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Familias ya destinan 30% de sus ingresos a pagar deudas y la morosidad récord amenaza al plan Caputo

El nivel de mora en créditos y tarjetas alcanza un récord, mientras sube el peso de cuotas y ahoga la capacidad financiera de los hogares
Por Claudio Zlotnik
FINANZAS - 17 de Julio, 2026

El Gobierno apuesta a que el crédito para el consumo de las familias vuelva a funcionar como uno de los motores de la recuperación económica, pero existe una traba en esa intención que llevará tiempo solucionar.

El dato concreto es que las familias argentinas ya destinan alrededor del 30% de su masa de ingresos al pago de cuotas de créditos tomados en los últimos dos años. Se trata de un nivel récord, en un contexto de alza permanente de la morosidad.

El registro no sólo refleja un fuerte aumento del endeudamiento sino que, además, anticipa que el margen para seguir tomando nuevos préstamos sigue estrechándose.

La conclusión adquiere todavía mayor relevancia porque coincide con otro fenómeno que ya preocupa tanto al Gobierno como a los financistas: la morosidad de los créditos a las familias trepó al peor nivel de los últimos 20 años.

El deterioro ya no está concentrado únicamente en los bancos sino también en los créditos otorgados por financieras, fintechs y cadenas de electrodomésticos, donde la situación es todavía más delicada.

Por qué la inflación baja complica el pago de deudas

La dinámica actual tiene que ver con los años de inflación muy elevada, donde la deuda de las familias se licuaba rápidamente. La inflación terminaba reduciendo, en términos reales, el peso de las cuotas.

Ahora sucede exactamente lo contrario.

Con una inflación que va a un ritmo del 30% interanual pero con tasas de interés reales fuertemente positivas, las cuotas dejaron de licuarse y comenzaron a representar una porción cada vez mayor del presupuesto familiar.

Según la consultora Eco Go, la tasa real (por encima de la inflación) promedio de los créditos al consumo ronda el 58%, un nivel muy superior al observado durante el período inflacionario.

Esa combinación explica buena parte del deterioro.

Marina Dal Poggetto y Sebastián Menescaldi, autores del reporte, sostienen que la carga financiera —es decir, la relación entre el servicio mensual de la deuda y los ingresos— se convirtió en el principal determinante del riesgo de incumplimiento.

De hecho, encuentran una correlación extremadamente elevada entre ambas variables: cuando aumenta el peso de las cuotas, unos siete meses después aumenta el nivel de la mora.

El límite que enfrenta la estrategia económica

El crédito venía creciendo a tasas muy superiores a la evolución del consumo. Hubo meses del año 2024 donde el crédito para el consumo se expandió a un ritmo del 10% (real) mensual.

Sin embargo, a medida que las familias destinaron una porción creciente de sus ingresos al pago de obligaciones ya asumidas, fue disminuyendo el espacio para seguir incorporando nuevas cuotas.

En otras palabras, el propio éxito inicial de la expansión crediticia empezó a convertirse en un límite para su continuidad.

El informe de Eco Go identifica otro dato preocupante:

  • El 71% del incremento de la carga financiera se explica por el fuerte crecimiento del volumen de crédito
  • El 29% restante responde al acortamiento de los plazos, que obliga a pagar cuotas mensuales más elevadas

Uno de cada tres pesos se va en pagar deudas

El fenómeno resulta todavía más evidente cuando se incorpora el universo del crédito no bancario.

Mientras el Banco Central calcula una carga financiera cercana al 22% utilizando exclusivamente el financiamiento bancario, Eco Go estima que al sumar financieras, proveedores de crédito y otras entidades no bancarias, ese porcentaje escala hasta 30%, es decir 7,7 puntos adicionales.

Dicho de otra manera: uno de cada tres pesos que ingresan a los hogares se destinan a pagos de créditos. En este contexto de ahogo financiero, la morosidad se disparó.

La irregularidad del crédito no bancario ya alcanza aproximadamente 29%, más del doble que la observada en los bancos, y eleva la mora consolidada de las familias hasta el 15%.

Incluso, el informe detecta un cambio de comportamiento que suele aparecer cuando comienzan las restricciones financieras.

Muchos clientes que originalmente se financiaban únicamente en bancos terminaron recurriendo también al crédito no bancario.

En ese grupo, la morosidad prácticamente se duplicó: pasó del 10,8% al 21,6%, muy por encima de quienes permanecieron exclusivamente dentro del sistema bancario.

Los jóvenes, los más afectados por la mora

Los jóvenes de hasta 24 años aparecen como el segmento con mayores niveles de endeudamiento.

Un 38% de los jóvenes de esa edad se encuentra en situación de mora, en su mayoría con billeteras digitales.

Paradójicamente, el informe sostiene que el actual escenario constituye la imagen inversa de la crisis de 2018-2019.

En aquel momento la inflación elevada licuaba rápidamente las deudas de las familias y el mayor problema estaba concentrado en las empresas.

Hoy ocurre exactamente al revés: la desinflación fortaleció el poder de compra de los salarios, pero también volvió mucho más pesada la carga financiera de los hogares, desplazando el epicentro del riesgo hacia el consumo.

Qué proyectan los analistas para los próximos años

De acuerdo a las proyecciones de Eco Go, es muy complicado que el problema desaparezca en el corto plazo.

Sus proyecciones muestran que, aun bajo escenarios relativamente optimistas, la morosidad seguirá en niveles históricamente elevados durante los próximos dos años.

Para el Gobierno, el desafío consiste ahora en evitar que el crecimiento del crédito termine chocando contra su propio límite.

Porque si una parte cada vez mayor del ingreso familiar queda absorbida por el pago de cuotas, el impulso que el financiamiento venía aportando al consumo podría comenzar a perder fuerza justamente cuando la Casa Rosada más necesita consolidar la recuperación económica.

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