece aceptar un deslizamiento más visible del tipo de cambio, pero solo hasta el punto en que no se convierta en ruido financiero ni en una amenaza para la desinflación.

La morosidad récord muestra el límite de una corrección sobre una economía frágil

El problema es que esta discusión financiera no ocurre en el vacío. En mayo, la morosidad de las familias trepó a un récord de 12,7% y ya son 19 meses seguidos de suba. En las entidades no financieras, que concentran buena parte del crédito más riesgoso, el nivel saltó a 32,2%. Y entre los menores de 35 años, casi cuatro de cada diez con crédito vigente ya tienen al menos un préstamo irregular.

Ese dato baja la discusión del mercado a la economía real. El dólar puede seguir corrigiéndose, sí, pero lo hace sobre una sociedad con menos margen. Más del 27% de quienes tomaron préstamos dejaron de ser sujetos de crédito y quedaron fuera del sistema financiero formal. Eso achica consumo, encarece el financiamiento y vuelve más delicada cualquier decisión de política cambiaria.

Ahí aparece el límite más concreto de esta etapa. El mercado discute si el dólar todavía está atrasado, pero el bolsillo ya muestra que cualquier corrección llega sobre una economía mucho más frágil. Ese es el equilibrio que el Gobierno va a tener que administrar en el segundo semestre: dejar que el dólar recupere algo de terreno sin que esa corrección se transforme en otro golpe para familias que ya vienen llegando al límite.