DÓLARES DORMIDOS

La última apuesta de Milei para reactivar la economía antes de la campaña sin tener que emitir

El desafío del Gobierno, de cara al año electoral, es que una mayor disponibilidad de dinero vuelva a transformarse en préstamos para empresas y familias
Por Claudio Zlotnik
FINANZAS - 21 de Julio, 2026

El resultado en la final del Mundial no fue el esperado, pero la Casa Rosada no va a cambiar los planes por eso.

Javier Milei proseguirá con el plan diseñado tras la salida de Manuel Adorni del Gobierno.

En aquel momento hubo un relanzamiento del oficialismo, con modificaciones claves en la cúpula del poder, y que incluyó la decisión de enviar al Congreso proyectos de leyes que Milei considera prioritarias para lo que viene: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y una nueva versión de blanqueo fiscal, para atraer a los dólares que los argentinos tienen guardados "bajo el colchón".

A 15 meses de las presidenciales, donde el Presidente irá por su reelección, el Gobierno enfrenta un desafío completamente distinto al que tenía cuando llegó al poder: la discusión ya no pasa solamente por seguir bajando la inflación o sostener el equilibrio fiscal.

La nueva etapa del plan económico apunta a algo bastante más complejo: conseguir que la estabilidad cambiaria y de los precios empiece a transformarse en crédito, consumo, inversión y crecimiento.

En otras palabras, que la mejora de las variables financieras llegue finalmente a la economía real.

La discusión se da en medio del golpe sobre los ingresos de las familias y la caída del consumo masivo. Según el Indec, los salarios registrados tuvieron un alza de 1,8% frente a una inflación de 2,1% en mayo.

La era post Mundial: bienvenida campaña

Hasta ahora, la gestión de La Libertad Avanza logró ordenar buena parte de los desequilibrios heredados.

El equilibrio de las cuentas públicas es un hecho, la emisión monetaria también se ordenó, la inflación volvió a desacelerarse en los últimos meses y el Banco Central recuperó capacidad para acumular reservas.

Pero ese proceso tuvo un costo que se hizo sentir y perdura hoy mismo, a dos años y medio del inicio del mandato presidencial.

La prioridad absoluta fue estabilizar. No expandir la actividad. Se suponía que eso iba a quedar para una segunda instancia. Que hasta ahora no se evidenció.

Por eso, buena parte del esfuerzo oficial estuvo orientado a retirar pesos de circulación para evitar que la recuperación de la liquidez terminara alimentando una nueva ola inflacionaria.

El resultado fue una economía mucho más ordenada desde el punto de vista macroeconómico, aunque todavía con un mercado interno que sigue estancado. E incluso con caídas que aún no encontraron el piso, como ocurre con varios nichos industriales.

Ahora la apuesta empieza a cambiar.

El desafío del Gobierno, ya de cara al año electoral, consiste en permitir que una mayor disponibilidad de dinero vuelva a transformarse en préstamos para empresas y familias, sin poner en riesgo la estabilidad.

Cuál es el plan de Milei para reactivar la economía sin emitir

No se trata de volver a emitir pesos para financiar gasto público. Distintos economistas, como Carlos Melconian, sugieren que el Gobierno debería aprovechar la compra de divisas que realiza el Banco Central para generar una expansión monetaria compatible con una inflación en descenso.

En esa lógica, la acumulación de reservas deja de ser un objetivo exclusivamente financiero.

Pasa a convertirse en una herramienta para alimentar el crédito.

Si una parte de los pesos que nacen cuando el Banco Central compra dólares permanece circulando dentro del sistema financiero, aumentan las posibilidades de que crezcan los préstamos hipotecarios, prendarios, personales y para capital de trabajo.

Por ahora, Economía se muestra renuente a ese mecanismo: en la última licitación de deuda en pesos volvió a absorber pesos para que no quede liquidez dando vuelta en la economía.

Por ahora, la estrategia oficial pareciera correrse hacia más adelante. La lógica va más por el lado de que se afiance la dinámica de la desinflación.

Si eso fuera así, entonces los ingresos disponibles de los asalariados podrían destinarse a un mayor consumo.

En simultáneo, la baja de la inflación abriría las puertas a un descenso de las tasas de interés de los créditos, aun en un escenario de elevada morosidad. Con una inflación cada vez más baja, el crédito vuelve a ser una herramienta atractiva tanto para quienes necesitan financiar inversiones como para las familias que buscan adelantar consumos.

Y cuanto mayor sea el volumen de préstamos, mayor será también el impulso sobre la demanda interna.

La entrada de capitales, la otra vía

En paralelo, el Gobierno apuesta a que continúe mejorando el acceso al financiamiento externo.

La reducción del riesgo país, sumada a las mejoras recientes en la calificación crediticia de la Argentina, abre la posibilidad de refinanciar vencimientos de deuda en condiciones más favorables y disminuir la presión sobre las reservas internacionales.

Ese cambio resulta especialmente importante pensando en los fuertes compromisos financieros que deberá afrontar el país en 2027. Si el Tesoro consigue acceder a un refinanciamiento más barato, el Banco Central podrá preservar reservas.

Al mismo tiempo, empezarían a aparecer señales positivas del lado de la inversión privada.

Los grandes proyectos vinculados con energía, minería y litio prometen un ingreso creciente de dólares durante los próximos años, reforzando la capacidad exportadora del país.

Entrada de dólares: doble efecto

El ingreso de divisas genuinas serviría para sostener la estabilidad cambiaria.

Además, abriría espacio para una expansión de la actividad sin que aparezca inmediatamente la tradicional restricción externa que históricamente frenó los ciclos de crecimiento argentinos.

Sin embargo, el escenario dista de estar completamente despejado.

La consolidación del proceso dependerá de que continúe la disciplina fiscal, siga descendiendo el riesgo país y avance la reducción de impuestos que todavía afectan la competitividad de numerosos sectores.

También será determinante que el sistema financiero gane profundidad y que el crédito continúe creciendo sin deteriorar la calidad de las carteras.

En definitiva, el Gobierno parece haber dejado atrás la etapa más urgente de su programa económico.

La primera fase consistió en apagar el incendio macroeconómico.

La segunda exige algo bastante más difícil: demostrar que la estabilidad puede convertirse en crecimiento sostenido.

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