Pix, el sistema de pagos que creó Brasil, enfrenta a Lula con Trump y pone presión sobre Visa y Mastercard
La disputa entre Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva por el futuro de Pix tiene una particularidad que la vuelve especialmente relevante para los argentinos: el sistema de pagos brasileño ya cruzó la frontera y se convirtió en una herramienta cada vez más utilizada por quienes viajan a Brasil.
Durante el verano de 2026, el uso de Pix entre turistas argentinos creció con fuerza. Un relevamiento mostró que el 61% de los argentinos que viajaron a Brasil utilizó Pix para pagar, por encima del efectivo, con 49%, y de las tarjetas, con 45,7%. Entre quienes ya lo utilizaban, ocho de cada diez lo aplicaban para al menos la mitad de sus consumos.
Este vertiginoso crecimiento sin duda afectó a los dos colosos de los pagos digitales, es decir Visa y Mastercard, y llevó a que Estados Unidos acusó a Brasil de favorecer su sistema nacional de pagos y aplicó medidas comerciales. Pero Lula respondió que Pix no se negocia y todo desembocó en una batalla global por este negocio.
La guerra por Pix está lejos de terminar. Lo que comenzó como una revolución en la forma de pagar en Brasil terminó convirtiéndose en un conflicto político, comercial y tecnológico entre dos de las mayores economías del continente.
De un lado está Donald Trump y la presión de Estados Unidos para que Brasil modifique las condiciones en las que funciona Pix y, del otro, Luiz Inácio Lula da Silva, que decidió transformar su defensa en una cuestión de soberanía nacional. Y en el medio aparecen dos gigantes que, aunque no son protagonistas directos de la pelea política, tienen mucho para perder si el modelo brasileño sigue avanzando: Visa y Mastercard.
Por qué Pix enciende las alarmas de las grandes redes de pagos
Cuando un consumidor realiza una compra con una tarjeta de crédito o débito interviene una extensa cadena de actores:
- El banco que emitió la tarjeta
- La entidad que procesa la operación
- La empresa que trabaja con el comercio
- La red que conecta a las distintas partes, como Visa o Mastercard
Cada transacción genera ingresos dentro de esa estructura.
Pix propone un mecanismo diferente: el usuario puede escanear un código QR o utilizar una identificación digital para enviar dinero directamente desde su cuenta o billetera hacia la cuenta del vendedor, con una estructura de costos distinta y prácticamente en forma inmediata.
El sistema fue creado por el Banco Central de Brasil y comenzó a funcionar en noviembre de 2020. Desde entonces, su crecimiento fue explosivo y se transformó en una de las principales formas de pago del país. De hecho, Reuters informó que Pix alcanzó alrededor de 170 millones de usuarios y representa más de la mitad de las transacciones de pago realizadas en Brasil. El dato permite entender por qué el tema dejó de ser una cuestión exclusivamente brasileña.
Brasil es uno de los mayores mercados de consumo y servicios financieros de América Latina. Si millones de consumidores empiezan a utilizar transferencias instantáneas para reemplazar una parte de sus pagos con tarjeta, las grandes redes internacionales inevitablemente pierden una porción de esas operaciones.
Eso no significa que Visa y Mastercard vayan a desaparecer, ya que las tarjetas siguen siendo fundamentales para:
- Acceder al crédito
- Financiar compras
- Pagar en cuotas
- Realizar operaciones internacionales
Pero Pix puede quedarse con una parte creciente de las transacciones cotidianas, como por ejemplo el pago en un restaurante, una compra en un supermercado, un viaje, una operación en un pequeño comercio o el pago de un servicio. Son millones de transacciones pequeñas que, multiplicadas por el tamaño de la economía brasileña, representan un negocio gigantesco.
Por eso, el problema para Visa y Mastercard es que Pix puede dejar fuera de la operación, total o parcialmente, a la infraestructura tradicional y a las comisiones asociadas a ese sistema. Por lo tanto, no amenaza a las grandes redes porque sea una billetera más: las desafía porque propone otra infraestructura para mover dinero.
El verdadero temor es que Pix se expanda por el mundo a partir de acuerdos de cooperación y mecanismos de interoperabilidad con decenas de países, pues el sistema despertó interés internacional por su velocidad, bajo costo y por haber sido desarrollado como una infraestructura pública.
Durante décadas, buena parte del negocio mundial de pagos electrónicos estuvo dominado por grandes compañías privadas, pero Pix demuestra que un Estado puede construir una infraestructura propia y lograr una adopción masiva. Este modelo podría inspirar a otros gobiernos y, si los pagos instantáneos se convierten en una red internacional, la amenaza para el negocio tradicional puede ser mucho mayor que la pérdida de algunas operaciones en Brasil.
