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Julio empezó con subas en tarifas y transporte, mientras el Gobierno busca que el dólar se acomode sin sumar otro golpe a precios
Por Julieta Rico
FINANZAS - 01 de Julio, 2026

Julio empezó con una cuenta más pesada para las familias. Desde hoy suben el transporte, las prepagas, los alquileres, la luz, el gas, el agua y también los impuestos a los combustibles. El mes arranca con más presión sobre gastos que ya no se pueden esquivar y eso le pone un piso más exigente al bolsillo justo en el comienzo del segundo semestre.

Ese arranque ayuda a entender mejor que nada por qué el Gobierno está mirando el dólar con tanta atención. Después de varios meses de relativa calma, el tipo de cambio oficial cerró junio con una suba de 5,2%, bastante más rápida que la inflación esperada para el mes. En el mercado leen que el objetivo oficial ya no es volver a dejarlo completamente quieto, sino evitar que ese movimiento se traslade demasiado rápido a precios en un mes que ya arrancó cargado de aumentos.

Julio empezó con más presión sobre gastos que ya no se pueden esquivar

La lista de subas de este mes no es menor. El transporte público volvió a aumentar, las prepagas aplican nuevos ajustes, los alquileres arrancan julio con otra actualización y también suben la electricidad, el gas y el agua. A eso se suma la oficialización del aumento de impuestos a los combustibles, una decisión que vuelve a poner presión sobre un costo que después suele filtrarse al resto de la economía.

Ese combo importa porque se concentra en rubros muy sensibles y poco postergables. No se trata de gastos discrecionales ni de consumos que una familia pueda patear demasiado. Son servicios esenciales, vivienda, salud, movilidad y energía. Por eso, aunque la inflación haya desacelerado, el comienzo de julio se siente igualmente más pesado en la economía cotidiana.

El Gobierno deja que el dólar se acomode, pero no quiere que se desordene

Sobre ese arranque más caro, el Gobierno empezó a administrar otra variable delicada: el dólar. El oficial ya tocó su nivel más alto del año y el Banco Central viene interviniendo para que la suba no se acelere. La señal que dejó junio es bastante clara: Economía acepta que el tipo de cambio se mueva más que antes, pero no quiere que esa corrección se convierta en ruido financiero ni en una amenaza para la desaceleración de los precios.

Por eso el Central compró menos divisas durante junio y reforzó su presencia en futuros y en instrumentos atados al dólar. La idea no parece ser congelar la cotización, sino dejar que refleje un escenario de menor oferta estacional y mayor demanda privada, pero con un freno que evite una dinámica más brusca. En otras palabras, el Gobierno ya no está defendiendo un dólar inmóvil, sino un dólar administrado.

La City ya mira un segundo semestre con dólar más alto y tasas más exigentes

Ahí aparece la discusión que abre este segundo semestre. En la City creen que el tipo de cambio va a seguir subiendo de manera gradual y lo ven más cerca de la zona de 1.650 o 1.670 pesos hacia fin de año. No aparece, por ahora, un escenario de crisis cambiaria. Sí una etapa menos cómoda, con menos oferta de divisas del agro, más demanda por turismo, energía y cobertura, y un Banco Central obligado a administrar mejor cada movimiento.

El problema es cómo sostener esa corrección sin sobresaltos. Para evitar que el dólar corra demasiado rápido, el Gobierno probablemente tenga que aceptar tasas más altas o más intervención en el mercado. Esa es la disyuntiva que ya empezó a instalarse entre analistas e inversores: dólar o tasa. Si seca más la plaza de pesos, suben los rendimientos y se enfría el crédito. Si deja correr más al tipo de cambio, arriesga más presión sobre precios en un mes que ya viene recargado.

La pregunta, entonces, no es solo hasta dónde va a llegar el dólar. La pregunta es cuánto más puede seguir ajustando la economía sin que ese intento de cuidar la estabilidad termine chocando otra vez con el bolsillo. Ese es el equilibrio que el Gobierno empieza a jugar en julio: administrar un dólar más inquieto justo cuando los gastos fijos ya volvieron a subir.

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