La ofensiva de Trump: investigación y aranceles contra Brasil
La administración de Donald Trump decidió llevar el conflicto mucho más lejos que una simple crítica, ya que abrió una investigación contra Brasil bajo la denominada Sección 301 de su legislación comercial. Este mecanismo permite investigar prácticas de otros países consideradas discriminatorias o perjudiciales para los intereses comerciales estadounidenses.
Entre los temas analizados aparecieron expresamente el comercio digital y los servicios de pagos electrónicos. En tal sentido, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, conocida como USTR, cuestionó determinadas prácticas brasileñas y señaló que el país favorecía a su denominado "campeón nacional", Pix, frente a empresas estadounidenses que compiten en el mercado de pagos electrónicos.
El argumento central de Washington está relacionado con el doble papel del Banco Central de Brasil: por un lado, regula el sistema financiero y, por el otro, creó y opera Pix, lo cual para Estados Unidos puede generar ventajas para el sistema estatal frente a empresas privadas.
Si bien la administración Trump no planteó oficialmente que Brasil deba eliminar Pix, un funcionario fue explícito al respecto al señalar "No estamos pidiendo que Brasil elimine Pix". Su reclamo pasa por el hecho de que el sistema no debería recibir un trato especial simplemente porque es propiedad y está operado por el gobierno brasileño.
Para el gobierno de Lula, Pix es una infraestructura pública que redujo costos y facilitó el acceso de la población al sistema de pagos digitales. Sus autoridades consideran que Estados Unidos intenta presentar como competencia desleal el simple hecho de que un sistema público haya logrado quitar participación a los operadores tradicionales.
La disputa dejó de ser solamente tecnológica cuando Estados Unidos avanzó con medidas comerciales contra Brasil. Luego de la investigación, la administración Trump anunció nuevas acciones que incluyeron una tarifa adicional del 25% sobre determinados productos brasileños, aunque con excepciones para algunos bienes.
Si bien sería incorrecto decir que los aranceles fueron impuestos exclusivamente por Pix, ésta se convirtió en uno de los símbolos de la disputa, ya que por primera vez, un sistema de pagos utilizado diariamente por millones de personas quedó incluido dentro de una pelea que derivó en aranceles y negociaciones entre gobiernos.
La reacción de Lula fue inmediata
El presidente brasileño decidió defender a Pix como una cuestión de soberanía. Su argumento es que Brasil tiene derecho a desarrollar su propia infraestructura tecnológica y financiera sin aceptar que otro país determine cómo debe funcionar.
Lo curioso del caso es que esta situación tiene además una paradoja política, ya que Pix no fue creado por Lula, pues el sistema fue lanzado en 2020, durante la presidencia de Jair Bolsonaro. Sin embargo, el enfrentamiento con Trump terminó transformándolo en una bandera del actual gobierno brasileño.
La explicación es simple: Pix logró una popularidad que trasciende las divisiones políticas, ya que cualquier gobierno brasileño tendría enormes dificultades para aceptar una modificación que la población interprete como una imposición de Estados Unidos sobre uno de los sistemas de pago más utilizados del país.
Desde ya que Pix ya no es solamente un tema para técnicos del Banco Central, ejecutivos de bancos o empresas tecnológicas, ya que ahora forma parte de la agenda directa entre los presidentes de Brasil y Estados Unidos. Y detrás de esa pelea aparece una discusión todavía mayor, que gira en torno a la posibilidad de que un país cree y administre una infraestructura pública de pagos que compita con compañías privadas internacionales.
El futuro del dinero digital está en juego
Visa y Mastercard no son las únicas empresas que observan con atención el avance de Pix. Todo el ecosistema de intermediarios financieros tiene razones para preocuparse por el crecimiento de los pagos instantáneos, pero las dos grandes redes representan mejor que nadie el modelo que está siendo desafiado.
Durante décadas, pagar electrónicamente significó utilizar una tarjeta que viajaba por una red internacional, pero Pix plantea otra posibilidad: el dinero puede moverse directamente entre cuentas en cuestión de segundos, con menos intermediación, con costos potencialmente menores y mediante una infraestructura pública.
Las tarjetas seguirán teniendo ventajas importantes, especialmente en el crédito y las compras internacionales. Pero el avance de los pagos instantáneos obliga a replantear el negocio. En tal sentido, Brasil se convirtió en uno de los grandes laboratorios mundiales de esa transformación. Si Pix continúa creciendo y logra conectarse con sistemas de otros países, su impacto podría extenderse mucho más allá de las fronteras brasileñas.
Ese es probablemente el verdadero trasfondo de la reacción de Trump: no se trata solamente de las transacciones que Visa o Mastercard pueden perder hoy en Brasil, sino de qué puede pasar en el futuro cercano si el modelo de infraestructura pública se replica globalmente.
La guerra por Pix busca responder, en definitiva, a una pregunta mucho más importante: quién controlará la infraestructura por la que circulará el dinero en el futuro.